Leonardo Da Vinci en el Ducado de Milán

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Ludovico el Moro se convirtió en regente del Ducado de Milán, a la muerte de su hermano Galeazzo María Sforza en 1476 –a quien debería hacer sucedido su hijo primogénito Giovanni Galeazzo, menor de edad–, con maniobras poco claras.

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Leonardo ofreció sus servicios al regente en el Códice Atlánticus, otorgando prioridad al arte de la guerra sólo para conformar al belicoso noble. Se presentaba como ingeniero militar capaz de construir máquinas bélicas, mientras en tiempos de paz podría realizar trabajos de arquitectura, construcción de edificios y conducción de aguas. Al final citaba su calidad de pintor y de escultor, proponiendo realizar un caballo de bronce para honrar la memoria de Francesco Sforza y su ilustre casa.

Ludovico el Moro acogió favorablemente las propuestas de Leonardo, quien se trasladó a Milán hacia 1482, aceptando recibir 500 escudos anuales, siendo investido de privilegios e inmunidades, permitiéndosele adueñarse del producto de sus pinturas si no eran ordenadas por sus mandantes. Lo acompañaban Atalante Miglioretti, músico y ayudante en trabajos edilicios, y Zoroastro de Peretola, pintor, orfebre y encargado de moler colores. En Milán, Leonardo tomó como discípulo a Salai, quien le encantaba por sus cabellos rizados.

Leonardo: Máquinas de guerra y mecanismos

Para Leonardo el concepto es esquema, por eso todas sus observaciones teóricas van acompañadas de dibujos. El dibujo era su lenguaje, su mejor medio de expresión, permitiéndole lograr una síntesis.

Numerosos dibujos de Leonardo testimonian su interés por el arte militar. Hizo pocos aportes en el campo del armamento, limitándose a proponer materiales utilizados o inventados por colegas. Además, los carros de asalto, máquinas para escalamiento de muros y naves guarnecidas de espolones provenían de modelos existentes desde la antigüedad greco-romana, puestos de moda gracias al clima de redescubrimiento renacentista.

Los trabajos de Leonardo en lo relativo a fortificaciones, fueron más bien reparaciones y modificaciones que nuevas construcciones. Tenía tendencia a reducir el muro y las pendientes, trazando bastiones adaptados a la evolución de la artillería.

Multiplicó los proyectos de aparatos ingeniosos diseñados por combinación de mecanismos cuyo modelo ofrecía la naturaleza. Algunos de sus aparatos son realizables y funcionales, porque poseía gran intuición para las máquinas, aunque muchas de las propuestas fueron concebidas anteriormente. Fue un prodigioso experto en engranajes y mecanismos, combinándolos en sorprendentes máquinas.

Leonardo dibuja muchas máquinas de elevación de agua –como la cóclea o el tornillo de Arquímedes–, proponiendo mejoras significativas. También estudia la industria textil lombarda, tanto en hilado como en tejeduría. En un diseño proyecta el funcionamiento de un telar completamente automático, anticipando modelos de la Revolución Industrial.

Ludovico deseaba formar una academia con hombres doctos y artistas, que se comunicaran reciprocamente sus conocimientos y progresos. Tal academia existió cuando Leonardo le dio su nombre, convirtiéndolo en fundador y director de la misma, siendo llamada “Academia Leonardi Vinci”.

Estatua ecuestre de Francesco Sforza

La idea de construir un monumento ecuestre en memoria de Francesco Sforza era del duque Galeazzo María, y después de su muerte, fue patrocinado por Ludovico, asumiéndolo Leonardo, quien realizó innumerables diseños preparatorios revelando dificultad en su realización.

En abril de 1490, Leonardo volvería al tipo tradicional de caballo en marcha. En 1493 construyó un modelo de yeso, proponiendo erigir un caballo de bronce de proporciones colosales, con el duque montando en él. Aquellos que vieron el gran modelo en barro, aseguran que jamás contemplaron nada más soberbio aunque era irrealizable. El modelo se conservó hasta que los franceses llegaron a Milán, y lo hicieron pedazos.

El fresco de La Última Cena

Mejor concreción tuvo el fresco del refectorio de la iglesia de Santa María de las Gracias, comenzado en 1495 por pedido de Ludovico el Moro. La pintura ocupa toda la pared del refectorio. Leonardo pintó una Última Cena grandiosa, infundiendo a la cabeza de los apóstoles gran majestad y belleza, aunque dejó la de Cristo sin terminar, sintiendo que no podía darle la celestial divinidad que ésta requería. Todos los rostros expresan el amor, el temor, la ira o el pesar, en contraste con la obstinación, el odio y la traición de Judas.

Matteo Bandello proporciona en su novela LVII, en misiva dirigida a Ginebra Rangona de Gonzaga, valioso testimonio de cómo trabajaba Leonardo: “…yo muchas veces lo he visto (…) desde la salida del sol hasta la oscuridad de la tarde, no quitarse nunca el pincel de la mano, olvidándose de comer y beber, pintando de continuo. Habrían pasado después dos, tres y cuatro días en los que no metía mano (…) También lo he visto (…) partir a medio día, cuando el sol está en máxima, (…) tomar el pincel y una o dos pinceladas dar a una de esas figuras, y luego partir e irse a otra parte”. 

Fiestas y agasajos

Cuidado y halagado por todos en Milán, Leonardo entró de lleno en los placeres de esa corte regia, haciendo rápidos progresos en la confianza de Ludovico al adular sus deseos y compartir sus entretenimientos. Por turnos fue poeta, pintor, músico,  siempre cortesano consumado, ganando completamente el favor del duque, quien fue mecenas regio. Era un gran amante del placer y Da Vinci siempre estaba listo para cautivarlo asistiendo a sus consejos y adornando la ciudad con edificios públicos, pintando sus amantes y divertiendo sus horas de ocio con música y poesía. Por su encargo realizó retratos de sus hermosas amantes Cecilia Gallerani y Lucrezia Crivelli, aduladas por los poetas.

En 1489, llegado Gian Galeazzo a sus 20 años, pensó Ludovico darle esposa, y envió un cortejo de 400 personas espléndidamente vestidas a Napoles para casarlo con Isabel de Aragón. La boda en Milán fue organizada por Leonardo quien inventó una máquina representando el cielo con los planetas: cada planeta tenía un actor representando una deidad, recitando versos del poeta Belincionni. 

También el casamiento de Ludovico con Beatriz d’Este, hija del duque de Ferrara, y conjuntamente, el de Ana Sforza y Alfonso I de Este, fueron grandiosamente festejados con agasajos de Leonardo en 1491.

Autor: Lic. José Óscar Frigerio para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

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