Las mujeres y la Revolución francesa

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Las mujeres participaron activamente en la Revolución Francesa de 1789. Puesto que carecían de derecho a voto, no tuvieron representación en la Asamblea Nacional ni más tarde en la Convención, pero formaron parte de clubs patrióticos y otras asociaciones.

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En París y, en menor grado, en otras ciudades, salieron muchas veces a las calles de los faubourgs, y no siempre para pedir pan. También tomaron parte en manifestaciones no relacionadas con la crisis de subsistencias que padecía Francia. La mayor parte de aquellas mujeres pertenecía naturalmente al pueblo bajo.

Las mujeres y la Revolución francesa

De hecho, las mujeres francesas ya estuvieron presentes en algunos sucesos tumultuosos ocurridos en la vigilia de la Revolución.  En Grenoble participaron en la llamada jornada de las tejas (7 de junio de 1788), durante la cual muchas mujeres subieron a los tejados de la ciudad y arrojaron tejas a las tropas reales. Sin embargo, donde más se hizo notar la presencia femenina fue en París. Solo entre el 18 de agosto y el 23 de septiembre de 1789 hubo unas treinta manifestaciones de mujeres en la ciudad del Sena.

El 14 de julio de 1789 cientos de parisinas participaron en la toma de la Bastilla. Más tarde, el 5 de octubre, una multitud de mujeres se dirigieron a Versalles, donde se había refugiado la familia real. La mayoría iba armada de armas: sables, picas, hoces, hachas, cuchillos, fusiles con bayonetas… Una vez en el palacio, pidieron pan e instaron al monarca a firmar los decretos votados por la Asamblea Nacional la noche del 4 de agosto que abolían los privilegios de la nobleza.

Como puede verse en algunas ilustraciones de la época, muchas mujeres participaron también en escenas de pillaje y asistieron a ejecuciones públicas. Mientras esperaban que cayera la guillotina y cortara la cabeza de algún condenado, aprovechaban el tiempo para hacer punto a mano. Eran las tricoteuses.

Sin embargo, en los libros de historia cuesta encontrar nombres femeninos relacionados con aquel trascendental evento histórico que fue la Revolución Francesa. Claire Lacombe, Madame Rolland, Anne-Josèphe Théroigne, Charlotte Corday y Olympe de Gouges son los más mencionados. Menos Charlotte Corday, que mató a Marat, las demás estaban más o menos implicadas en la revolución.

Claire Lacombe frecuentaba uno de los clubs más famosos, el de los Cordeliers. El 25 de julio de 1792 pronunció un breve discurso en la Asamblea Nacional. Participó en el asalto al palacio de las Tullerías. Con Pauline Leon fundó la Sociedad de las Republicanas Revolucionarias en mayo de 1793. A-J Théroigne fu una destacada feminista. En cuanto a Mme. Rolland, se la recuerda sobre todo por una célebre frase

¡Oh, libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!

– que pronunció cuando subió al cadalso y que algunos historiadores han cuestionado.

Algunas de aquellas mujeres eran feministas en una época en que la palabra feminismo aún no se había acuñado. La más conocida es Olympe de Gouges, nacida en 1748 en Montauban. Tuvo una educación muy elemental; aprendió a leer, escribir y poco más. A lo largo de su vida se quejó más de una vez de que sus padres no le hubieran dado una formación más rica, de no poseer una cultura más amplia. Si era así, era por su condición de mujer, no por sus limitaciones intelectuales.

Cuando tenía dieciséis años, el padre de Marie (así se llamaba de nacimiento) arregló su matrimonio con un hombre mayor. Aquella imposición fue la primera experiencia dolorosa que sufrió Olympe como mujer. Poco después de traer un hijo al mundo enviudó. Aunque no le faltaron pretendientes, no volvió a casarse. Puesto que la ley francesa prohibía a las mujeres publicar obras escritas sin el consentimiento de sus maridos, Marie gozó de libertad para publicar.

La provinciana ciudad donde nació pronto le quedó pequeña a la joven. Entonces se trasladó a Paris, donde convivió con un oficial de la marina. Aquel amancebamiento le permitió no tener que preocuparse por su sustento y el de su hijo. En París, Marie se presentó en sociedad con un nuevo nombre, Olympe de Gouges. Tenía la cabeza llena de ideas y proyectos y la ciudad del Sena era el lugar idóneo para una persona con inquietudes intelectuales como ella.

En los diez años anteriores a su muerte Olympe escribió una veintena de obras teatrales. La mayor parte de ellas trataban sobre temas de la actualidad política, cosa rara en una mujer. O bien sobre temas polémicos, como la esclavitud, que Olympe condenaba. Antes de la supresión de la censura, en 1789, algunas obras le causaron problemas. Estuvo a un paso de ser encerrada en la Bastilla.

Más tarde, Olympe escribió ensayos y combatió con la pluma en otro frente: el de la igualdad entre hombres y mujeres, un tema ya tratado por algunos ilustrados franceses. Fruto de aquella lucha fue la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, publicada el año 1791 y dirigida a María Antonieta, la reina. Un documento que no gustó al mundo masculino ni a buena parte del femenino. En aquel texto Olympe defendía el derecho de la mujer al voto, a poseer propiedades, a ocupar cargos políticos, a poder subir a la tribuna de los oradores puesto que podía subir al patíbulo…

Olympe de Gouges también postuló la instauración del divorcio (que los girondinos hicieron realidad), la sustitución del matrimonio religioso por el civil, la abolición de la pena de muerte en una época en que se guillotinaban decenas de personas cada día, entre las cuales los monarcas. Se interesó también por las minorías, los marginados.

Aunque desde un punto de vista político Olympe de Gouges era moderada, sus detractores creían que había ido demasiado lejos en algunas de sus demandas. A los políticos que habían hecho la revolución las reivindicaciones de género no les interesaban mucho, por no decir nada. Sus objetivos eran otros.

En el momento álgido de la revolución Marat, Robespierre y otros dirigentes jacobinos se llenaban la boca con la palabra libertad. Pero la inmensa mayoría de las mujeres francesas no gozaban de ninguna libertad.  En aquellos momentos convulsos Olympe corrió el riesgo de publicar Las Tres Urnas, en que defendía el derecho del pueblo a escoger entre monarquía, república o un gobierno federal. El Tribunal Revolucionario, que tenía sus ojos puestos en ella – Olympe era girondina, se había opuesto a la ejecución de Luis XVI y María Antonieta, había escrito que Marat era un caníbal y Robespierre un criminal – la acusó de ser una contra-revolucionaria.

Olympe pagó su osadía con la vida. El 3 de noviembre de 1793 fue guillotinada en la plaza de la Revolución. Aquella lúcida y valiente mujer se avanzó tanto a su tiempo en la demanda de derechos para la mujer que no solo fue incómoda para los defensores del antiguo régimen; lo fue incluso para los revolucionarios más radicales. La revolución se había hecho para los hombres, no para las mujeres

Durante mucho tiempo Olympe fue menospreciada, calumniada. Un célebre doctor francés dijo que era una histérica. Por su parte, algunos eclesiásticos y beatos dijeron que era una prostituta (o, para decirlo con más finura, una cortesana). El año 2013, Anne Hidalgo, candidata socialista a la alcaldía de París, propuso el traslado de sus restos mortales al Panteón. Según Hidalgo, Olympe de Gouges es una referencia en la historia de Francia. Por el momento, los restos de aquella heroína yacen aún en una fosa común. El Panteón de París acoge los restos de 72 personajes ilustres. Solo cuatro son mujeres.

Autor: Josep Torroella Prats para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

Guillermo Díaz Plaja: A la sombra de la guillotina. Planeta, 1996.

Olivier Blanc. Olympe de Gouges. Éditions Syros, 1981.

Marie Paule Duhet: Les femmes et la révolution, 1789-1794. Gallimard, 1979.