La Primera República (1873-1874)
La Primera República es uno de tantos capítulos de nuestra dilatada historia de guerras y enfrentamientos, culmen del llamado “sexenio revolucionario”, iniciado unos años antes, en 1868. Consta, en realidad, de dos tiempos muy nítidos, cada uno de ellos poco inferior a un año. El primero, la República propiamente dicha, entre el 11 de febrero y el 3 de enero de 1874, cuando el sablazo del capitán de Madrid acabe con semejante dislate parlamentario.
A partir de ese momento, comienza la segunda parte del susodicho periodo, siendo uno de los momentos más rocambolescos en toda la historia de España, que coincide con el año 1874, y que bajo la jefatura del general Serrano, duque de la Torre, en realidad se prolonga la República sin declaraciones expresas ni pro ni contra, siendo zanjado a fines de ese mismo año por el general Martínez Campos en Sagunto, con el que se inaugura la inauguración merced a la entronización del monarca Alfonso XII.
La Primera República
Bajo la presidencia de Pi, la unidad nacional se va, poco a poco, desgarrando. Los cantones pudieron ser reprimidos con suma facilidad por las autoridades, pero Pi y Margall se negó. Aquella erupción de entidades autónomas, al contrario de lo que se pueda pensar, no contradecía su visión de la nación sino que la reafirmaba. Se declaran las repúblicas independientes de Cataluña, Málaga, Cádiz, Sevilla, Granada, Valencia, Castellón…Para más inri, la de Granada declara la guerra a la de Jaén, la de Jumilla amenaza a todas las naciones vecinas, incluso a la murciana. Un pequeño pueblo junto a la raya de Toledo y Ciudad Real, Camuñas, se declara independiente y soberano. Sin duda, el cantón más tenaz fue el de Cartagena, donde el caudillo huertano Antonete Gálvez se apoderó de la plaza y de la escuadra, ordenó desde el puente de la Numancia el abordaje de las naves leales al gobierno- “¡a toa máquina!” y encabezó una marcha sobre Madrid que logró llegar hasta las puertas de Albacete, en Chinchilla.
La reacción de la República fue mantenerse en medio del desmoronamiento nacional y de una ofensiva carlista mediante el cambio de rumbo hacia un unitarismo preconizado por Nicolás Salmerón, a la sazón sustituto de Pi y flamante presidente de la República, el cual no tuvo más opción que recurrir a las fuerzas armadas para imponer el orden en medio del caos y desconcierto. Los carlista, totalmente incapaces de capitalizar políticamente la desintegración republicana y el anhelo del país entero para salir del caos, trataban de lograrlo en los campos de batallas. En 1873 toman Estella y, bajo la inmediata dirección del hermano de su rey, don Alfonso Carlos, entran en la ciudad de Cuenca, como Alfonso VIII.La agonía del régimen republicano
La presidencia de Castelar (7 de septiembre- 2 de enero de 1874)- un personaje al que se había vinculado repetidamente con la masonería, fue, en la práctica, una dictadura en la que el régimen, cada vez con menos apoyo social, apenas consiguió atacar infructuosamente el cantón de Cartagena. El 2 de enero de 1874, el general Pavía hizo su entrada en el Parlamento en un acto que, con bastante frecuencia, suele interpretarse como el epílogo de la República cuando la realidad es que tan sólo pretendió sustentarla sobre bases más sólidas. Preside la escena don Emilio Castelar, el cual asevera: “Yo, señores, no puedo hacer otra cosa más que morir aquí el primero con vosotros”.
Por parte de Ejército el gesto de Pavía, secundado silenciosa y unánimemente por todas las fuerzas armadas, fue el primer pronunciamiento de la historia en que participó todo el Ejército como tal; todos los casos anteriores fueron pronunciamientos políticos de un militar o un grupo de militares en apoyo de un grupo político. Con el general Serrano al mando del ejecutivo, la República continuó la trayectoria dictatorial que ya se había iniciado con Castelar tan sólo unos meses antes.
Autor: Francisco de Asís López Avellaneda para revistadehistoria.es
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Bibliografía:
-De la Cierva, R.: Historia Total de España. Editorial Fénix. 1997.
-Vidal, C: Los masones. Editorial Planeta. 2005.