La política exterior de Hitler

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Al contrario de lo que sucedió en 1914, la Segunda Guerra Mundial fue una guerra inevitable. Las potencias del Eje no buscaban la revisión del Tratado de Versalles de 1919 sino un cambio en el orden internacional.

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Los planes de Hitler eran bien conocidos desde comienzos de los años 20: la búsqueda de un espacio vital (Lebensraum) y la destrucción del judaísmo y marxismo.

La política exterior de Hitler

Hitler expresó su deseo de mantener la paz en Europa con la intención de que el resto de potencias levantasen las prohibiciones de rearme alemán pero Francia, E.E.U.U. y Gran Bretaña se opusieron. Hitler, furioso, decidió abandonar la Sociedad de Naciones (octubre de 1933) y, acto seguido, inició la política de rearme. Su siguiente paso fue firmar un pacto de no agresión con los polacos, aliados de Francia, que respondió acercándose a la U.R.S.S.

En 1935, tras vencer en un plebiscito, Alemania incorporó el Sarre y se mostró decidida a reforzar su Ejército. Ante esta situación, Francia decidió recurrir a Gran Bretaña y juntas adoptaron lo que se conoció como “política de apaciguamiento”.  

Entre los deseos de las potencias europeas primaba evitar cualquier conflicto similar al de 1914, lo que condujo al apaciguamiento, que se vio favorecido por la debilidad política de Gran Bretaña y Francia.

El primer Anschluss y el Frente de Stressa

Británicos y franceses, siguiendo esa política de apaciguamiento, trataron de evitar cualquier tipo de revanchismo alemán y, para ello, utilizaron a los italianos.

Las relaciones de Hitler con la Italia de Mussolini no fueron amistosas desde el principio. El ejemplo más notable lo encontramos en Austria.

En 1932 Austria estaba gobernada por un dictador antinazi, Dollfuss. Los nazis, deseosos de anexionarse Austria, asesinaron a Dollfuss y anunciaron su intención de invadir Austria para restablecer el orden. Sin embargo, Mussolini, que se había comprometido a defender Austria, movilizó sus tropas, impidiendo actuar a los nazis.

Tras el revés de Austria, Hitler inició una política de rearme que alarmó a las potencias occidentales, decididas a unirse en contra de Alemania, primero con el Acuerdo Laval-Mussolini (1935) entre Francia e Italia y, posteriormente, con la creación del Frente de Stressa (abril de 1935) en el que también se incluyó a Gran Bretaña. Francia fue más allá y firmó un pacto con la Unión Soviética, que irritó a los nazis.

Esta situación no se mantendría durante mucho tiempo ya que la crisis de Abisinia, creada por Italia, dio un giro a la política europea. El Frente de Stressa se deshizo y Gran Bretaña se acercó a la Alemania nazi, con la que firmó un acuerdo naval.

El Eje Roma-Berlín y el Pacto de Acero

El año de 1936 fue clave. Ese año los nazis tomaron la zona desmilitarizada del Rin, un territorio que había adquirido tal status en el Tratado de Versalles. Gran Bretaña no se inmutó y Francia respondió construyendo fortificaciones en la frontera.

Italia cambió su visión, rompió con Francia y Gran Bretaña y se acercó a la Alemania nazi.

Ese mismo año estallaba la Guerra Civil española. Tanto la Alemania nazi como la Italia fascista apoyaron abiertamente a los sublevados pese a haber participado en el Comité de No Intervención defendido por Francia y Gran Bretaña con el deseo de evitar que la guerra se extendiese por Europa.

La estrategia franco-británica no tuvo efecto, es más, rápidamente se volvió en su contra ya que Mussolini se unió a Hitler mediante el Eje Roma-Berlín de 1936, ratificado un año después con la creación del “Pacto de Acero” al que más tarde se uniría Jap  La polddg paz de 1919. Gran Bre el “atado de rra se extendiese por Europa.  intervencicon los acuerdos de paz de 1919. Gran Breón.

El Anschluss, los Sudetes y Polonia

En 1938 se organizó un referéndum en Austria para aprobar su anexión a Alemania. Los nazis querían controlar el referéndum y para ello iniciaron una serie de campañas de desestabilización, con el objetivo de intervenir en Austria y organizar el referéndum, hecho que finalmente sucedió en la primavera de 1938. Las potencias occidentales, siguiendo su política de apaciguamiento, aceptaron el resultado del referéndum.

Ese mismo año, los nazis lograron anexarse los Sudetes, una región perteneciente a Checoslovaquia pero de mayoría alemana. Tanto los franceses como los británicos decidieron llegar a un acuerdo con Hitler. La reunión tuvo lugar en Múnich en septiembre de 1938 y en ella se permitió a los alemanes anexionarse la región de los Sudetes (sin contar con los checoslovacos) siempre y cuando se detuviesen ahí. Hitler aceptó aunque no tardó en saltarse su palabra y, ante la pasividad de los ingleses, se anexionó Checoslovaquia al completo.

Los deseos de Hitler se posaron entonces sobre Polonia. Francia y Gran Bretaña reaccionaron y abandonaron la política de apaciguamiento, comprometiéndose a la defensa de Polonia en caso de invasión alemana. Hitler se tomó esto como un órdago, dudando que británicos y franceses se arriesgaran a un conflicto armado por defender a los polacos. Aún así, decidió tomar medidas preventivas.

La obsesión de Hitler era evitar una guerra en dos frentes y, para ello, llegó a un acuerdo con la Unión Soviética de Stalin en agosto de 1939. El conocido como Pacto Ribbentrop-Molotov, era, en teoría, un acuerdo de no agresión pero escondía cláusulas secretas sobre el reparto de Polonia entre soviéticos y alemanes.

El 1 de septiembre de 1939, Alemania invadió Polonia y, dos días después, Gran Bretaña y Francia le declararon la guerra. Se iniciaba así el conflicto armado más sangriento y brutal del siglo XX.

Autor: Diego Cameno Mayo para revistadehistoria.es

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Bibliografía

          Eiroa San Francisco, M.: “La crisis de la seguridad colectiva y los virajes hacia la guerra. La política exterior del III Reich, 1933-1939”, en Pereira, J.C. (coord.): Historia de las relaciones internacionales contemporáneas, Barcelona, Editorial Ariel, 2009, pp. 387-403.

Fusi, J.P.: El efecto Hitler. Una breve historia de la Segunda Guerra Mundial, Barcelona, Espasa Libros, 2015.