La peste negra
La peste negra, peste bubónica o muerte negra, fue una de las mayores epidemias en la historia de la humanidad, y la que más impacto social causó.
Las cifras de muertos se estiman entre 75 y 200 millones en todo el mundo. En Europa las estimaciones sobre la mortandad de la población varían entre el 30 y el 60%, aunque se acepta que un tercio de la población Europea murió a consecuencia de la epidemia.
La peste negra. Origen y expansión
A través del comercio de las ciudades italianas se llevó la enfermedad al resto de Europa, quedando afectadas España, Francia, Portugal e Inglaterra en 1348, el año de mayor virulencia de la peste. Alemania, Escandinavia, Hungría y Rusia serían infectadas poco después.
Algunas zonas con menos contacto comercial con sus vecinos como el Reino de Polonia, el País Vasco y algunas zonas aisladas de los Países Bajos escaparon a la mortandad de la plaga por no haber encontrado un medio de difusión.
La malnutrición y las numerosas guerras contribuyeron a la expansión y afección de la plaga. La sociedad, que no sabía qué hacer ante esta enfermedad cuyo origen desconocían, atribuyeron la peste a todo tipo de causas sobrenaturales, desde fuerzas astrológicas y geológicas al envenenamiento de pozos por parte de los judíos.La peste negra. Consecuencias
La población europea quedó seriamente reducida. Muchas poblaciones quedaron desiertos y los pocos supervivientes se dispersaron a otros lugares, extendiendo aún más la enfermedad. La atribución de la culpa a los judíos supuso persecuciones y el posterior exterminio de éstos. Miles de judíos murieron por toda Europa. También se culpó a los gatos de la enfermedad y fueron aniquilados, lo que supuso que las verdaderas portadoras de la enfermedad, las ratas, proliferaran, extendiendo aún más la enfermedad.
El hecho de que la enfermedad afectase tanto a pobres como a ricos supuso la creencia de que nadie estaba a salvo sin importar su estamento social. Por eso mismo aparecieron las representaciones de las danzas de la muerte, que recordaban a todos que los bienes mundanos eran pasajeros y que todos tenían el mismo destino.
Autor: Jesús Sahuquillo Olivares para revistadehistoria.es
¿Eres Historiador y quieres colaborar con revistadehistoria.es? Haz Click Aquí.
¿Nos invitas a un café?
Si quieres donar el importe de un café y «Adoptar un Historiador», incluiremos tu nombre como agradecimiento en calidad de mecenas en un Artículo Histórico, puedes hacerlo Aquí:
También puedes apoyarnos compartiendo este artículo en las redes sociales o dándote de alta en nuestro selecto boletín gratuito:
Déjanos tu Email y te avisaremos cuando haya un nuevo Artículo Histórico
Un comentario