La pervivencia del Jemer Rojo (1979-1999)

La Kampuchea Democrática, establecida por los jemeres rojos en Camboya, es una de las experiencias revolucionarias más dramáticas que tuvieron lugar en el siglo XX. Un régimen represivo de cuyos actos no se hizo eco el mundo hasta 1979, momento en el que Vietnam invadió el país.

La pervivencia del Jemer Rojo (1979-1999)

En aquel momento, habían pasado 3 años y 9 meses desde la llegada de los jemeres rojos al poder y del inicio del aislamiento. Casi un tercio de la población había muerto. La persecución a los intelectuales y profesionales, y la movilización forzosa de la población al campo había desmantelado la infraestructura del país. Los supervivientes del genocidio vagaban por todo el territorio jemer en busca de familiares y seres queridos. Pero la historia de los jemeres rojos no acabó con su derrocamiento. Fue a partir de este cuando comenzó otro turbulento y no tan conocido periodo de la historia de Camboya, en el que ganaría mayor importancia el contexto de la Guerra Fría y la injerencia de otros países en el país jemer.

Muchos camboyanos, comenzaron a trasladarse a Tailandia. La crisis fue de tal magnitud que se inició desde el exterior una de las acciones de ayuda humanitaria más grandes de la historia. A lo largo de la frontera se crearon varios campos de refugiados, donde las condiciones eran pésimas. Con el paso del tiempo, la desesperanza y depresión aumentaron. La violencia doméstica y las violaciones se hicieron cada vez más frecuentes. Pero de lo que el mundo no era consciente era que estos campos también refugiaban a jemeres rojos, incluso miembros importantes del movimiento, lo que fomentó que establecieran en ellos su poder de facto.

Teniendo en cuenta que en aquella época la relación entre Oriente y Occidente aún era tensa, no es de extrañar que el interés geopolítico por Camboya creciese. El temor al avance de la influencia soviética por el Sudeste Asiático a través de Vietnam motivó la colaboración entre la ASEAN, EE.UU y China. La cooperación entre estos países tuvo como fin debilitar la presencia de Vietnam y de su ejército en Camboya. Por ello, los jemeres rojos recibieron apoyo material para continuar la guerra contra Vietnam. Convoyes tailandeses atravesaban la frontera con armas, artillería, blindados y munición, El propio SAS entrenó desde 1983 a la guerrilla de Pol Pot en actividades de sabotaje y terrorismo, y cooperantes humanitarios avisaron del ascenso de los jemeres rojos gracias a la ayuda de organizaciones internacionales bajo el visto bueno de EE.UU. Por su parte, las Naciones Unidas declararon ilegal la invasión vietnamita, y Vietnam y la URSS se convirtieron en la única ayuda para Camboya, aunque por poco tiempo. En 1989, la Guerra Fría entraba en sus postrimerías. Con la caída de su socio y el embargo de EE.UU, Vietnam no pudo hacer frente a la situación y el ejército gubernamental se quedó solo.

Para revertir la situación, el Estado se sirvió de la negociación, pero en 1993 los jemeres rojos tomaron de nuevo las armas. A partir de julio se fomentó la amnistía a todo jemer rojo que abandonase la guerrilla y se uniese a la causa del gobierno, incorporándose muchos de ellos a la administración y al ejército.  Ante la nueva situación, la ONU fomentó la celebración de elecciones. El resultado forzó una alianza entre Ranaridh como Primer Ministro y Hun Sen como Segundo. Sihanouk fue nombrado de nuevo monarca, y las Naciones Unidas abandonaron el país.

Hun Sen no tardó en dar un golpe de Estado y la guerra se reanudó, pero las promesas de amnistía fomentaron deserciones masivas. En 1998, el Jemer Rojo ejercía su última resistencia en Anlong Veng. En 1996, Ieng Sary, miembro de la cúpula del Angkar, pactó con el gobierno. Pol Pot, que hasta entonces había permanecido oculto, asesinó a Son Sen y secuestró a Khieu Samphan por la colaboración de estos con el Estado. Ta Mok (alias “el Carnicero”), que había ganado poder durante los últimos años, arrestó a Pol Pot. El antiguo líder de la revolución fue juzgado por el Tribunal Popular de Anlong Veng en junio de 1997. Las últimas imágenes de Pol Pot con vida se dan durante este juicio.

El 23 de abril de 1998 se difundió la noticia de la muerte de Pol Pot. Las autoridades tailandesas afirmaron que su muerte fue natural, aunque esta pareció darse en un momento muy oportuno. Desde hacía tiempo, Estados Unidos tramitaba su extradición, y en el caso de haber sido juzgado por las autoridades internacionales,odría haber señalado a ciertas instituciones. La ONU, Tailandia, EEUU, Gran Bretaña, Singapur, Vietnam, China y Malasia habían ayudado a los jemeres rojos, y en el seno del movimiento había crecido una importante oposición al viejo líder por oponerse al diálogo con el gobierno. Fuese o no asesinado, el fallecimiento del principal artífice del genocidio sirvió para reducir el interés por un juicio, y en 1999, con las últimos jemeres rojos entregándose a las autoridades, el movimiento revolucionario desapareció, 20 años después de su derrocamiento.

5 años después, en 2004, comenzaron los juicios a los responsables del genocidio. La mayoría de los líderes de los jemeres rojos murieron antes de ser sentenciados. Duch, Nuon Chea, y Khieu Samphan fueron los únicos condenados, y de estos, sólo Khieu Samphan sobrevive en 2021. La herencia de los jemeres rojos en el país ha pervivido durante décadas tanto por la injerencia de países extranjeros en el país como por la integración de sus hombres en el aparato del Estado, sobre todo durante los años 90. El propio Hun Sen, hoy Primer Ministro, era un jemer rojo. Pero la muestra más clara de la herencia de la Kampuchea Democrática es el impacto del genocidio en el tejido social de Camboya. Un daño reconocible y tan profundo del que el país, después de 47 años, aún no ha conseguido recuperarse.

Autor: David López San Juan, Grado en Historia, Máster en Patrimonio Histórico y Territorial para revistadehistoria.es

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