La mascota de Virgilio

Durante el Segundo Triunvirato en la república de Roma, sucedió la anécdota que contaremos a continuación. ¿Su protagonista?, Publio Virgilio Marón. Pero antes, conozcámoslo mejor.

Publio Virgilio Marón (70 a. C. – 19 a. C.), más conocido como Virgilio, fue un poeta romano, autor de las Bucólicas, la Eneida, las Geórgicas, entre otras obras. Como dato curioso, destacar que la Eneida fue una epopeya encargada por el emperador Augusto, para glorificar el Imperio y atribuirle un origen mítico. Cuentan que Virgilio, en su lecho de muerte, pidió al emperador quemar la Eneida, no se sabe si por entender que no había logrado la perfección esperada por él o para desmarcarse de la política del emperador. Sea como fuere, Augusto se negó, y eso que le agradecemos.

También encontramos a Virgilio en La Divina Comedia de Dante Alighieri, como su guía a través del Infierno y del Purgatorio.

Fue un gran estudioso, especializándose en filosofía, retórica y matemáticas, e interesándose por la medicina, astrología, botánica y zoología. Tuvo una primera etapa de su vida influenciada por el epicureísmo, el cual fue cambiando hacia el platonismo místico, por lo que su producción está considerada como una de las más perfectas síntesis de las corrientes espirituales de Roma.


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La mascota de Virgilio

Retomando la anécdota, cuentan que, tras la muerte de su mascota, realizó un gran funeral en su mansión. Importantes músicos de la época, tocaron en la ceremonia para los cientos de invitados de alto prestigio que degustaron un gran banquete en el que no pudieron faltar los mejores vinos.

Para el entierro, se construyó en sus terrenos un mausoleo cuidadosamente decorado. Fuentes de la época hablaban de un gasto cercano al millón de sestercios (más de 130.000 euros al cambio actual). Lo que más llama la atención es que su amada mascota, en realidad era una mosca que le hacía compañía en sus interminables sesiones de escritura. Dicen que el poeta romano le cogió tanto cariño que finalmente terminó adoptándola. Una vez falleció, la envolvió en un sudario y la introdujo en el mausoleo, pudiéndose leer en su la lápida:

MVSCA. SIT TIBI VRNA LEVIS ET MOLLITER OSSA QUIESCANT

(Mosca. Que esta urna te sea leve y descansen en ella tus huesos).

Como comentamos al inicio del artículo, nos encontramos en tiempos del Segundo Triunvirato, que fue una alianza entre Marco Antonio, César Octaviano y Marco Emilio Lépido, tras el vacío de poder originado por el asesinato de Julio César y que duró del 43-38 a. C. Por aquel entonces, le llegó a Virgilio la información de que el Triunvirato pretendía decretar una ley por la que se expropiarían los terrenos de los terratenientes para distribuirlas entre los soldados jubilados.

El decreto excluía de la expropiación a aquellos terrenos en los que hubiera tumbas, ya que se consideraban terrenos sagrados. Y como se suele decir, «hecha la ley, hecha la trampa», y como la ley no especificaba que los seres queridos debían de ser personas, Virgilio ideó su plan para librarse de la expropiación.

Ya lo dijo el propio autor:

“No te inclines ante la adversidad; más bien oponte audazmente a ella tanto cuanto tu suerte te lo permita”.

Autor: Juan Álvarez-Nava García para revistadehistoria.es

Lee más del autor en Instagram @elprofecurioso

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Bibliografía:

Roldán, J. M. (1995). «Varios capítulos». En José Manuel Roldán; José María Blázquez; Arcadio del Castillo, eds. El Imperio romano. Ediciones Cátedra.

Publio Virgilio Marón (1992). Eneida. [1ª edición, 2ª impresión]. Madrid: Editorial Gredos

Frédéric Plessis (1909). La poésie latine. Klincksieck.

Parte foto de portada:

De Armando Mancini – Flickr: Parco della Grotta di PosillipoCrop of File:Parco_della_Grotta_di_Posillipo5.jpg, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=21845489