La importancia de los tejidos a través de la pintura francesa del siglo XVII

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En el siglo XVII, la moda masculina y femenina era muy variada, además se fabricaba con las mismas materias. Pasada la primera mitad del siglo XVII, y bajo el reinado de Luis XIV, se afirmó por completo el predominio francés en la industria sedera, siendo su centro Lyon.

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La separación entre las telas destinadas a trajes masculinos o femeninos es cada vez más clara, pues mientras para las prendas masculinas se usan dibujos pequeños, para las amplias faldas de miriñaque y las grandes colas de los trajes de corte los motivos van aumentando en tamaño y riqueza. Como novedad en esta etapa, podemos observar que se empieza a utilizar almidón en las camisas y las enaguas, aportando un acabado diferente a las prendas.

La importancia de los tejidos a través de la pintura francesa del siglo XVII

En los terciopelos franceses de esta época tenemos diversos tipos: liso, labrado o con tela velluda, ya que este último tipo se caracteriza por ser un tejido muy fuerte, aunque tiene un gran parecido al terciopelo de Lyon pero este se teje enteramente en seda. Sin embargo, Francia no tenía rival en Europa como centro de producción de encaje, ya que este tejido se empleaba en todo tipo de vestimentas, también en las prendas de los niños. Oise, al norte de París, producía fino encaje de seda, como encaje metálico. En la segunda mitad del siglo XVII se imitará el encaje en los tejidos de seda, este tipo de dibujos se labró al principio simétricamente y después con entera libertad y con todos los medios técnicos, exceptuando únicamente el terciopelo. En los tejidos se empezó a utilizar motivos florales, con una gran estilización al principio y más tarde dibujados con mayor fantasía, generalmente combinados con encajes, o enmarcados por tiras de encaje.

Además de fabricar seda, las factorías y los talleres de Lyon confeccionaban encaje de oro y plata. Jean Baptiste Colbert, siguiendo la pauta de Richelieu, potenció la industria del encaje. Su propósito era producir encaje genuinamente francés: diseños nuevos, nunca vistos. Para ello, recurrió a los más importantes creadores artísticos: pintores y diseñadores de la corte de Luis XIV aportaron ideas a su producción. Algunos pintores que imitan esta serie de tejidos en sus pinturas son: Pierre Mignard, Hyacinthe Rigaud y François de Troy, pero debemos destacar la maestría de estos artistas a la hora de la representación de encajes en los cuellos de los personajes que retratan y, al mismo tiempo, la habilidad de mostrar los tejidos en la pintura. Así, los retratistas franceses mostraron un gran interés en la representación de los tejidos en la indumentaria real, ya que Francia se convirtió en gran exponente en la producción textil. No obstante, otros países europeos creaban encaje y terciopelo como es el caso de Italia, aunque había disminuido la demanda porque no tenía un diseño moderno. En el caso español, destacaba la fábrica de San Lorenzo de El Escorial, con lo que se da una amplia manufactura de sedas y brocados, pero esta fábrica competía con la producción valenciana, la cual imitaba los tejidos franceses.

Al margen del encaje y el terciopelo, tenemos el grupo de brocados y tejidos de seda de colores, que tenían delgadas guirnaldas de flores, planas o sombreadas, entre decoración barroca. Sin embargo, más avanzado el siglo, se difundieron los brocados metálicos de oro y plata, junto con el satén, ejemplo de ello es el retrato de la cuñada de Luis XIV. En esta pintura vemos a la princesa Palatina ataviada con ricos tejidos, el vestido posiblemente de satén estampando con una serie de brocados, los cuales se usaban en el último periodo del siglo XVII. También podemos observar las mangas y el escote de encaje, con lo que se muestra que es un diseño francés, además el papel de los tejidos se complementa con el uso de joyas; finalmente se otorga a la vestimenta su valor independiente, mostrando una imagen de lujo y suntuosidad, propio de la corte de Versalles.

Entre los grandes maestros de esta época destaca Daniel Marot, quien se ocupó de la ornamentación textil de la habitación del monarca en Versalles. A finales del siglo XVII, disminuyó la demanda de encaje y adquirió popularidad la muselina india, importada por la Compañía de las Indias Orientales. Por la llegada de los nuevos tejidos de India se inicia en Francia una imitación acerca de estos nuevos diseños textiles. No obstante, el textil es el elemento común entre la pintura y la indumentaria, ya que si no hay un testimonio de dicho tejido podemos verlo a través de los retratos de ese momento histórico. De este modo, se establece un continuo diálogo entre la pintura, el textil y el retratado, el cual lucía sus mejores trajes para ser representado con el objetivo de mostrar una imagen de exhibición y teatralidad propia del Grand Siècle.

Con la entrada del nuevo siglo, se utilizarán tejidos más ligeros, además de una nueva técnica, originada en Oriente y en la India, llamada la impresión con tampón, la cual era un método que reproducía esquemas populares persas y orientales sobre tejidos elaborados en Inglaterra. Posteriormente, la elaboración de estos tejidos se extenderá por toda Europa pero más concretamente en Francia, Italia y España.

Por lo tanto, el siglo XVII servirá para el fortalecimiento de la industria textil gracias al ministro real, Colbert, unido con el continuo diálogo entre pintores y maestros del textil. Sin embargo, en el siglo XVIII asistimos a un importante desarrollo global del comercio textil, gracias a las bases que ha asentado Francia y a la proliferación de tejidos y nuevas técnicas traídas de Oriente e India.

Autora: Sandra Antúnez López para revistadehistoria.es

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Bibliografía

DÁVILA R., Diccionario histórico de telas y tejidos, Castilla y León, Consejería de Cultura y Turismo, 2004.

PÉREZ, L., «Los tejidos de seda en los siglos XVII y XVIII», Revista de las artes y los oficios, XI (1945), pp. 5-10.

FLEMMING, E., Tejidos artísticos: colección de obras maestras del arte textil desde la antigüedad hasta principios del siglo XIX, Barcelona, Gustavo Gili, 1928.