La guerra diplomática por Malvinas; las lecciones de David y Goliat

La guerra diplomática por Malvinas; las lecciones de David y Goliat

El conflicto del Atlántico Sur ocurrido en 1982 posee varias aristas que obligan a un análisis detallado, particular y profundo. Este artículo pretende abordar parcialmente algunas de ellas, sumando algunas líneas analíticas y cuestiones al debate que este complejo acontecimiento amerita. A pesar de las distancias temporales, esta confrontación continúa abriendo debates y heridas: reivindicada por algunos como una necesaria  gesta heroica y criticada por otros como una acción innecesaria y condenada al fracaso.

Lo cierto es, que a pesar de las posiciones enfrentadas, resulta complejo evitar las pasiones y subjetividades que nuestra profesión nos obliga. Resulta destacable además  hacer un pequeño aporte en el sendero de la memoria que a modo de homenaje rememore a los que hoy no están. Así las cosas, paso a relatar, como historiador, lo que a mi humilde entender fue una lucha desigual desde el comienzo y cuya resolución debería darse en la arena diplomática.

Un poco de historia

Avistadas, escasamente exploradas e ingresadas en la cartas de navegación desde que se tiene registro en el Siglo XVI, entre otros archipiélagos del Atlántico Sur, nuestras Islas Malvinas despertaron tempranamente el interés de varias potencias europeas debido a su ubicación geoestratégica, como así también por las posibilidades económicas que ofrecía como centro de aprovisionamiento para la lucrativa caza de focas, lobos marinos, de la ballena azul y franca austral (se pueden ver estas apreciaciones en el conocido manuscrito francés sobre las islas Malvinas de Louis-Antoine de Bougainville de 1767). A partir del siglo XIX formó parte, además, de proyectos variados de colonización e incipiente explotación, como así también de instrumento de negociación para saldar pesadas deudas del pasado.

A pesar de la débil pero activa presencia nacional, EE.UU y el Reino Unido no declinaron en avanzar con actos hostiles haciendo uso de su poderío naval entre 1831 y 1833 contra la guarnición argentina allí acantonada, desconociendo profundos argumentos geográficos e históricos, usurpando las tierras y haciendo caso omiso a los reclamos diplomáticos del gobierno argentino. Así, como Goliat, se imponía tempranamente la fuerza bruta del imperio británico avasallando intereses soberanos de pequeñas pero orgullosas naciones.

En 1982 la entonces dictadura argentina liderada por el Tte. Gral. Fortunato Galtieri decide ocupar militarmente las Islas Malvinas bajo la denomina Operación Rosario, conflicto que se extenderá desde el 2 de abril de dicho año hasta la capitulación el 14 de junio. Muchos y variados fueron los enfrentamientos, al igual que las bajas (no solo 649 muertos del lado Argentino, sino además cientos de heridos en combate, además de un número creciente de víctimas de estrés postraumático que derivó en altos niveles de suicidios en ambos bandos).

La guerra diplomática por Malvinas

Entre las aristas del conflicto sobresale la diplomática, en la que prevalecen la paz y los títulos jurídicos sobre la fuerza de las armas. En primer lugar, cabe señalar que la llamada «Cuestión Malvinas», desde el punto de vista del derecho internacional, es un conflicto de soberanía. En este sentido toda controversia entre Estados referente a la soberanía exige una definición final con respecto a quien tiene un mejor derecho al pleno goce las competencias que hacen al ejercicio del dominio inminente». Así pues, los títulos argentinos se basan en la condición de sucesora de España de las Provincias Unidas del Río de la Plata, por el principio del uti possidetis, la ocupación por un periodo de tiempo (1826-1833) y la contigüidad territorial.

Las Islas Malvinas, fueron incorporadas por España a la Capitanía General de Buenos Aires por Real Cédula del 4 de octubre de 1766, formaban parte integrante del territorio que la actual República Argentina heredaba en aquel entonces. En cuanto a La Teoría de la Contigüidad Geográfica se responde a criterios de conservación y defensa, por lo que se le asigna a un Estado un derecho preferente de soberanía sobre las prolongaciones naturales del territorio que ocupa. Así pues, las Islas Malvinas forman parte de la plataforma continental Argentina.

Ya en pleno Siglo XX y avanzado el proceso de descolonización, se da la aplicación de la Resolución Nro. 1514, y el 16 de diciembre de 1965 la Asamblea General de la ONU adoptó la resolución 2065  –la primera referida exclusivamente a la Cuestión Malvinas-, a través de la cual reconoció la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e invitó a ambos países a negociar para encontrar una solución pacífica a la controversia.

Entre otras aristas a contemplar (incluyendo la económica, la política y la bélica) se debe admitir que si bien la República Argentina ocupó militarmente las islas en 1982 en un contexto político y económico muy particular, debió hacer frente además a cuestiones que excedían ampliamente sus reales posibilidades. Si bien no estuvo sola en este conflicto, el mismo  se desarrolló de manera muy desigual en varios frentes. Muchos países asistieron y se solidarizaron a nuestra nación en varios aspectos (mayormente latinoamericanos o del bloque soviético), pero existieron también poderosos condicionantes a lo largo del mismo. Entre ellos se puede mencionar el embargo de armas decretado por gran parte de la comunidad internacional, el apoyo político/diplomático y la destacada asistencia militar de EE.UU/OTAN al Reino Unido durante  todo el conflicto, el desconocimiento y la negativa de EE.UU a la aplicación extensiva del TIAR, la existencia de una base militar de Punta Arenas –chile- al servicio de la RAF, las presiones internas derivadas de la crisis financiera internacional y de la realidad política local (entre otros).

Reflexiones finales

Estos factores son todos claros y contundentes aspectos  que definen que el conflicto (no solo armado, sino además político/económico/diplomático) se desarrolló más allá de las 200 millas náuticas de la denominada zona de exclusión. Este acontecimiento resultaba ser muy desigual por el tenor de las acciones encaradas globalmente, discrecionalmente y unilateralmente contra la República Argentina (desconociendo los consistentes argumentos geográficos, diplomáticos e históricos presentados previamente a la escalada bélica)  y por la magnitud de los actores involucrados.

Retomando este argumento y más allá de los antecedentes ya citados, la República Argentina enfrentó en 1982 no solamente al Reino Unido en varios frentes, sino además a nivel diplomático a la ONU/Consejo de Seguridad,  a nivel militar al poderío de la OTAN, de EE.UU y de otros países que unieron esfuerzos para agotar cualquier posibilidad de triunfo en dicho conflicto a pesar de todos los esfuerzos realizados. Hoy –como ayer- continúan existiendo poderosos intereses políticos y económicos en torno a esta cuestión, pero es indudable que la vía diplomática es la que debe prevalecer para encararla con posibilidades de éxito, solo así con la estrategia de David se podrá derrotar al coloso.

Autor: Mg. Diego Abel Sánchez para revistadehistoria.es

Publicaciones Similares

Deja una respuesta