La Gran Redada de 1749
Un episodio tan poco conocido como el rey que lo llevó a cabo, Fernando VI (1746-1759). La Gran Redada o “Prisión general de gitanos” fue un proyecto de la corona española y de sus ministros para lograr contener a las personas de etnia gitana en España, aislarlas en un recinto o guetto, debido a las tensiones sociales que había entre gitanos y corona. Aunque no es una idea descabellada ni mucho menos insólita –pues anteriormente Felipe II tras la batalla de Lepanto en 1571 y Felipe V en torno a 1717 ya realizaron persecuciones similares, y además en otros países de Europa los gitanos también eran perseguidos y aislados-.
Antecedentes a la Gran Redada de 1749
La Gran Redada de 1749
Según los escasos estudios y foros donde se menciona este insólito plan, la redada fue planeada casi en secreto. Concretamente fue un plan del que se encargó al despacho de guerra quien, a su vez, dio las instrucciones concretas tanto a los corregidores de cada ciudad. También se dio instrucciones a los oficiales militares quienes, el día acordado, debían actuar conjuntamente con los corregidores. Los oficiales se encargaban de dar las órdenes concretas al resto de tropa para llevar a cabo los arrestos. Sin embargo, el objetivo, y las ciudades en cuestión, no se conocerían hasta el día de la misión. En tal caso, debían coordinarse las tropas militares con las fuerzas de orden público locales. Habría que cortar calles para evitar huidas y no levantar sospechas para que no se sepa el plan antes de tiempo.
Tras la redada los gitanos serian separados en grupos de hombres por un lado y mujeres y niños por otros, siendo los primeros, según el plan, enviados a los trabajos forzados en arsenales de marina, por ejemplo, y las mujeres y niños enviados a fábricas o cárceles, según Antonio Gómez Alfaro (1993). El plan albergaba una parte de España, según los autores donde más población gitana había, como el litoral Mediterráneo, y sobre todo Andalucía, aunque hubo redadas en la gran mayoría de España, como establece Manuel Martínez (2014). En este sentido, los arsenales donde trabajarían los gitanos serían los de Cartagena, Cádiz y Ferrol, entre otros y las minas de Cádiz y Almadén[1], entre las más conocidas, mientras que las mujeres y los niños irían a parar a las fábricas de Málaga, Valencia y Zaragoza, las mujeres tejerían y los niños trabajarían, en su mayoría en las fábricas. Esto no está escogido al azar sino que concuerda perfectamente con los tiempos en los que España estaba modernizando su ejército y, sobre todo, la Armada. Pero, en la parte humana, la separación de las familias tenía el objetivo de impedir que hubiera nuevos y más nacimientos de etnia gitana. Además, según el plan, la redada seria inmediata y los bienes de los detenidos confiscados para, según los autores, financiar la operación llevada a cabo.Según la documentación se establece que en 1749 fueron capturados unos 7.500 gitanos aproximadamente, de un total de 9.000, según las cifras ofrecidas por Campomanes, muchos de ellos se escaparon y otros murieron, según los autores, además otros tantos quedaron libres e incluso hubo unos 1.000 gitanos que se capturaron en localidades que no entraban en el plan. Hubo zonas en las cuales se decretó un Estado de Alarma, en otras se cerraron puertas de las ciudades… mientras el ejército rodeaba la ciudad o se involucraba entre la población. Estas medidas causaron disturbios pero también hizo que muchos gitanos se presentasen voluntariamente a las autoridades para evitar altercados. El caos fue consecuencia de la improvisación del plan, sobre todo en los traslados de los gitanos, quienes fueron recluidos en castillos y alcazabas y muchos barrios fueron cercados completamente. Después, la desorganización del plan y la falta de previsión favorecieron un hacinamiento inhumano.
Muchos autores hablaron de exterminio en aquel plan, sin embargo la falta de recursos y medios disponibles desecharían esa idea, además de la indefinición de los objetivos al improvisarse en muchos casos sobre la marcha. Por ello, se optó por mantener la primera parte del plan, es decir, ya que había gitanos detenidos, se les mantendría presos y condenados a trabajos forzados. También hubo numerosas protestas que favorecieron la libertad de muchos gitanos. Pero, además, la ilustración, años atrás, había prohibido la palabra gitano en ese afán unificador de ideas y progreso, por lo que la definición de gitano, como establecen los autores, cojeaba conceptualmente y para la ejecución de las redadas solo se describía sus actividades[2]. Hubo muchos que colaboraron con la justicia y otros que se enfrentaron e incluso hubo gitanos que pidieron misericordia, ya que en muchos casos los gitanos estaban integrados completamente en la población. Las mujeres, según los autores, fueron las que se mostraron más rebeldes. Muchas veces, la integración de los gitanos favoreció la defensa de estos por sus vecinos habituales. Sin embargo, la Redada de 1749 fue denominada la Gran Redada debido al gran impacto socio-político que causó entre los gitanos y entre el resto de la población.
Teresa San Román (1997), establece que años más tarde se realizaron nuevas redadas, en 1751 y 1755 concretamente. Esto se debe a que los consejeros del rey veían que se había detenido a los gitanos eran “más valiosos para las economías locales” continuando sueltos los gitanos “más peligrosos”. Durante estos años hubo más detenidos pero también más liberados, un contraste en general. A petición de los vecinos se “soltaba” a unos gitanos y en unos sitios se detenía a unos y en otros se soltaba, esto, según la autora, se debe a los vínculos sociales entre los propios vecinos, entre castellanos y gitanos. Sin embargo, el ambiente era caótico debido a que muchos gitanos no servían para los trabajos y muchos tenían apellidos y nombres castellanos, hechos que provocaron la liberación de muchos.
Autor: Álvaro González Díaz para revistadehistoria.es
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Bibliografía:
[1] En 1748 se había abolido la pena de galeras, según Angus Fraser (2005)
[2] Para un estudio más completo, consultar Teresa San Román (1997), antropóloga catedrática.