La expedición Balmis y la vacuna de la viruela
Otro de los grandes desconocidos de nuestra historia, al servicio del monarca español Carlos IV, el militar y cirujano del ejército, el alicantino Francisco Xavier De Balmis protagonizó una epopeya histórica que salvaría millones de vidas y que sería la primera misión humanitaria de la historia.
La expedición Balmis, tras sortear innumerables dificultades, consiguió la hazaña de llevar la vacuna de la viruela hasta las colonias americanas, salvando millones de vidas y protagonizando una de las expediciones científicas más exitosas de todos los tiempos.
La expedición Balmis y la vacuna de la viruela
Durante todo el siglo XVIII el virus de la viruela había provocado una espantosa mortalidad a lo largo y ancho del mundo. Periódicas epidemias habían diezmado a las poblaciones y dejado graves secuelas a los supervivientes. En 1796 se había logrado el hallazgo de la vacuna precisamente tras constatar el médico británico Edward Jenner que las personas que estaban en contacto con vacas contagiadas de viruela bovina adquirían inmunidad respecto a la viruela humana. A partir del hallazgo de que inoculando en las personas sanas el virus vacuno se lograba que el virus humano no prosperase, el mayor problema estribaba en cómo distribuir la vacuna a toda la población en riesgo teniendo en cuenta los pésimos transportes de la época y las inexistentes condiciones de conservación.
Es entonces cuando aparece la figura excepcional de Francisco Xavier de Balmis. Este logra convencer al rey Carlos IV de la trascendencia de financiar una expedición que permitiese transportar la vacuna a los territorios americanos, donde la viruela estaba causando terribles estragos. La expedición Balmis, conocida como Real Expedición Filantrópica de la Vacuna , parte de La Coruña en la corbeta María Pita, bajo la dirección naval del capitán Pedro del Barco y España en noviembre de 1803 y arriba a Puerto Rico en febrero de 1804 trasladándose después a Venezuela, Cuba y México, desde donde Balmis se dirige después a Filipinas, lo que de paso sirvió para propagar la vacuna por Asia. Desde México se produjo también su irradiación a toda la América española.
Aunque pueda resultar éticamente reprobable a día de hoy, ya que La expedición Balmis utilizó un grupo de niños huérfanos como cobayas para que la vacuna llegara en perfectas condiciones tras tan largo viaje, no lo era entonces y de hecho fue visto como un logro científico que puso a España muy por delante del Imperio Británico, que no había conseguido que la vacuna arribara a territorios de ultramar en condiciones de viabilidad.Autor: Luis Pueyo para revistadehistoria.es
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Magnífico artículo. Felicidades.