La escuela de Salamanca

urante los siglos XVI y XVII, en torno a las universidades de Salamanca, Sevilla, Valencia y Alcalá de Henares, se habían sentado las bases del funcionamiento del mercado y los principios del crecimiento económico, desarrollándose una verdadera escuela de economía española a través de los escolásticos.

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Esta escuela, supuso el antecedente de la economía de mercado que se establece en las teorías liberales de Adam Smith y los escolásticos españoles influyeron entre otros, también, en John Locke o John Adams. Sin embargo, esta escuela, contra todo pronóstico, se pudo poner en practica –igual que la Escuela Militar Española que también se había desarrollado-gracias al desarrollo intelectual, militar, cultural e industrial de la España de los siglo XVI y XVII.

A menudo olvidamos que España fue una potencia, no solo militar, comercial e industrial que desde finales del siglo XV había hecho posible la unión del occidente conocido con un nuevo mundo, conectando todo el comercio internacional por aquel entonces.

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La escuela de Salamanca

El termino Escuela de Salamanca hace referencia a un conjunto de profesores, sobre todo teólogos –punteros en el Concilio de Trento-, de diversas ramas del saber, con Francisco de Vitoria a la cabeza de todos ellos. Se materializó en el Siglo de Oro español y tuvo influencias en España y fuera de España. Aparte de la economía, se desarrollan otras ciencias en la escuela salmantina. El olvido y ostracismo de esta importantísima escuela se debió a la incomodidad de las naciones protestantes que comienzan a escribir la ciencia a partir del siglo XVIII y también al olvido propio de los españoles, como es patente en la historia. Hoy en día está resurgiendo la historiografía de la Escuela de Salamanca, reconociéndose, poco a poco su labor e importancia. En los años 50 del siglo XX, por ejemplo Schumpeter reivindicó la aportación de los salmantinos a la economía, aunque también hay que añadir los estudios de Marjorie Grice-Hutchinson sobre esta escuela[1].

Contexto

En el siglo XVI, cuando se desarrolla la Escuela de Salamanca, el mundo occidental se había visto moldeado o influido por el descubrimiento de América, la aparición del Humanismo y la Reforma protestante, entre otros hechos. En la Edad Moderna la concepción del hombre y su conjunto, la sociedad, cambiará. Esto será fundamental para la Escuela de Salamanca ya que no solo abordó los temas económicos.

Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Luis de Alcalá, Martín de Azpilicueta, Tomás de Mercado o Francisco Suárez, iusnaturalistas y moralistas, fueron los fundadores de una escuela de teólogos y juristas que realizó la tarea de reconciliar la doctrina tomista con el nuevo orden social y económico. ​ Sus principales estudios se centraron en el hombre y sus problemas prácticos. Sin embargo, la Escuela de Salamanca no fue una escuela con una doctrina única y patrones únicos, aceptados por toda la comunidad, sino que más bien, al contrario, hubo discrepancias y desacuerdos entre los miembros de esta escuela, debates y posturas contrarias, demostrando con ello la energía y vitalidad intelectual de la Escuela. Dentro de la escuela, además, se distinguen dos corrientes, por un lado la Escuela de los Dominicos, según los autores, enarbolada por Francisco de Vitoria, comenzando con este en torno a 1500, y llegando a su máximo esplendor con Domingo de Soto en torno a 1540-50. Por otro lado, encontramos la vertiente de los Jesuitas, el relevo de la escuela de Vitoria. Desde finales del siglo XVI encontramos a los jesuitas Luis de Molina  y Francisco de Suarez, entre los más destacados.

La Escuela se centró en estudiar sobre todo la teología y la economía, sin embargo, ahondó en temas como la teología a la que cambió, la moral, la existencia del mal en el mundo, el derecho y la justicia, entre otras materias.

En cuanto a la teología, la Escuela, mediante Francisco de Vitoria, experimentó un auge, ya que con la llegada del humanismo esta había entrado en una metodología rutinaria, según los expertos.  Aquí se manifiesta un renacimiento del tomismo. Ahora, con un carácter más práctico, la teología (positiva) se acerca a los problemas de la sociedad y el hombre. La utilidad de la moral se debe, en este sentido, a que nos hallamos en una época en la cual la religión dominaba todo –política, sociedad, educación…-. Se suceden varios análisis desde el punto de vista económico y jurisdiccional en cuanto a los problemas morales de la sociedad. A partir de este momento, comenzó a surgir el probabilismo en el cual el criterio se basaba en no elegir el mal.

Una idea novedosa e innovadora fue la teorización del mal. Es decir, se puede hacer el mal a pesar de conocer a Dios y, viceversa, se puede hacer el bien aunque no se conozca a Dios. Es decir, el mal existe, la moralidad no depende la divinidad. Con ello, Vitoria introdujo una nueva imagen de la divinidad para la explicación del mal en el mundo. Aquí aparece la teoría del libre albedrío ya que la libertad del hombre es concedida a este por Dios y el hombre a su vez actúa eligiendo el bien o el mal. Esto, a su vez desató una polémica entre dominicos y jesuitas debido a la conciliación del libre albedrio en cuanto a la omnipotencia de Dios. La polémica desató un enfrentamiento interno en el que finalmente tuvo que intervenir el papa, Paulo V, reconociendo la libertad para defender las ideas tanto de jesuitas como de dominicos.

La Escuela de Salamanca desarrolló una doctrina jurídica que ponía fin a los conceptos medievales del derecho. Reivindicaba la libertad. Así los derechos naturales del hombre ocuparon un lugar central. Aparece el derecho a la vida, a la propiedad, derecho de libertad de pensamiento, derecho a la dignidad…. Se reformuló el derecho natural ya que este surge de la misma naturaleza. Con ello se explica que  como todos los hombres comparten la misma naturaleza también debían compartir los mismos derechos, igualdad y libertad. En este sentido, surge la explicación en la que el hombre no es un ser que vive solo sino que se relaciona con otros hombres, no vive aislado sino en sociedad y por ello la ley natural no se limita al individuo sino que más bien se establece en el conjunto de la sociedad. La justicia será un ejemplo en cuanto que la ley natural se realiza dentro de la sociedad.

Con ello, surgió también, gracias a la Escuela de Salamanca, la teoría sobre la soberanía. Esto rompía con los esquemas medievales. Se distinguen a partir de este momento dos potestades, la civil o natural y la sobrenatural. Lo que venían a decir con esto era que al separar las potestades se establecía una limitación del poder real y del poder del papa sobre las almas, sobre las personas, es decir, el rey o el emperador no tenían jurisdicción sobre las almas, así como el Papa tampoco tenía poder temporal. Se propuso que el poder de quien gobierna tiene limitaciones. En este sentido, Luis de Molina va mas allá alegando que una nación es análoga a una sociedad mercantil en la que los gobernantes serían los administradores, pero donde el poder reside en el conjunto de los administrados considerados individualmente. Los salmantinos por tanto rechazaban el término mediante el cual el poder del gobernante emanaba del poder divino. Es decir, el pueblo es el receptor de la soberanía y el gobernante la transmite según las condiciones. La soberanía del pueblo la defendió Francisco Suarez estableciendo que la comunidad se crea mediante la libre voluntad y el poder político es contractual, con ello, la forma de gobierno sería una democracia siendo la monarquía u oligarquía instituciones secundarias pero justas si las ha elegido el pueblo.

A raíz de la teoría jurisdiccional y, concretamente, mediante el Derecho de Gentes,  Vitoria trasladó sus teorías sobre el poder soberano legitimo sobre la sociedad al ámbito internacional, estableciendo que, consecuentemente, el ámbito internacional también debe regirse por unas normas justas y respetando los derechos de todos.  Es decir, el bien común del orbe es de categoría superior al bien de cada estado.  Así, las relaciones entre los estados deben sustituir la fuerza por el derecho y la justicia. El derecho, así, según los autores, debía ser común a todas las naciones, igual que el derecho individual era algo común a las personas de una sociedad. Se estableció la manera para justificar la guerra. La Escuela de Salamanca estableció que solamente se podía recurrir a la guerra para evitar un mal mayor, previo establecimiento de un acuerdo regular. En este sentido, la “guerra justa” tenía los pilares en la defensa propia, en la guerra preventiva contra un tirano o como castigo a un enemigo culpable, entre otras razones. La guerra injusta o ilícita, por el contrario, sería aquella que utilice más violencia de la necesaria, es decir una respuesta no proporcional al mal.

A pesar de todo lo anterior, la Escuela contó con otros tantos tratados sobre temas diversos como la administración, la justicia… pero, sin duda, el énfasis se puso en la materia económica, revolucionando las teorías.

La Economía

Schumpeter, en 1954, es quien denomina a la Escuela de Salamanca de economistas, aunque con anterioridad ya se la conocía. Schumpeter, tras estudiar la doctrina escolástica, sobre todo la española, elogió el alto nivel de la ciencia económica española del siglo XVI mereciéndose esta el título de “fundadora de la ciencia económica”. La Escuela de Salamanca estableció las primeras teorías económicas modernas para afrontar los nuevos problemas que habían surgido. Desgraciadamente, no hubo continuación desde finales del siglo XVII, y muchas de sus aportaciones acabaron olvidadas para ser redescubiertas décadas después. En tal caso, La Escuela de Salamanca estableció la importancia del comercio, ya que era consecuencia del orden natural, y de los comerciantes quienes eran vitales para el bienestar general.

Por un lado, la temática de la propiedad privada fue un tema relevante para la Escuela de Salamanca. Las ordenes mendicantes habían considerado la propiedad privada y la acumulación de bienes como “moralmente objetivas”. Los dominicos, con Tomas de Aquino a la cabeza, lo consideraron como instituciones humanas moralmente neutras. En este sentido, dedujeron que la propiedad privada tenia efectos beneficiosos para la economía y, consecuentemente, para el bienestar general. Un hecho fundamental para las teorías liberales del siglo XVIII, o la economía clásica. Los propietarios no solo tenían derecho al bien, en sí, sino que también al beneficio que pudiera derivarse de aquel y, sobre todo, si este beneficio aporta algo positivo a la comunidad. Se demostró que además era positivo que los bienes los cuidase un dueño, pues la propiedad se desarrollaría mejor que si fuese comunal.

Pero la Escuela de Salamanca fue aún más lejos y desarrolló las teorías del dinero, el valor o el precio, antecedente directo, nuevamente, para las teorías del liberalismo. Los “salmantinos” establecieron, mediante el análisis de los metales llegados desde América, que los metales preciosos eran fundamentales para una nación. Según esto, en aquellos lugares en los que los metales eran escasos, los precios de los bienes debían ser inferiores a los países en los cuales ocurría lo inverso, es decir, los países que tenían abundancia de metales, los precios de los bienes eran más elevados. En este sentido, Azpilicueta estableció que el metal precioso, como una mercancía más, tenía menor valor adquisitivo cuanto más abundante fuese. Así, cuanto mas escasea algo, más costoso será su valor, teoría del valor-escasez, que precede así mismo a la teoría cuantitativa del dinero.

Por otro lado, Luis de Alcalá, Diego de Covarrubias y Luis de Molina desarrollaron una teoría del valor y del precio que consiste en que, puesto que la utilidad de un bien varía de persona a persona, su precio justo será el que se alcance de mutuo acuerdo en un comercio libre (sin monopolio, engaños o la intervención del gobierno)[2]. Así se establece el precio justo de las mercancías de acuerdo a un precio competitivo. Francisco de Vitoria señala, en este sentido y quedando muy resumida la posición, la necesaria distinción entre las cosas que son necesarias para la vida y las que no lo son hablando de las cosas que se pueden vender: Hay unas que son necesarias para la buena marcha de las cosas y para la vida, y por ellas no se puede exigir más de lo que valen (…). Es decir, hace hincapié en aquellas cosas que  son de obligada necesidad o en las que la necesidad obliga a tener, lo que hoy en día sería considerado de “primera necesidad”.  Es decir, el precio de las cosas lo determinaría la necesidad de las personas y su precio justo vendrá determinado según acuerdo de la competencia entre vendedores y compradores.  Además, ponen la base “social” estableciendo que el precio de las cosas “necesarias” debería, según los “salmantinos”, establecerse de manera legal.

También, entre otras tantas cosas, desarrollaron una visión sobre el interés o la usura. La Escuela de Salamanca, supone el antecedente del capitalismo, en este sentido, debido a su visión “positiva” sobre el interés. Hallaron razones para justificar el cobro de un interés. Así, vieron que las personas que percibían un interés, préstamo, obtenían, a su vez, un beneficio a costa del dinero obtenido, préstamo. Pero también observaron que el interés podía ser considerado como una “prima” por haber riesgo a perder el dinero prestado. Es decir, surge el “coste de oportunidad” ya que el “prestamista” o “prestatario” perdía la posibilidad de utilizar ese dinero que presta en otra cosa. Con ello, el dinero se consideraba una mercancía mediante la cual se puede percibir un beneficio, el interés. El interés, así, suponía el pago del tiempo que el prestamista estaba sin el dinero que había prestado, pues, según los “salmantinos”, era mejor recibir una prestación en el presente que más tarde, en el futuro, y por tanto ese tiempo, esa rapidez, era el interés.

Por lo tanto, la Escuela de Salamanca supone el antecedente directo del Liberalismo Económico que comenzó a ser visible con las teorías smithianas a finales del siglo XVIII. Sin embargo, como bien estableció Schumpeter, la Escuela de Salamanca, según sus aportaciones e innovaciones que rompían con el pasado medieval, tanto jurídico como económico, debe ser considerada como la “madre de la ciencia económica”.

Autor: Álvaro González Díaz para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

[1] IBAÑEZ, ALBERTO G., La leyenda negra, historia del odio a España, Almuzara, 2018, p.174

[2] Como se osbserva en Jesús L. Paradinas, El pensamiento económico de la Escuela de Salamanca, y también ver: Jose Manuel Naredo, Taxonomía del lucro, Cap. VI. El precio justo y la libre competencia, Siglo XXI editores.

Parte de Foto de Portada:

De –Jacob Burckhardt 16:44, 13 September 2007 (UTC) – Trabajo propio (Texto original: «self made photo»), CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2737801