La épica expedición a Florida de Tristán de Luna

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Hijo del Mariscal de Castilla y natural de Borobia (Soria), Tristán de Luna y Arellano comandó una de las expediciones más épicas de los españoles en América del Norte.

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Su desastroso final ha impedido el mejor conocimiento de la misma, pero recientes investigaciones y hallazgos arqueológicos de diversas universidades estadounidenses han arrojado luz  y puesto en el lugar que corresponde la extraordinaria  expedición de De Luna y sus hombres.

Con Vázquez Coronado

En 1540 Tristán de Luna formó parte de la expedición de Francisco Vázquez de Coronado, gobernador de Nueva Galicia, que pretendía descubrir las riquezas de las Siete Ciudades de Cíbola y el reino de Quivira. Desde el punto de vista económico la expedición fue un rotundo fracaso al acreditarse que tales lugares solo existían en las fantasías de Fray Marcos de Niza pero la expedición exploró los actuales territorios de Arizona, Texas, Nuevo Méjico y Oklahoma y descubrió el Cañón del Colorado.

En esta expedición, que duró hasta 1542 y en la que participaron mil cuatrocientos hombres, empezó Tristán como capitán de caballos, fue ascendido a maestre de campo y terminó como lugarteniente de Vázquez de Coronado. Tristán volvió herido, enfermo y arruinado al haber invertido en la expedición la totalidad de sus escasos recursos (“gastó mucho e quedó muy adeudado”, escribió Tristán de sí mismo) y se trasladó al Valle de Oaxaca, donde se casó e hizo frente  a la sublevación de los nativos de la zona

Gobernador de La Florida

Florida había sido oficialmente descubierta por Ponce de León en 1513, aunque algunos navegantes habían ya conocido, pocos años antes, parte de su costa; pero no fue conquistada por él. Posteriormente, hubo varios viajes de exploración y de intento de conquista, como los de Diego de Miruelo, Álvarez de Pineda, Vázquez de Ayllón, Pánfilo de Narváez y Hernando de Soto.

Los intentos habían fracasado, pero, al menos, habían servido para conocer algo mejor la costa y tener una idea sobre su interior, considerado insalubre y de poco interés económico. Por ello, desde la expedición de Hernando de Soto en 1542, no hubo nuevos intentos durante quince años. Sólo algunos franciscanos y los obispos de México y de Cuba presionaban por razones de evangelización.

Sin embargo, Felipe II decidió, a la vista del riesgo constatado de que franceses o escoceses establecieran asentamientos en su costa atlántica, que había llegado el momento de poblar La Florida. Además, se pretendía:

“convertir los yndios naturales y ponellos debaxo del dominio de su magestad…”.

En diciembre de 1557 el Rey ordenó al virrey de México, Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón, que nombrase un gobernador para La Florida y Punta de Santa Elena, junto con unas minuciosas instrucciones, casi todas de orden administrativo, y así el 30 de octubre de 1558, Tristán de Luna y Arellano es nombrado “gobernador y capitán general de las provincias de La Florida y Punta de Santa Elena”. De forma inmediata de Luna preparará una expedición a Florida que a pesar de resultar desastrosa debido a los huracanes servirá para establecer nuevos asentamientos en Florida, Alabama y Carolina del Sur.

Se trataba de fundar tres asentamientos de población: uno en la costa de Florida del Golfo de México, inmediato al puerto de Ochuse; otro en la “provincia de Coosa” (actual noroeste de Alabama), en el interior; finalmente, el tercero estaría en la costa atlántica (al que se pudiera acceder por el interior, evitando el rodeo a la península de La Florida), en un lugar llamado Punta de Santa Elena (actual Port Royal, en Carolina del Sur,  cerca de Tybee Island, Georgia) que, aunque conocido desde la expedición de Hernando de Soto, no estaba plenamente identificado. Se reforzaría así la protección, que hasta entonces sólo otorgaba a La Habana, al canal de las Bahamas y, para ello, se enviaría una expedición que en palabras del propio virrey serviría para:

“ poblar la tierra de la florida y punta de santa elena y a predicar nra santa fe católica […] sin hazelles guerra fuerza ni mal tratamiento […] y en darles a entender que V.m los ama y manda q sean tratados como vasallos libres”, en palabras del propio virrey.

La épica expedición a Florida de Tristán de Luna

La expedición fue preparada minuciosamente, pues ya no se trataba ahora de perseguir una quimera. Se reclutaron quinientos soldados, algunos acompañados de sus mujeres e hijos, que serían futuros pobladores.

Los civiles ascendían a unos mil, entre los que había labradores y artesanos, además de escribanos, oficiales reales y seis frailes dominicos. Iban con abundantes víveres, doscientos cuarenta caballos y herramientas para la construcción y la agricultura. Llevaban incluso instrucciones para el urbanismo (“la traça”) de las nuevas poblaciones (la primera población en la costa del golfo tendría la estructura de un campamento fortificado, con ciento cuarenta parcelas, una plaza desde la que “se vean las quatro puertas que el pueblo ha de tener y que sea bastante para recoger toda la gente”, plaza que contaría con un monasterio, una iglesia, la casa del gobernador, etc.).

Tristán, ya viudo y con dos hijos menores de edad, había invertido en la expedición todos sus recursos y, además, había obtenido un préstamo de la hacienda virreinal con la garantía de la renta de las encomiendas y un salario, que fue fijado por el virrey en 8.000 ducados anuales.

El 24 de abril de 1559 salieron los expedicionarios de Ciudad de México, acompañados por el virrey, para dirigirse hacia San Juan de Ulúa (Veracruz), donde les esperaban trece navíos, que zarparon el 11 de junio. Tras varios días de tranquila navegación desembarcaron en la bahía de San Francisco, hoy Matagorda Bay, en donde se tomó posesión de esas tierras en nombre del rey de España. Continuaron viaje hacia el este pero un huracán y diversas tormentas les enviaron hacia el interior del golfo de México y a duras penas lograron llegar a la bahía de Mobile (Alabama) y  finalmente el 14 de agosto consiguieron arribar a la ya conocida bahía de Ochuse (hoy Pensacola, Florida), que fue rebautizada, en honor de Felipe II, como bahía Filipina, dándole al puerto el nombre de puerto de Santa María (por haber desembarcado el 15 de agosto). Satisfecho con la bahía y su puerto, en apariencia muy seguro, pues

“los hombres de mar dicen que es el mejor que hay en Indias” (se creía que el puerto era tan seguro para las naves que “ningun viento les puede hazer daño ninguno”), sin resistencia de los escasos nativos, aunque con el inconveniente “de que aquí no ay manera para poderse al presente sustentar tanta jente”, eligió Tristán de Luna el emplazamiento (“una punta de tierra alta que cae sobre la baia”) para la primera población

Huracán: el desastre

A pesar de que Luna comprobó que la región estaba prácticamente deshabitada organizó expediciones de exploración de la zona. Todo parecía ir de maravilla pero en el mes de septiembre de 1559  un huracán arrasó con todo lo que habían construido y  la flota amarrada en la bahía.

Se perdieron 7 barcos, numerosos colonos murieron y también se perdió gran parte del material y equipo necesario para la construcción de la colonia. Resignados y frustrados abandonaron el lugar y fueron en búsqueda de los buques que habían partido hacia el oeste y enviaron uno de los buques supervivientes a La Habana a solicitar ayuda, forzando asimismo una precipitada y angustiosa incursión tierra adentro en busca de comida y así Tristán envió un destacamento de doscientos hombres que, avanzando a lo largo de un río Alabama desde su desembocadura  en la actual Mobile Bay, dio con un poblado llamado Nanipacana, donde encontraron alimento.

Al cabo de cuarenta y cinco días unos soldados trajeron la información a Ochuse. Entretanto, el gobernador enfermó de unas calenturas

“de las quales vino el dicho don Tristán a desatinar e perder el seso y dezia desbarios y desatinos”.

No quería moverse de Ochuse, pero fue finalmente convencido, y todos, salvo un retén que quedó en el puerto, se dirigieron a Nanipacana. En el camino “torno a desvariar  y no atinaba en lo que hablaba”, se recoge en el testimonio escrito que depusieron varios soldados. Al llegar, rebautizaron el poblado como Santa Cruz de Nanipacana, pero los nativos, que no opusieron resistencia, sin embargo, habían hecho desaparecer los víveres e inutilizado cuantos frutos o hierbas pudieran ser comestibles.

Ya solo quedaba el auxilio por mar, pese a lo cual y en una arriesgada maniobra rayana en la locura, Tristán planteó que la expedición se desplazara hacia Coosa, en un último intento de acercarse al Atlántico desde el interior. Esto provocó la insubordinación de los soldados y colonos, y tuvo que desistir.

Los mil quinientos expedicionarios padecieron hambruna: comieron primero los caballos, luego la suela de los zapatos; muchos murieron de hambre o al comer hierbas venenosas. Tampoco consiguieron llegar a la Punta de Santa Elena, pues fracasó la pequeña expedición que Tristán envió por mar.

Socorros y relevo de Tristán de Luna

Enfermo, con su autoridad perdida por las calamidades y las órdenes contradictorias, enfrentado a su maestre de campo, Jorge Cerón Saavedra, a sus capitanes y a los frailes de la expedición, todos ellos enviando informes negativos al virrey Luis de Velasco, Tristán solicitó ser sustituido, y que los hechos fueran investigados. Fue destituido por el virrey en enero de 1561, concediéndosele autorización para ir a España a defender sus intereses, siendo nombrado como sustituto Ángel de Villafañe, que llegó a Ochuse en abril de 1561

Villafane llegó al lugar de desembarco original de Luna, encontró rápidamente el asentamiento interior y ofreció  a los colonos y a De Luna  transporte a La Habana, Cuba; todos los colonos y militares restantes deciden evacuar el sitio. La ayuda había llegado  ya nada era lo mismo; de Luna, gravemente enfermo de fiebres, carecía de la fuerza necesaria para gobernar a sus hombres lo que unido al malestar de éstos y de los colonos por la terrible situación en que se encontraban  impidió prosperar adecuadamente los asentamientos proyectados.

La expedición 1559-1561 de Tristán de Luna fue el intento español más grande y mejor financiado de colonizar el sureste de América. La suerte de Tristán de Luna fue pareja a la de muchos exploradores y personajes relevantes del país. Regresó a España donde malgastó el resto de su vida reclamando lo prometido y debido sin resultado alguno. Hastiado, volvió a México donde murió.

Autor: Ignacio del Pozo para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

Tristán de Luna, Conquistador of the Old South. A Study of Spanish Imperial Strategy, 1980); Rafael  Nieto Cortadellas,

“The Luna papers. Documents relating to the expedition of don Tristán de Luna y Arellano for the conquest of La Florida in 1559-1561”, (1928) de Herbert Ingram Priestley

Carta de don Tristán de Luna y Arellano, gobernador de La Florida, a Su Majestad sobre lo acaecido en aquellas partes (24 de septiembre de 1559)

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