La crisis de la Restauración

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La convulsión política de hoy en día nos recuerda a la ocurrida hace un siglo durante el llamado Régimen de la Restauración. Curiosamente, el régimen democrático surgido tras la Constitución de 1978 ha evolucionado a un modelo que recuerda al de hace un siglo: alternancia entre dos partidos de similares intereses, déficit democrático, corrupción, caciquismo… incluso la defensa de una monarquía que asume la jefatura del Estado.
Pero ahora hablaremos del modelo de hace un siglo y explicaremos las causas y los hechos que llevaron al régimen parlamentario de la Restauración hacia un régimen dictatorial, el de Primo de Rivera, si bien hay autores que afirman que la restauración no terminara ahí sino con el advenimiento de la Segunda República. Pero no entraremos ahí y nos centraremos en el fin del modelo parlamentario.

La crisis de la Restauración

La crisis comprende el marco cronológico situado entre 1917-1923.Tres son los ámbitos causales en donde se mueve la crisis del régimen Canovista: El ejército, la agitación social y el problema nacionalista. Estos tres ámbitos están apoyados así mismo en la crisis política, ya latente durante la Primera Guerra Mundial con la división de aliadófilos y germanófilos y la aguda crisis  económica de posguerra. Los tres ámbitos causales, aunque compartían descontento frente al Régimen, tenían en parte distintas  inquietudes e intereses propios y no una idea muy clara, y mucho menos conjunta, de la alternativa que perseguían.

Así pues, resaltaremos el germen político como causa principal de la crisis. La crisis económica sería, por tanto,  la chispa que desencadenaría la agitación por esas inquietudes políticas subyacentes.

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La crisis de la Restauración. Lectura, por un oficial, de un manifiesto de las Juntas de Defensa

Uno de los ámbitos de la crisis es el militar. Hay en el Ejército descontento con ciertos problemas de sueldos y promoción interna, en la consecución de grados. Había en los altos mandos una inquietud por intervenir en la política, sobretodo desde el desastre del 98. Desde aquel entonces, la intervención en política se convirtió en dinámica. Al haber perdido el imperio colonial, el Ejército se arrimó a la política como forma de legitimar su función en la sociedad. Les preocupaba, según ellos, la defensa de la patria. Éste elemento, al mismo tiempo que recelaba del Gobierno y la política, detestaba los otros movimientos que cuestionaban el sistema político. Cabe destacar en éste aspecto una opinión dividida en el ejército, habiendo no partidarios de alterar la dinámica política.

Se formaron las llamadas Juntas de Defensa, que eran grupos de presión de los militares para exigir a los gobiernos sus intereses. Las Juntas distorsionaban su propio papel frente a la opinión pública asumiendo un papel “regenerador” del sistema y además como inevitable debido al “fracasado regeneracionismo político”. Serán bien acogidos por la opinión pública.

En el lado político y de partidos, los nacionalistas catalanes de Cambó reúnen en asamblea a republicanos, socialistas y otros partidos excluidos por el sistema (hay autores que sostienen que no existió esa exclusión sino que los partidos no dinásticos no supieron organizarse ni movilizarse, si bien estos partidos no contaban con la influencia clientelar que disponían los partidos dinásticos y de las que se valían incluso para el fraude electoral). Se pretendía transformar la Asamblea en Cortes Constituyentes y hacer una renovación política pero “desde arriba”. Los medios de comunicación difundieron un mensaje exagerado alertando contra los “separatistas asamblearios”. Cambó intentará encontrar la colaboración de otros partidos y del Gobierno para la renovación política y la autonomía y de esta manera conseguirá llegar al Gobierno, llamado por el Rey para formar parte en los “gobiernos de concentración”, medida de urgencia frente a la crisis. La llegada de Cambó al Gobierno no sentó muy bien a las Juntas militares.

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La crisis de la Restauración. Caciquismo

El tercer foco de descontento y movilización es el formado por la misma sociedad, sobretodo la campesina y obrera. Aquí la crisis de posguerra fue especialmente cruel, donde hay una mayor imbricación entre la crisis económica y los intereses políticos, pues en las clases populares los intereses políticos estaban directamente relacionadas con la situación económica. El éxito de la revolución rusa provocó la movilización de éstas clases a la revolución social. Se potencian los sindicatos y las revueltas toman un cariz revolucionario pero sin planteamientos alternativos definidos. Éstos movimientos sociales se imbricarán con los militares y nacionalistas, en la última etapa del régimen parlamentario restauracionista, estorbándose mutuamente y enfrentándose entre si, a pesar de su punto en común acerca del cambio en la dinámica política. Estos intereses enfrentados crean la paradoja de que, por un lado, el Gobierno y el sistema prolongue su vida dentro de la agonía de verse rodeado entre varios frentes aunque enfrentados entre sí, y también que las fuerzas opositoras al Régimen encuentren, en ese enfrentamiento mutuo, la legitimidad que necesitan para subir al poder.

Hay que tener en cuenta ciertas actitudes de los gobiernos. Algunos intentaron un cambio en cierto sentido, incluso el mismo Rey tratará de equilibrar la crisis política con los gobiernos de concentración para paliar los ánimos entre los grupos políticos que se sentían excluidos. Algunos gobiernos intentaron reformas importantes pero eran insuficientes y el ánimo ya estaba demasiado radicalizado.

Pero, a mi entender, la voluntad del Rey y su poder fue la principal causa de la crisis política pues su intransigencia era el principal obstáculo  para el cambio político y la base inamovible del sistema, apoyado totalmente en él. Al final de la crisis se aprovecha de ella, especialmente de su relación y poder sobre el ejército, lava la cara del sistema sin perder poder con la entrada de Primo De Rivera en el Gobierno del Estado. He aquí la razón, antes esgrimida, de algunos autores de prorrogar el fin de la Restauración con la abdicación del propio rey y el advenimiento de la Segunda República.

Autor: Alejandro Pradas Galindo para revistadehistoria.es

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