La conquista de Masada
La conquista de Masada. Judea en el siglo I
Aunque inicialmente Judea era un reino independiente desde la revuelta macabea, en 164 a.C., a partir del gobierno de Herodes I el Grande había comenzado a ser un reino cliente del Imperio Romano. La influencia de Roma sobre Judea fue creciendo hasta llegar a convertirse en una provincia romana, siendo el rey sustituido por un prefecto nombrado por Roma. A partir del año 100 (tres décadas después de los hechos que cuento aquí) la provincia pasó a estar directamente gobernada por Roma.
La conquista de Masada. Tensiones sociales
Esta pérdida progresiva de independencia fue debida en parte a las continuas revueltas que se sucedían en el país. Y no era para menos, ya que la situación social era casi insostenible. Para empezar había una grandísima diferencia entre clases sociales. Por un lado estaba la clase alta de la sociedad judía, formada por la nobleza y la casta sacerdotal y copada por los saduceos, y el funcionariado romano que apoyaba a esta élite socioeconómica. Por otro los fariseos, cuyas tesis eran opuestas a las de los saduceos, y el pueblo, asfixiado por unos impuestos cada vez más altos y una reducción en las tierras disponibles debida al crecimiento demográfico de las décadas anteriores.
Además, y relacionado con esto, comienzan a tomar fuerza otras facciones político-religiosas. Un buen ejemplo son los esenios, con una activa comunidad en Qumrán, y que nos dejaron los Manuscritos del Mar Muerto. Pero hubo también otras facciones.
La conquista de Masada. Zelotes y sicarios
Pronto cogió fuerza entre los judíos un grupo nacionalista radical y fundamentalista religioso conocido como los zelotes, cuyo objetivo era conseguir que Judea se independizara del Imperio Romano. Y para ello eligieron la vía de la lucha armada. De hecho, a menudo los zelotes son considerados el primer grupo terrorista de la historia, ya que no dudaron en asesinar a los civiles que colaboraban con los romanos. Dentro de los zelotes había una rama aún más radical, los sicarios. Era una facción particularmente violenta, radicales entre los radicales. Sus líderes eran Menahem ben Yair, Eleazar ben Yair y Simón bar Giora.
La conquista de Masada. La Gran Revuelta Judía
En fin, como ves tenemos todos los elementos para un cóctel explosivo: desigualdades sociales, altos impuestos, pobreza, un pueblo invasor que apoya a la élite y facciones radicales. Era inevitable: estalló una revuelta. El detonante fue un linchamiento multitudinario de judíos llevado a cabo en el año 66 por los griegos en la ciudad de Cesarea, ante la mirada impasible de la guarnición romana. Además se supo que el procurador romano había robado dinero del tesoro del Templo.
De no haber sido eso habría sido cualquier otra cosa, claro está. Con ese clima social la insurrección era inevitable. El hijo del Sumo Sacerdote llamó al pueblo judío a atacar la guarnición romana de Jerusalén.

La conquista de Masada. La Primera Guerra Judeo-Romana
Después de una primera victoria de los judíos contra los romanos en Beth Horon, en la que terminaron con 6.000 legionarios en una emboscada, el emperador Nerón puso al frente de la campaña a uno de sus generales más experimentados, el laureado general Vespasiano.
Y Vespasiano fue implacable. Concentró cuatro legiones en Judea (unos 60.000 hombres) y fue aplastando ciudades insurrectas una por una, aislando así el foco de la rebelión en la capital de la provincia, Jerusalén.
La conquista de Masada. El asedio y la toma de Jerusalén
En el año 69 Vespasiano fue nombrado emperador, por lo que tuvo que regresar a Roma. Dejó a su hijo Tito (que más tarde llegaría a sucederle como emperador) a cargo del asedio de Jerusalén. Era cosa hecha. Fue un asedio cruel. Los romanos estaban decididos a dar ejemplo para terminar con los levantamientos y crucificaban a todo civil que capturaban en la ciudad. Flavio Josefo habla, en los momentos álgidos del asedio, de unas 500 crucifixiones diarias.
El final te lo puedes imaginar: tras cinco meses de asedio con los jerosolimitanos muriendo de hambre y enfermedades, en el verano del año 70 los romanos entraron en la ciudad, robaron, violaron y mataron. Mucho. Uno de los daños colaterales fue la destrucción del Templo de Jerusalén, del que sólo quedó en pie el muro occidental que hoy es conocido como Muro de las Lamentaciones. Las tropas romanas expoliaron el Templo, robando entre otras cosas la Menorá y el Arca de la Alianza.

La Menorá fue llevada a Roma como trofeo y exhibida en el Templo de la Paz, de donde seguramente fue robada durante el saqueo de Roma en 455 por los vándalos. Del Arca de la Alianza nunca más se supo, al menos con certeza. Tras la caída de Jerusalén uno de los líderes de los sicarios, Eleazar ben Yair, consiguió huir del ataque romano junto con un grupo de fieles y sus familias y se refugiaron en la abandonada fortaleza de Masada, que había sido construida por Herodes el Grande un siglo atrás.
La conquista de Masada. La fortaleza de los sicarios
Masada era una ciudadela construida sobre una meseta situada en el desierto de Judea, cerca del Mar Muerto. Esta meseta tiene 500 metros de altura, y sus escarpadas laderas son más bien acantilados de más de 50 metros en su parte más baja.

Además, la meseta ocupada por la fortaleza había sido completamente rodeada por una muralla. El único acceso de entrada a la ciudadela era un estrecho y serpenteante camino conocido como “el camino de la serpiente”. En la actualidad existe un teleférico para los turistas y también se puede acceder por un camino se sube por la rampa de asedio romana hasta la puerta sur.

Como puedes ver, el emplazamiento que Herodes había elegido para su palacio era una auténtica fortaleza inexpugnable. Seguramente notaba que la situación en Jerusalén se pondría difícil antes o después y quería contar con un palacio en un lugar bien seguro. De hecho Masada es una romanización del hebreo metzuda, fortaleza o ciudadela. Masada no sólo estaba excelentemente fortificada, sino que además estaba muy bien preparada para resistir un asedio. Para ello era imprescindible el poder contar con grandes reservas tanto de alimentos como de agua, habida cuenta de su situación en pleno desierto.
Por ello, además de grandes almacenes de provisiones con capacidad para varios años, Masada contaba con un avanzado sistema de aguas que recogía y almacenaba las esporádicas lluvias torrenciales del desierto de Judea y las acumulaba en enormes cisternas talladas a mano en la roca sólida. La mayor de estas cisternas mide 24x9x10,5 metros. Haz números, a mí me sale una capacidad de más de dos millones de litros de agua.
La conquista de Masada. El asedio de Masada
Después de dos años los sicarios aún continuaban en Masada, lanzando asaltos puntuales a unidades romanas y aldeas de la zona, hasta que el gobernador romano de Judea, Lucio Flavio Silva, decidió terminar con ellos. Así que allá fue al mando de una legión (la Legio X), cuatro cohortes auxiliares y dos alas de caballería. Levantaron ocho campamentos al pie de la montaña (de los que aún se pueden ver los restos) y comenzaron el asedio.

Y no fue sencillo. Contando las tropas y los esclavos eran más de 15.000 personas (sin contar los mil caballos de las unidades de caballería) así que necesitaban 16 toneladas de comida y 23.000 litros de agua… ¡cada día! Todo esto había que traerlo de Jerusalén, a más de 90 kilómetros por el desierto. Cada día tenían que traer 400 burros cargados de suministros por una carretera que tuvieron que construir atravesando el desierto de Judea. Cada día durante los siete meses que duró el asedio.
Finalmente los romanos optaron por una vía más expeditiva: construyeron una rampa de madera y barro de unos 200 metros de longitud desde un promontorio cercano que llegaba hasta la muralla, y la utilizaron para subir una torre de asedio con ariete hasta la fortaleza. Se disponían a romper la muralla.

La conquista de Masada
La cosa estaba clara y los sicarios sabían el destino que les esperaba, así que decidieron salir a su encuentro. El día antes de que los romanos penetraran en la ciudadela los hombres se reunieron (posiblemente en la sinagoga, ya que era el lugar de reunión habitual y donde se trataban los temas importantes) y Eleazar ben Yair se dirigió a ellos para proponerles su plan. Este discurso ha llegado hasta nosotros gracias a Flavio Josefo.
Valientes hermanos: hace tiempo hemos llegado a un acuerdo de no someternos a los Romanos, como tampoco a otras fuerzas que quieran dominarnos.
[…]
Está en nuestras manos el poder elegir una muerte heroica, nosotros junto a nuestros queridos. No podrá nuestro enemigo impedirlo a pesar de su anhelo de apresarnos vivos. Tampoco nosotros podemos apresarlos, por lo tanto, mueran nuestras mujeres antes de ser profanadas, mueran nuestros hijos antes de experimentar la esclavitud, que felices seremos llevando nuestra independencia hasta los sepulcros y destruyendo con el fuego la fortaleza y todo lo que dentro de ella se encuentra.
[…]
Vayamos a la muerte antes de ser esclavos del enemigo. Libres quedaremos al abandonar este mundo, ¡nosotros, nuestras mujeres y nuestros hijos!
La conquista de Masada.El fin
Y eso es lo que hicieron. Cada hombre mató a su familia y después se decidió por sorteo cuáles serían los encargados de matar a los demás. En relación con esto, en la excavación arqueológica se ha realizado un hallazgo cuanto menos curioso: doce trozos de alfarería con nombres escritos a mano en ellos. Uno de estos nombres es el de ben Yair.

Nada garantiza que estos trozos de alfarería fueran los que se utilizaran para el sorteo (además Flavio Josefo habla de que se eligieron sólo diez hombres, no doce) pero desde luego es una hipótesis muy tentadora. Cuando al amanecer del 14 de abril del 73, siete años después del comienzo de la Gran Revuelta Judía, los romanos lograron atravesar la muralla no hallaron en Masada más que cadáveres. Los 960 judíos, hombres, mujeres y niños, que habían sobrevivido al largo asedio decidieron incendiar los edificios y almacenes y suicidarse, antes que someterse al enemigo. Solamente dejaron sin incendiar los almacenes de víveres para que los romanos tuvieran bien claro que el suicidio no se había debido al hambre.
Sólo hubo siete supervivientes, dos mujeres y cinco niños que se habían escondido en una gruta, incapaces de afrontar el destino elegido por la comunidad. Aunque la rebelión fue aplastada, las causas que habían dado lugar a la guerra (las grandes desigualdades sociales, la pobreza de las clases bajas y las tensiones político-religiosas) no se solucionaron, así que las revueltas seguirían sucediéndose en la región en los siglos siguientes.

Visita virtual a Masada
Puedes ver la situación de Masada en Google Maps aquí. Si haces zoom puedes ver las ruinas de los dos complejos principales del palacio de Herodes al norte y al oeste. También puedes ver el camino de la serpiente llegando por el lado este.
Además puedes realizar una visita virtual a las ruinas por medio de Street View. Comenzando desde este punto te encuentras en un mirador en el borde oriental de la ciudadela. Era la antigua puerta de entrada desde el camino de la serpiente. Puedes ver el Mar Muerto al fondo.
A la izquierda puedes ver la estación de teleférico para turistas y a la derecha puedes observar las escaleras que llegan desde el camino de la serpiente, aunque no se puede recorrer. A tu espalda está el acceso a la explanada con un camino de cemento que la recorre.
Enseguida podrás ver la torre del palacio de Herodes. Si sigues por el lado izquierdo llegas hasta la muralla, que puedes recorrer, y al palacio oeste. Si vas tomando el camino de la derecha (con escalones) llegas al palacio norte. Te recomiendo encarecidamente que te tomes unos minutos para visitarlo, merece la pena. A la entrada del mismo encontrarás una reproducción del palacio completo a escala. Las estancias se pueden visitar también.
Aquí estás en el gran patio mirador de Herodes, en el punto más septentrional de la meseta. Si das un paso más al frente estarás en el borde: disfruta la grandiosa vista del desierto de Judea. Abajo a la izquierda puedes ver los restos de un campamento romano. Y justo debajo de ti, esa estructura redonda, los restos de los antiguos baños.Aquí puedes ver la reconstrucción a escala de estas estructuras.
Es dentro de este palacio, exactamente aquí, donde se encontraron los trozos de alfarería con los nombres escritos. Se corresponde con el fondo del corredor descubierto que termina justo donde arranca la escalera que puedes ver en la imagen siguiente.

Entre el palacio norte y el palacio oeste se encuentran la sinagoga, donde aún se pueden ver las columnas y las gradas (se puede entrar), la casamata de los rollos, donde los arqueólogos encontraron numerosas reliquias incluyendo rollos de papiro, flechas, llaves e incluso un escudo de madera, y el columbarium (palomar).
Aquí está la entrada al palacio oeste, con la gran sala del trono de Herodes. También es recomendable una visita. En él puedes encontrar algunas maravillas, como este mosaico, situado en una de las salas contiguas a la del trono.
Autor: Enrique Ros para revistadehistoria.es desde http://www.apuntesdehistoria.tk/
¿Eres Historiador y quieres colaborar con revistadehistoria.es? Haz Click Aquí.
Una vez tomada, ¿qué fue de la fortaleza? ¿Fue usada por Roma o abandonada? A lo largo del tiempo, ¿alguna potencia la utilizó?