La Conjuración de Catilina

¡Regala Historia con los nuevos Cheques Regalo! ideales para Cumpleaños, Santos, día del Padre, día de la Madre, Navidad y Reyes. Más información Aquí

Tiempo de lectura: 5 minutos

Lucio Sergio Catilina nació en Roma en el año 109 a. de C., dentro de una familia patricia venida a menos. Seguramente, debido a ello, tuvo siempre una ambición desmedida y una pasión por llegar a la cumbre del Estado, para lo que nunca le importó utilizar cualquier método a fin de ascender como fuera y lo más rápidamente posible.

Empezó su carrera luchando en las guerras civiles, primeramente, bajo el mando de Pompeyo Estrabón, en el 89 a. de C., y luego de Sila, hasta el 81 a. de C. Colaboró fervientemente con este último en sus famosas y sangrientas proscripciones y no le importó matar, entre otros, a su propio cuñado, Marco Mario. Al principio, su carrera fue muy bien. Cuestor en el 77 a. de C., pretor en el 68 y prefecto de África en el 67 y 66.

A pesar de que ya había tenido anteriormente algún roce con la Justicia, sus problemas empezaron cuando ya se disponía a ser cónsul, la más alta magistratura romana, y tenía muchas posibilidades de ser elegido para ese cargo.  De pronto, le acusaron de haber administrado mal los fondos públicos de su provincia y esto le impidió ser elegido, hasta que saliera el juicio y se resolviera este asunto. Algunos le acusaron de estar metido en un complot para asesinar a los dos nuevos cónsules, pero no se le pudo probar nada. Además, ya gozaba de la protección del famoso Craso, el hombre más rico e influyente de Roma.

Catilina
Catilina

Para las elecciones del siguiente año, se presentó como una especie de portavoz de los descontentos y, sobre todo, de los veteranos de Sila. Estos últimos le apoyaron, porque le veían como el sucesor de ese personaje. Prometió que, si llegaba al poder, cancelaría todas las deudas y perseguiría las fortunas de los ricos. Algo que, incluso hoy en día, sería tremendamente popular. Obtuvo algunos apoyos muy importantes, como los de César y Craso. El problema era que tenía enfrente a un competidor muy peligroso. Nada menos que el gran orador, Cicerón.

La Conjuración de Catilina
La Conjuración de Catilina

Como era de suponer, este último, salió elegido. Algo que no gustó absolutamente nada a nuestro personaje. Parece ser que pesó mucho, en su contra, el haber participado de manera activa en las horribles proscripciones de Sila. Lo intentó de nuevo en el 62 a. de C., pero volvió a ser derrotado. Esto ya era algo que su ambición no lo podía permitir y empezó a recurrir a ciertos medios ilegales para llegar a ese puesto.

La Conjuración de Catilina

En su desesperación, no se le ocurrió otra cosa que preparar un complot contra el Estado. Se rodeó de nobles y veteranos descontentos, puesto que las grandes familias de Roma ya no le apoyaban.

50% de descuento en Revista de Historia Digital ¡¡Date prisa!!
Incluso, hasta se apuntaron algunos esclavos a su bando. Con éstos, intentó hacer una sublevación en Capua.

La Conjuración de Catilina
La Conjuración de Catilina

Se hizo realmente popular, por ser un patricio que apoyaba a la clase plebeya. Así que llegó a reunir una gran cantidad de dinero y armas. Entre los planes de Catilina estaba asesinar a Cicerón la madrugada del 7 de noviembre del 63, pero éste había sido prevenido a tiempo por sus amigos y logró huir, antes de que llegaran los matones a su casa. Al día siguiente, Cicerón, pronunció ante el Senado uno de sus célebres discursos dirigidos contra nuestro personaje. Una de sus frases, con el tiempo, se ha hecho muy famosa:

“¿Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia, Catilina?”.

La intervención causó el efecto deseado. Así que Catilina huyó en medio de la sesión y se fue a reunir con su ejército, que estaba acantonado en Etruria. Este movimiento fue un error por parte del conjurado, pues, aunque los patricios del Senado le hubieran acusado de ese complot, se cree que la mayoría de los plebeyos estarían de su parte y sería complicado tomar alguna medida en su contra. Al huir, se acusó a sí mismo.

La Conjuración de Catilina
La Conjuración de Catilina

Incluso, algunos senadores aprovecharon la sesión para pedir que el conspirador y su amigo Manlio, fueran declarados enemigos públicos. Lo cual consiguieron, al aprobar el Senado un senatus consultum ultimum contra ellos. Esto sólo se hacía cuando la República se veía en grave peligro y dotaba al Senado de ciertos poderes excepcionales.

Además, poco después, se presentaron en Roma unos delegados de la tribu de los alóbroges, a los que los conspiradores habían tentado para ver si se sumaban a su bando, y les llevaron a los senadores unos escritos donde se detallaba perfectamente el complot. Estas pruebas le sirvieron a Cicerón para pedir el encarcelamiento de todos aquellos cabecillas de la conspiración, que no hubieran logrado aún salir de Roma.

Catón pidió al Senado la autorización para que los conspiradores que habían sido apresados recientemente, fueran condenados a muerte, sin juicio previo. Cosa que se aprobó y, por ello, fueron ejecutados un poco más tarde, mediante el método de la estrangulación, realizado en sus propias celdas.

Este comportamiento inusitado y absolutamente ilegal contra unos presos del Estado romano no sería olvidado por los enemigos de ambos y siempre les sería recordado, en forma negativa, a lo largo de sus carreras políticas. Se ordenó al otro cónsul, Antonio, que movilizara las tropas para buscar y enfrentarse a las de los conspiradores. Petreyo, que llevaba el mando de una parte del ejército senatorial, se enfrentó a las tropas de Catilina en un lugar cercano a Pistoria.

Se dice que los rebeldes presentaron una dura batalla, pero, al final, fueron derrotados por las fuerzas de Roma. En la misma batalla también murió Catilina, mientras estaba combatiendo.

La Conjuración de Catilina
La Conjuración de Catilina

De todas formas, es preciso decir que las fuentes de que disponemos en la actualidad, no son muy fiables en este caso, pues sólo contamos con las narraciones de Cicerón y de Salustio, que siempre fueron enemigos declarados suyos. Quizás, por ello, lo califican como un ser depravado, que realizó todo tipo de crímenes, sin arrepentirse lo más mínimo, y como un ejemplo de hasta qué extremos había llegado la decadencia de la República romana.

Autor: Juan Vila Salvador para revistadehistoria.es

¿Eres Historiador y quieres colaborar con revistadehistoria.es? Haz Click Aquí.

¿Nos invitas a un café?

Si quieres donar el importe de un café y “Adoptar un Historiador”, incluiremos tu nombre como agradecimiento en calidad de mecenas en un Artículo Histórico, puedes hacerlo Aquí:




También puedes apoyarnos compartiendo este artículo en las redes sociales o dándote de alta en nuestro selecto boletín gratuito:

 

Déjanos tu Email y te avisaremos cuando haya un nuevo Artículo Histórico

Discurso de Cicerón contra Catilina