La Casa Real de Windsor
El 13 de junio de 1917, en plena Primera Guerra Mundial, un escuadrón de la Fuerza Aérea Alemana (Luftstreitkräfte) formado por catorce bombarderos pesados cruzaba el mar del Norte para atacar Londres. Era un día claro y los aviones dejaron caer su mortífera carga poco antes del mediodía, en la zona del East End. El ataque impactó a los británicos, no solo porque resultó el primer ataque diurno llevado a cabo por aviones sobre su capital, ni por el número de bajas (más de 150 muertos y 400 heridos), sino porque los bombarderos alemanes, modelo Gotha G.IV, llevaban el mismo nombre que su rey.
Desde el inicio de las hostilidades en 1914 se extendió por Gran Bretaña un profundo sentimiento antialemán, que se fue agravando con el transcurso de la guerra. La hostilidad hacia lo germánico se plasmó con el saqueo de tiendas y de negocios, el internamiento de ciudadanos alemanes, la prohibición de representar obras de autores como Bach o Beethoven, incluso con el cambio de nombre de la popular salchicha de Frankfurt. Episodios como los crímenes de guerra cometidos por el ejército alemán durante la invasión de Bélgica, los ataques con gas venenoso, o el bombardeo de la población civil, fueron consecuentemente potenciados por la propaganda británica de la época que contribuyó a dispersas una imagen negativa de Alemania.
Una nueva dinastía: la Casa Real de Windsor
Ante la sugerencia del gobierno, el monarca se encontró frente al dilema de tener que elegir un nuevo nombre para su familia. Los monarcas británicos habían ido acumulando cientos de nombres a lo largo de la historia y en un principio se consideró volver al pasado, recuperando nombres de antiguas dinastías como Lancaster, York o Plantagenet. También se llegó a proponer Inglaterra como apelativo, como ya era costumbre en algunas monarquías en Europa. Sin embargo, se desestimó al considerar que dejaba de lado al resto de súbditos del monarca británico. Algunas propuestas como Wettin (origen de la Casa de Sajonia-Coburgo y Gotha) no eliminaban el problema. El nuevo nombre debía sonar familiar a oídos de los británicos y lo más importante, debía ser inconfundiblemente inglés. La solución se atribuye al secretario personal del rey, Lord Stamfordham que propuso utilizar Windsor, en relación a la residencia real. La sugerencia de Stamfordham era ideal. El propio castillo de Windsor daba credibilidad a la nueva casa. Al fin y al cabo, nombrarse después de un castillo había sido algo común en las dinastías de Europa Occidental, como la Casa de Habsburgo, Oldemburgo o Hohenzollern.
El cambio de nombre de la familia real se hizo oficial el 17 de julio de 1917 con una proclamación real. El documento emitido por Jorge V anunciaba que, a partir de ese momento, la casa real y la familia del rey pasaban a denominarse la casa y la familia de Windsor. Esta primera disposición estaba seguida de dos más que hacían especial mención a los descendientes del rey. La primera declaraba que todos los descendientes por línea masculina de la reina Victoria, excluyendo a todas aquellas mujeres que estuvieran casadas o se pudieran casar en un futuro, portarían el nombre de Windsor. Además, el rey renunciaba, en su nombre y en el de sus descendientes, a todos los títulos y dignidades de origen alemán, que a partir de la publicación de la proclamación dejaban de utilizarse.
Con la llegada al trono de la reina Isabel II en teoría la dinastía habría sufrido otro cambio de nombre, tal y como había ocurrido en casos anteriores. Del mismo modo que tras la reina Victoria se adoptó el apellido del príncipe Alberto, la casa real habría sufrido otro cambio de nombre, esta vez a Mountbatten, casa del duque de Edimburgo. Sin embargo, al ascender al trono en 1952, Isabel II ratificó Windsor como el nombre de la familia real del Reino Unido. Pocos años después, en 1960, la reina y el duque de Edimburgo tomaron la decisión de que sus descendientes se identificarían del resto de la Casa de Windsor. Por ello, Isabel II declaró en el Privy Council (Consejo Privado) que sus descendientes llevarían el nombre de Mountbatten-Windsor. Esta decisión no cambió el nombre de la casa real que seguía siendo únicamente Windsor.
Autor: Carlos Fernández Zofío para revistadehistoria.es -> Lee más del autor en https://tiemposdehierro.wordpress.com/
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Bibliografía
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