La Batalla de Lucena o de Martín González
Semanas después de la gran derrota que sufrieron las tropas cristianas, integradas por lo mejor de la nobleza andaluza, en la Batalla de la Axarquía (19 de marzo de 1483) donde Muley Hacén y el Zagal[1], derrotaron entre otros, a D. Pedro Ponce de León (Duque de Cádiz), y el Maestre de la Orden de Santiago D. Alonso de Cárdenas, dejando en el campo de batalla a más de mil muertos y haciéndose con unos mil quinientos prisioneros.
La Batalla de Lucena o de Martín González
Después de sufrir numerosas pérdidas los musulmanes se reagruparon y Boabdil dio la orden de levantar su campamento y encaminarse para el viejo camino de Granada, dirección Loja.
Cuando el Conde llega a Lucena y se entrevista con su sobrino, deciden ambos, salir en seguimiento del ejército musulmán. Boabdil y sus gentes fueron sorprendidos y no tenían tiempo de organizarse para emprender la retirada, por lo que ordenó organizarse en orden de batalla y luchar allí mismo.
Las tropas de los cristianos, en principio, en clara desventaja sobre el enemigo, pero con desbordado ímpetu y azuzados el sonido de los atabales y añafiles, encararon a su eterno enemigo con tan extraordinario vigor que en la primera embestida entre las fuerzas de caballerías dejaron a gran número de caballeros agarenos muertos en el suelo, entre ellos el famoso Aliatar, suegro del propio sultán y que había puesto cerco, en innumerables ocasiones, las murallas del municipio de Lucena. El propio Boabdil trató de huir, pero su caballo quedó atascado en el fango de la ribera del arroyo, dicen unos, pero quizás su cabalgadura fue herida de muerte por lo que el jinete no tuvo más remedio que correr y esconderse entre la vegetación para no ser descubierto. Pero el intento fue infructuoso porque fue visto por un peón de infantería —natural de Lucena— llamado Martín Hurtado, quien a golpe de pica consiguió acorralar al monarca, evitando que huyera y con la ayuda de otros infantes consiguieron reducirlo, después que éste opusiera una firme resistencia.Por los detalles de lujo de su panoplia, los combatientes que le apresaron dedujeron que el prisionero se trataba de alguien importante, a lo que él contestó que era hijo del Alguacil mayor de Granada; al ruido de la reyerta acudió el Alcaide de los Donceles y ante su presencia Martín Hurtado relató lo sucedido y presentó el cautivo a su señor, quien desmontando de su caballo le puso una banda roja en el cuello – como era tradicional en los prisioneros – lo hizo montarse en una acémila y lo envió con una escolta de lanzas a las mazmorras del Castillo del Moral, de la cercana Lucena. Quince días después sería entregado al Rey Fernando II en Córdoba, por el Alcaide de los Donceles y su tío el Conde de Cabra.
Autor: Francisco Durnes Sabán . Historiador del Arte para revistadehistoria.es
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Bibliografía:
[1] Muley Hacén y el Zagal (Mohamad XI y Mohamad XIII respectivamente) eran el padre y el tío del último sultán nazarí Mohamad XII, bautizado por los cristianos como Boabdil El Chico.