Joviano, emperador por error

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En la tres primeras décadas del siglo IV de nuestra era, el Imperio Romano vuelve a unificarse de la mano de Constantino el Grande y su capital se instala en Bizancio, bautizada como Constantinopla en su honor. Un siglo más tarde, el Imperio se desmorona tras ser invadida por los bárbaros.

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Pero antes de este trascendental momento, tiene lugar uno de los episodios más importantes en la historia de nuestra civilización como que el emperador romano se convierte al cristianismo. Tras su muerte, se sucede un período de inestabilidad, el Imperio se divide de nuevo y otros emperadores entran en escena, Constantino II o Juliano II, el apóstata.
Este último se convierte por derecho propio en protagonista al renunciar al cristianismo como religión oficial e imponer de nuevo el paganismo. También destaca su ardor guerrero que le llevó a participar en la última campaña contra los persas donde perdió la vida. En el intento de tomar la capital persa Ctesifonte es herido mortalmente ante sus murallas.

El imperio sasánida (persas) disputa a los romanos el dominio del mundo conocido. Aquel posee uno de los ejércitos más disciplinados y aguerridos. Son frecuentes las batallas por delimitar las fronteras con el Imperio romano en la parte oriental.

En este contexto, se desarrolla nuestra sorprendente historia: la muerte del emperador Juliano el apóstata obliga al relevo, primero para evitar la derrota total de la batalla y segundo a fin de sofocar el descontento se toma la decisión de nombrar sucesor a un simple comandante de la guardia de Juliano II, un hombre llamado Joviano.

Joviano, emperador por error

Comencemos por dar algunos detalles biográficos de nuestro hombre. Joviano es hijo de un soldado que ocupa un puesto relevante en la guardia de Constantino II, hijo de Constantino el Grande y heredero del Imperio. Siguiendo la tradición familiar, al alcanzar la mayoría de edad se integra en el misma guardia a la que pertenece el padre y en cinco años sube en el escalafón militar gracias a sus dotes guerreras y a un sentido de la responsabilidad y la lealtad extraordinarias. Además es un hombre de confianza de la seguridad de Juliano II

Joviano es por otra parte un cristiano de profundas convicciones, un rasgo que será relevante en su peripecia posterior. En la campaña que contra el emperador sasánida Sapor II emprende Juliano el apóstata, Jovianus es un participante más en la batalla y asiste en primera persona al desastre militar y a la muerte de su emperador.

El ejército romano es vencido a las puertas de la capital persa y obligado a batirse en retirada. Tras la desbandada, las tropas legionarias se reagrupan al día siguiente y en medio del desánimo, del miedo y la desesperanza se entabla la discusión para elegir allí mismo la elección de un nuevo emperador.

Aquí es cuando la historia da un giro extravagante, estrambótico. Los propuestos en primera instancia como Salustio se desmarcan, prefieren no asumir ese delicado protagonismo. Entonces todos los ojos se vuelven sobre la figura de este humilde comandante a quien designan como el emperador de todos los romanos.

Pero en los libros de historia, los detalles de la aclamación de Joviano están revestidos de algún rocambolesco hecho, por ejemplo, que los soldados, metidos de lleno en la decepción por la derrota y la huida humillante y también por la muerte de su jefe, el emperador, cuando algunos aclaman a “Jovianus” como el sucesor del caído en combate Juliano II, creen escuchar, por confusión el nombre de Juliano y se unen al coro de voces:

“Julianus, Julianus, Julianus; Jovianus, Jovianus, Jovianus”.

Y así de forma extraña es elegido.

La otra versión que da el historiador Marcelino Amiano es la confusión de personas, al Joviano que eligen para emperador no es el Joviano propuesto al principio, pero para no crear más tensión se acaba aceptando al nuevo aunque no tenga nada que ver con el primero y que parece que reunía mejores cualidades.

Al final, parece que los hechos dan razón a los que creen que su elección fue un disparate cargo; su trayectoria fue considerada de humillante, tanto en lo militar como en las decisiones políticas. Entregó numerosos territorios a los persas para evitar la muerte, pero no evitó una derrota sin honor.

En cuanto a su cristianismo, terminó por marcar sus decretos políticos pues trató de corregir el rumbo pagano de Juliano el apóstata, favoreciendo a los cristianos, lo que creó gran malestar en la sociedad romana.

Ocho meses de ser proclamado emperador apareció muerto en su tienda, probablemente intoxicado por unos hongos…

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