José I, rey y ladrón de arte

Nos encontramos en marzo de 1813. Al rey de España, José I Bonaparte, le llegan noticias de Napoleón, donde su hermano le comenta los problemas que están teniendo en el frente ruso y le solicita ayuda para detener el ataque enemigo sobre territorio francés.

Éste, ordena que todo el destacamento francés diseminado por España, marche hacia Francia.


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José I, rey y ladrón de arte

También el propio monarca se prepara para dejar Madrid. Entre sus pertenencias, se encuentran más de doscientas obras de arte, generalmente cuadros, de autores tan importantes como Diego Velázquez, Tiziano, Juan de Flandes o Giulio Romano, entre otros.

Como escribió Benito Pérez Galdós en “El equipaje del rey José” (uno de sus Episodios Nacionales), para transportar a Francia todas las pertenencias del rey, eso obligaba “a embargar todos los coches y carros de la villa, y aún no bastará”.

De camino a la frontera, se encontraron en las proximidades de Vitoria con las tropas del gran ejército aliado de Wellesley. Tras un duro enfrentamiento, el triunfo cayó del lado aliado, siendo esta batalla de Vitoria el último gran combate de la guerra de independencia española y que implicó el inicio del fin de la invasión francesa.

Los vencedores encontraron entre las pertenencias del rey, infinidad de documentos de Estado, correspondencia real, planos y doscientas telas arrancadas de los marcos reales de Madrid. Todo ello, tras la desbandada de José I hacia Pamplona.

Al no ser un entendido en arte, Wellesley decidió trasladar las obras a Londres, para que su hermano Maryborough las examinara y las catalogara, descubriendo así la dimensión de las riquezas que el monarca intentaba dirigir al país vecino. Una vez averiguado el origen de las obras, Wellesley (futuro I duque de Wellington), ordenó comunicar a Fernando VII, nuevo monarca español, su deseo de devolver las obras a la colección real española. La cuestión es que no recibió respuesta, y cansado por la espera, insistió de nuevo enviando una carta al conde Fernán Núñez, que por aquel entonces era el representante de España en Inglaterra. El conde, en nombre de la Casa Real, le respondió que el rey, emocionado por su atención, no deseaba privarlo de lo que había llegado a su posesión por cauces tan justos como honorables.

El duque de Wellington, héroe de las guerras napoleónicas y vencedor de Waterloo, recibió regalos de los países a los que liberó, y al regresar a Inglaterra, inició su propia colección. Acondicionó Apsley House con el fin de transformarla en su residencia, donde expuso todas las obras de arte obtenidas en los años anteriores.

En su testamento, cedió al English Heritage toda su colección, siendo esta indivisible para su conservación. La familia transformó en museo su residencia y posteriormente la cedieron al Estado británico. Actualmente, se muestran casi un centenar de obras que en Inglaterra llaman el “regalo español” que Fernando VII hizo a Wellington solo unos años antes de inaugurar su Museo Real de Pinturas en El Prado, lugar en el que esos cuadros deberían de haber llegado a estar expuestos.

Autor: Juan Álvarez-Nava García para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

  • Corral Lafuente, José Luis. El Rey Felón. De las Cortes de Cádiz a Waterloo. Edhasa 2009.
  • Álvarez Barrientos, Joaquín (2008). La Guerra de la Independencia en la cultura española. Madrid: Siglo XXI de España Editores.
  • Largo Martín, Miguel Ángel (2011). La estrella de Wellington comenzó a brillar en Fuenteguinaldo(1.ª edición). Valladolid: Castilla Ediciones.
  • Malye, Françoise (2007). Napoleón y la locura española. Madrid: Editorial EDAF.
  • Episodios Nacionales, de Benito Pérez Galdós