Iugula! (Degüéllalo!)

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Iugula! A partir del siglo IV a.C, y en algunas regiones de Campania y Etruria, se observa un característico ritual funerario en el que, tras la muerte de un reconocido guerrero o personaje ilustre, se organizaban sacrificios en su honor. En un principio, se realizarían sacrificios humanos (generalmente prisioneros) para agradar a los dioses; la ofrenda en sangre sería de obligada realización y garantizaría la vida del difunto en el más allá. Este ritual funerario, será adoptado por los romanos (reciben la influencia cultural cuando se aliaron con los pueblos de Campania para luchar contra los samnitas. 343 y 290 a.c.), aunque de forma suavizada, al sustituir los sacrificios por combates a muerte. Estos luchadores, llamados bustuarii, combatirían cerca del lecho del difunto portando las mismas armas, sin ningún tipo de diferenciación. Dentro de este contexto funerario debemos enmarcar los primeros combates gladiatorios.

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Iugula! (Degüéllalo!)

En Roma, las primeras luchas gladiatorias de las que tenemos constancia, se remontan al año 264 a.c. Junius Brutus, para conmemorar la muerte de su padre, organizaría un combate en el Foro Boario. En principio, los combates de gladiadores se desarrollaban en el foro y en estructuras provisionales de madera creadas para tal efecto. Con el paso del tiempo, se construyeron estructuras específicas (los anfiteatros, en latín amphiteatrum) que terminarán siendo de piedra (el primer anfiteatro construido en piedra fue levantado por Augusto en el año 29 a.c). En cualquier anfiteatro podemos distinguir, una zona destinada  a la lucha y a la realización de distintos espectáculos (la arena), y otra destinada al público (la grada o cavea). La sección más cercana a la arena, (la zona de las personalidades), estaba separada de ésta por un muro alto, generalmente de mármol y sin asideros. Por encima de esta sección, se situarían otras, destinadas a los ciudadanos pertenecientes al orden equestre, a los tribunos y al resto de ciudadanos. Uno de los anfiteatros más admirados y visitados en el mundo, es el Coliseo en Roma. Vespasiano, fundador de la dinastía Flavia, ordenó la construcción de un imponente anfiteatro, que con el tiempo sería llamado Coliseo. Esta edificación destaca por sus proporciones (los ejes de la planta tienen 188 metros de largo y 156 metros de ancho), y por sus complejos mecanismos subterráneos (rampas, montacargas, conducciones de agua; la mayoría situados debajo de la arena), que posibilitarían la realización de diferentes tipos de espectáculos. En el Coliseo, al igual que en otros anfiteatros, las gradas estaban separadas por unos pequeños muretes (balteus), que servían para dar cierto ordenamiento interno al conjunto. En la primera sección (podium), la más cercana a la arena, se situaban las personalidades más ilustres e importantes como eran los procuradores, senadores, vestales, etc. También se situaba en esta zona el palco del emperador.

Coliseo
Iugula. Coliseo

Ya al final del periodo republicano, los combates pierden su carácter funerario para convertirse en un verdadero espectáculo de masas. La organización de los mismos, por parte de magistrados y otras autoridades, se convierte en un mecanismo para conseguir popularidad y apoyos sociales con los que progresar en la carrera política. Con el paso del tiempo, los combates comenzarán a ganar mucho seguimiento y, junto a las carreras de carros, serán los espectáculos más deseados por los romanos. Por esta razón, el estado romano en el año 105 a.c., incorporará las luchas gladiatorias en el calendario oficial de los espectáculos públicos. En ese mismo año, mediante una ley, se prohíbe la celebración de combates que no tuviesen el consentimiento de las autoridades civiles.

En principio, cualquier persona podría ser gladiador, lo normal era que los luchadores fuesen prisioneros de guerra, condenados a muerte y esclavos. También había hombres libres que, desesperados por deudas, formalizaban un contrato y se “alquilaban” a los dueños de las escuelas, para luchar como gladiador durante el tiempo estipulado. Todos, independientemente de su condición social, eran instruidos en escuelas en las que se impartía un estricto adiestramiento. Al principio, las escuelas gladiatorias estuvieron en manos de particulares que actuaban como intermediarios o tratantes: eran los lanistae; especie de empresarios que proporcionaban luchadores a los organizadores de los espectáculos (los lanistae, llegaron  a ganar mucho dinero ya que fijaban los precios y establecían las tarifas en caso de muerte o mutilación del gladiador suministrado). La gestión de las escuelas gladiatorias en Roma en época imperial, fue un asunto gestionado por el estado, a través de unos magistrados llamados procuratores a muneribus (una de las escuelas más importantes fue la creada por Domiciano cerca del Coliseo).  Al ser el estado directamente el gestor de los espectáculos, la intermediación ya no fue necesaria; por esta razón los lanistae, terminarían desapareciendo (aunque en las provincias siguieran actuando).

En época imperial, la organización de combates gladiatorios se convierte en un asunto de estado. A través de la organización de los mismos, se buscará exaltar los valores propios, respecto a los de su entorno; estamos ante un verdadero mecanismo romanizador. La organización de estos eventos fuera de Roma, servirá para mostrar la capacidad organizativa del estado romano, exaltar el espíritu combativo y mostrar toda la grandeza de Roma.

El mismo Augusto, se dio cuenta de que podía obtener un gran apoyo social a partir de la gestión y explotación de los combates. Por esta razón, Augusto, legisló sobre todos los aspectos asociados a los combates: ordenó la construcción de anfiteatros en Roma y la creación de escuelas imperiales de gladiadores (ludi imperiales); en el calendario oficial, se reservarán más días para la celebración de combates, con el objetivo de que todo el mundo pudiese presenciarlos; restringe la capacidad de los pretores provinciales a la hora de organizar combates (se les permite dar dos espectáculos al año y emplear sólo 60 gladiadores por combate), para evitar que éstos rivalizasen en grandiosidad con los espectáculos organizados por él mismo. Augusto organizó combates que duraron varios días, y en los que lucharon centenares de gladiadores.

Con Augusto se fijan unas condiciones mínimas legales para poder organizar un combate gladiatorio (munus legitimun); cualquier autoridad provincial, se deberá acoger a ellas. Desaparecen determinadas categorías de gladiadores, para crear otras: desaparece el gladiador samnita, para dar lugar al secutor, oplomachus y murmillo (éstos asumen el estilo de combate y las armas del anterior); será obligatorio combatir con yelmo en vez de casco; se obligará a los espectadores a guardar un determinado orden en los anfiteatros. Augusto prohíbe los combates a muerte en los que no había posibilidad de perdón (combates sine missione); esta medida supondrá un importante ahorro para las arcas del estado y, a largo plazo, una mejora importante para el propio espectáculo: ahora se podrían enfrentar dos gladiadores veteranos y famosos (equivalentes a las estrellas de fútbol de hoy día), sin tener que presenciar la pérdida de uno.

Los espectáculos gladiatorios, en ocasiones, fueron utilizados por los emperadores como válvulas de escape ante el descontento social. En periodos de hambre y crisis, se organizaban estos espectáculos para entretener a las masas de ciudadanos y evitar que su descontento desembocase en movimientos contra del orden establecido. El ciudadano abstraído de los problemas, se relajaba en el espectáculo. Por otro lado la misión propagandística es clara: se organizaban eventos de este tipo para aumentar la popularidad y conseguir que el vínculo entre el emperador y el pueblo no desapareciese. Era importante para los emperadores mantener un canal de diálogo y cercanía con el pueblo, y la manera de conseguirlo era a través de estos espectáculos. En el anfiteatro, el pueblo, disponía de una total libertad para mostrar (mediante alabanzas, gritos, insultos, etc.) su proximidad o distanciamiento hacia la política del emperador. En múltiples ocasiones, el pueblo manifestaba sus reivindicaciones desde la grada. El emperador, para no empañar su imagen pública, estaba casi obligado a manifestarse. El emperador que no atendía a las reivindicaciones de los ciudadanos desde las gradas, o no se mostraba atento o interesado en los combates, era visto como un mal emperador.

Los espectáculos gladiatorios (munera gladiatoria) se anunciaban con días de antelación, se informaba por las distintas calles sobre el motivo de la celebración, las escuelas de gladiadores y los nombres de los participantes, la fecha del espectáculo y los organizadores. La organización de los combates gladiatorios resultaba cara, sobre todo si se quería disponer de los gladiadores más veteranos y famosos; cuantos más participasen mayor sería el precio a pagar.

El día del espectáculo, antes de la lucha, los gladiadores hacían su entrada en el anfiteatro con vestimentas de alta calidad con bordados en oro y tejidos de color púrpura; al parecer, se trataba de un momento de gran solemnidad. Acto seguido hacían una simulación de los combates que se podrían dar, utilizando para ello armas inofensivas. Después de la exhibición, se realizaban los emparejamientos mediante un sorteo público presidido por el organizador. El sorteo se realizaba de tal manera que se buscaban los emparejamientos más equilibrados; el objetivo era hacer los combates interesantes (se evitaban los emparejamientos entre gladiadores de la misma categoría, y se tenía en cuenta la experiencia). Después de hacer una revisión de las armas, y comprobar que éstas se encontraban bien afiladas, comenzaba la lucha.

Junto a los gladiadores en la arena, estaban presentes los lorarii, encargados de azotarlos o fustigarlos cuando se consideraba que la lucha no tenía demasiada intensidad; y los árbitros, encargados de parar el combate (si le daba tiempo) y dar lugar a que el público manifestase su veredicto.

En un combate a muerte, el gladiador derrotado (siempre que pudiese físicamente), podía solicitar clemencia levantando tres dedos de la mano izquierda. En principio el vencedor podía decidir, pero era normal que esta decisión se dejase en manos del organizador del espectáculo (Ej. el emperador), y que éste a su vez escuchase al pueblo. Si el gladiador derrotado había luchado bien, y gozaba de simpatía entre el público, se le perdonaba la vida. En caso contrario, el público gritaba: ¡iugula! (degüéllalo), en este caso el gladiador derrotado se preparaba para recibir la muerte. Los vencedores recibían la palma de la victoria, joyas, e incluso si era esclavo podía recibir una espada de madera que simbolizaba su libertad.

Iugula
Iugula. Jean-León Gérôme, 1872, Phoenix Art Museum Collection. Si los espectadores ponían su pulgar hacia abajo (pollice verso), y gritaban “iugula”, el emperador con el mismo gesto, ordenaba su ejecución.

Los juegos gladiatorios duraban durante todo el día. En horas de baja afluencia de público, se celebraban los actos más crueles en los que se enfrentaban hombres armados a otros desarmados. A medio día, se hacían representaciones de episodios mitológicos, que solían acabar con la muerte de sus protagonistas. Por la tarde se organizaban espectáculos con animales salvajes (venationes), bien podían ser simples exhibiciones de animales exóticos, luchas entre animales o enfrentamientos entre animales y hombres. En ocasiones, cuando estaba previsto realizar algún espectáculo con animales salvajes, se aprovechaba la ocasión para promulgar las sentencias conocidas como damnatio ad bestias: los reos condenados a muerte, serían ejecutados echándolos a las fieras.

Según la técnica empleada en el combate, el tipo de armamento y la vestimenta, nos encontramos con múltiples categorías de gladiadores; otras categorías simplemente adoptaron el nombre del lugar de origen de los combatientes. En general, casi todos portaban un calzón o taparrabos llamado subligaculum, que se ataban a la cintura mediante un cinturón (balteus) muy ancho que servía de protector. También era habitual que la mayoría de los gladiadores, se pusieran a modo de protección, unas tiras de cuero o telas (fasciae) envolviendo las piernas y los brazos. Casi todos llevaban yelmo, en vez de casco, con muchas decoraciones. Los elementos de protección (yelmo, manicas, fasciae, escudo, etc.) no están pensados para velar por la seguridad de los combatientes. El objetivo, ante todo, era preservar la calidad del espectáculo: se quería evitar que un simple golpe o tajo, en una zona de fácil golpeo (cabeza y las extremidades), mutilase e incapacitase al adversario para el resto del combate.

Iugula
Iugula. Yelmos de gladiadores. Estos ejemplares proceden de Pompeya.

En cuanto a la técnica de combate, era habitual intentar atacar la tibia izquierda del adversario, por ser ésta la parte más expuesta de un combatiente diestro (un gladiador diestro, generalmente mantiene la guardia sujetando el escudo con la mano izquierda; la postura corporal sería tener adelantada ligeramente el brazo y la pierna izquierda), para terminar pronto la lucha. Por esta razón se obligó a los gladiadores diestros, que portasen escudos pequeños, a protegerse toda la espinilla desde el tobillo hasta la rodilla, con unas protecciones de bronce (ocreae). No fue habitual el uso de este tipo de protección en las dos piernas, ya que supondría una carga excesiva. El objetivo a conseguir por los gladiadores era dañar el torso del adversario; la mayoría de los ataques se dirigían hacia esta zona. Muchas de las heridas que, a través de estudios arqueológicos, se han descubierto en restos óseos de gladiadores, se han evidenciado en la zona del muslo derecho (resulta lógico, pues cuando un combatiente diestro lanzaba un ataque, desde la posición de guardia, ésta era una zona muy expuesta.). Atacar la cabeza del adversario no estaba bien visto, pues como hemos dicho podría acabar rápidamente con el espectáculo.

En general, todas las categorías de gladiadores, podían ser englobadas en dos generales: la de combatientes de armas pesadas (scutarii) en las que entrarían los Murmillo, Secutor y Oplomachus, y los de armas ligeras (parmularii), representados por los Thraex y los Retiarius. Algunas de las categorías, más habituales:

Samnita: Fue la categoría más antigua. Los prisioneros de guerra que se hicieron durante las tres guerras samnitas (343-290 a.c), fueron obligados a combatir en la arena utilizando sus propias armas. Tiempo después, con la llegada de prisioneros de otras zonas conquistadas (Galia y Tracia), surgirán otras dos categorías; Gallus y Thraex. El gladiador samnita, portaba un gran escudo rectangular (scutum), espada (gladius) y ocrea en la tibia izquierda. A partir de Augusto, esta categoría deja de existir, dando lugar a otras: secutor, oplomachus y murmillo.

Thraex (tracio): Escudo pequeño (parma), espada curva llamada sica, y ocreae. En un principio combatía con las armas tradicionales del ejército tracio Solía llevar protecciones en la mano derecha (especie de mangas llamadas manica) compuesta por cuero y metal. Casi todo el cuerpo, excepto el pecho, estaba cubierto de piezas de metal y cuero. El tracio era el rival típico del murmillo y del oplomachus.

Iugula
Iugula. Gladiador tipo tracio

Andabata: De época republicana, desaparecerá en el período imperial. Se trata de una categoría de la que se sabe muy poco, tenía la particularidad de que combatía a ciegas. Portaba una especie de loriga metálica que le protegía todo el cuerpo (estaba fuertemente protegido). Luchaba con un yelmo sin ninguna apertura para la vista, y con una espada más larga de lo habitual.

Retiarius: Luchaba casi sin ropa y no portaba casco, escudo ni grebas. Portaba como arma ofensiva un tridente y una red para ser lanzada. La red la tenía atada con un cordel a la mano, para recuperarla en caso de que el ataque no tuviese su efecto. También podía cortar este cordel en el caso de que el rival, no enredado, tirase para atraer al retiarius a la lucha cuerpo a cuerpo. La técnica de combate del retiarius, se basaba en mantenerse siempre a una distancia alejada de su rival, e ir retrocediendo para ganar el espacio adecuado y lanzar la red. El espacio era vital, puesto que el tridente en distancias cortas, no es nada eficaz. El retiarius no llevaba escudo, tampoco yelmo ni otras protecciones, para permitirle la mayor agilidad y visión en la arena. Únicamente, llevaba una manica protectora rematada con una pieza de metal protectora del cuello (galerus). En ocasiones, se obligaba al retiarius a combatir desde lo alto de una plataforma de madera con acceso por dos rampas (sería similar a un puente). Se supone que se le daba así algo de ventaja sobre sus rivales, al combatir desde una posición elevada: sus dos adversarios, tratarían de subir poco a poco por las rampas.

Iugula
Iugula. Retiarius.

Secutor: Nombre derivado de sequor (seguir). Portaba escudo largo, espada y yelmo liso que tenía la particularidad de tener muy poca visión, (son dos agujeritos pequeños) y ser muy pesado. Para compensar la ventaja que tenía inicialmente contra el retiarius, se le fuerza a llevar un yelmo que le impide una buena visión; se le obliga a girar la cabeza o el tronco, además con este yelmo la respiración es muy mala, así se cansaba antes. Generalmente se enfrentaba al retiarius, y siempre estaba siguiendo a éste, para conseguir un combate cuerpo a cuerpo.

Iugula
Iugula. Secutor

Oplomachus: Escudo de influencia griega de ahí su nombre (oplon), coraza pectoral, casco de cimera con plumas, lanza, daga larga, y espinilleras (cnémidas), todo similar a los hoplitas griegos. Protecciones de cuero en piernas y muñecas. Solían combatir contra los tracios.

Iugula
Iugula. Oplomachus

Murmillo: Escudo largo rectangular, yelmo con una limitación para permitir la visión frontal y espada larga (spatha) junto a manica protectora en mano derecha Combatía con un yelmo en forma de pez, su técnica era esperar para lanzar un ataque veloz.

Iugula
Iugula. Murmillo en posición típica de espera. La mayoría de las heridas recibidas, en un atacante diestro, se localizaban en el muslo derecho

Existen otras categorías de gladiadores, aunque no son tan conocidas como las anteriores:

Laquearius: Semejante al retiarius, pero utiliza como arma arrojadiza un lazo, en vez de la red.

Provocator: Luchaba con una espada muy larga poco habitual.

Dimachaerus: Luchaba con un par de machetes.

Iaculator: Lanzaba armas arrojadizas, podían ser jabalinas.

Eques: Combatían montados a caballo; se enfrentarían a rivales semejantes.

Scissor: Yelmo liso, loriga, puñal en la mano derecha. Tenían la particularidad de meter su antebrazo izquierdo en una especie de cono metálico que terminaba en un filo cortante a modo de media luna.

Iugula
Iugula. Scissor

Essedarius: Sobre un carro combatían un gladiador y un auriga que era el encargado de dirigir el carro; ambos tenían que estar perfectamente coordinados. El gladiador luchaba fundamentalmente con armas arrojadizas. Esta categoría se enfrentaba a otras de igual composición.

Sagittarius: Combatían con arco y flechas a otros de igual categoría.

En todas las categorías, los gladiadores hicieron uso de armas tradicionales de pueblos y culturas que habían sido conquistadas o asimiladas por el pueblo romano. Nunca se emplearon en la arena las armas típicas del ejército romano; sería una deshonra. Debemos recordar que, el combate en la arena es considerado un espectáculo reservado para aquellos que no tienen honra, ni dignidad.

El declive de los espectáculos gladiatorios se producirá a partir del afianzamiento de la religión cristiana en la estructura romana. Constantino, prohibirá las condenas ad bestias en el 326; a finales de siglo se cierran los ludi imperiales. Honorio, en el año 404, suprimiría definitivamente los combates gladiatorios.

Autor: Daniel Cortés Gómez para revistadehistoria.es desde http://www.unpocodetodo.hol.es/

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