Historia de una tormenta

¡No me puedo creer que esto me haya pasado a mí! ¡A mí!

Después de una semana de duro trabajo, me merecía una excursión relajante por la montaña. Necesitaba desconectar. El plan era perfecto, un corto trayecto en mi todoterreno (híbrido, por supuesto) de apenas media hora de conducción ecológica hasta la salida de la pista forestal. Después dos benditas horas de paseo entre frondosos árboles y una suave pendiente, al menos al principio, hasta la cabaña. Un buen almuerzo, y de vuelta a casa, ya mucho más relajado. Pero, ¡no! Supongo que era demasiado pedir: una inesperada e intensa tormenta me había sorprendido durante mi, sabroso, sano y equilibrado almuerzo en la cabaña refugio.

Mientras el retumbar de los ensordecedores truenos aplastaba mis oídos, el intenso aparato eléctrico iluminaba lo que había sido la única pista forestal y único camino de vuelta a casa, convertido ahora en un río, ¡demonios, incluso veía lo que parecía unos rápidos! y en breve un intransitable barrizal que no se secaría hasta el día siguiente y por el que sería un suicidio bajar y un milagro llegar sin por lo menos un par de huesos rotos.

Bueno, rebusqué en mi mochila, siempre soy muy previsor, así que disponía de alimentos y bebida de sobra, podía aguantar hasta el día siguiente. Y la cabaña tenía una buena chimenea y abundante leña seca.

Pero a medida que pasaban las horas, mi cerebro se cubría de telarañas. ¿Cómo entretenerme? Soy una persona muy inquieta e interesada en la cultura, más que ver la televisión o películas, prefiero leer, o ver documentales, pero ¿qué podía yo hacer en esa cabaña perdida en el campo? No tenía ningún libro (pesan demasiado para una excursión…) ni una revista, (se arrugan en la mochila), y ni siquiera disponía de conexión a internet.

¡Entonces algo se iluminó! ( y no, esta vez no era un relámpago), en mi bolsillo tenía todo lo que necesitaba: mi teléfono con la App de Revista de Historia digital con ¡todos los números automáticamente descargados! Me acomodé en el viejo sillón, saqué una barrita energética, y mientas el fuego repiqueteaba en la chimenea, me empapé, no de agua, ¡sino de Historia!

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