Hesíodo y la justicia social

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Existe un consenso en datar las composiciones de Hesíodo hacia el último tercio del siglo VIII a. C. Tenemos constancia que su padre que atesoraba grandes conocimientos de agricultura, era originario de Asia Menor. Sin embargo, por causas que se desconocen (motivaciones penales, económicas, religiosas…) se asentaría finalmente en Ascra (Beocia), convirtiéndose ésta ciudad en la cuna de nuestro egregio personaje.

Hesíodo encarna la figura de poeta o cantor que obtuvo un sinfín de premios en diversos certámenes celebrados en el contexto de los juegos funerarios. Los estudiosos confirman su autoría en dos populares obras: “La Teogonía” y “Los Trabajos y los Días”. En el primer trabajo, esboza un árbol genealógico de los dioses y del origen del mundo. Los investigadores señalan en este texto, claras analogías entre diversos aspectos de la religión griega y los cultos orientales. Seguramente, la razón radica en que los griegos al tomar prestada la escritura fenicia, importarían entre otras cuestiones, motivos literarios y pensamientos religiosos del Próximo Oriente.

En su segunda obra, traza un cuadro general de la vida cotidiana del agricultor. Este es un suceso que debemos resaltar. Si en Homero el trabajo es una circunstancia despreciada, propia de menesterosos, con Hesíodo por el contrario, descubrimos que la mayor deshonra es no trabajar. Recordemos el renacer del comercio acontecido en esta época y la consiguiente puesta en circulación de dinero, fomentándose el surgimiento de nuevas élites sociales.

Hesíodo y la justicia social

El insigne autor nos presenta un mundo corrompido. Cada individuo busca su propio provecho, mientras que el poder de los más fuertes prima sobre los más débiles. La aristocracia controla la justicia humana, y por ello, la verdadera justicia sería la divina. Hesíodo califica a esta aristocracia acumuladora de privilegios y monopolizadora de los tribunales de justicia, como auténticos “devoradores de regalos”. Para constatar lo dicho expondré un pequeño párrafo de la obra:

“Y ahora contaré una fábula a los reyes, aunque sean sabios. Así habló un halcón a un ruiseñor de variopinto cuello mientras le llevaba muy alto, entre las nubes, atrapado con sus garras. Éste gemía lastimosamente, ensartado entre las corvas uñas y aquél en tono de superioridad le dirigió estas palabras.

¡Infeliz! ¿Por qué chillas? Ahora te tiene en su poder uno más poderoso. Irás donde yo te lleve por muy cantor que seas y me servirás de comida si quiero o te dejaré libre ¡Loco es el que quiere ponerse a la altura de los más fuertes! Se ve privado de la victoria y además de sufrir vejaciones, es maltratado. Así dijo el halcón de rápido vuelo, ave de amplias alas”

Lógicamente el halcón representaría el arquetipo de basileus y el ruiseñor simbolizaría a los pequeños campesinos.

Igualmente el relato manifiesta la delicada y traumática situación del campesino griego, siempre amenazado por las familias aristocráticas. Al denunciar esta injusticia y abanderar la causa de los más débiles, generará su figura una profunda ola de simpatía en Grecia.

Hesíodo
Hesíodo

La epopeya cuenta asimismo, con un sinfín de recomendaciones prácticas para el agricultor: sobre el tiempo agrícola, el utillaje a emplear, relativos a la navegación o referidos a diversos aspectos del matrimonio. Veamos algunos párrafos:

“Estate al tanto cuando oigas la voz de la grulla que desde lo alto de las nubes lanza cada año su llamada; en ella trae la señal de la labranza y marca la estación del invierno lluvioso. Su chillido muerde el corazón del hombre que no tiene bueyes (…)

Si se te despierta el deseo de la arriesgada navegación, te advierto que cuando la Pléyades huyendo del forzudo Orión caigan al sombrío ponto, entonces soplan ráfagas de toda clase de vientos y entonces, acuérdate, ya no debes tener las naves en el vinoso ponto, sino trabajar el campo recordando mis consejos. Arrastra la nave a la tierra y cálzala con piedras por todas partes para que resista el embate de los vientos que soplan húmedos. (…) Guarda con orden en tu casa todos los aparejos en buenas condiciones y remienda las velas de la nave surcadora del ponto. Cuelga el bien trabajado timón sobre el humo del hogar y espera tu mismo hasta que llegue la época de la navegación. Entonces saca al mar la rápida nave y dentro pon la carga bien dispuesta para que de regreso a casa obtengas ganancias (…)

Procura tener un solo hijo para conservar intacto tu patrimonio; pues así la riqueza crecerá dentro de tu casa. Y, ¡ojalá que te mueras de viejo si dejas otro hijo!”

Vinculado a esta preocupación por la justicia social y al sentimiento de degradación que percibe en la sociedad, la relevancia de Hesíodo estriba también en convertirse en el primer autor que exprese, una formulación cíclica de la Humanidad. Ésta consiste en mostrarnos un mundo sumido en un proceso decadente de 5 edades que se irían sucediendo:

  1. Edad de oro
  2. Edad de plata
  3. Edad de bronce
  4. Edad correspondiente a los héroes de Troya
  5. Edad de hierro, la fase más degradada y coetánea de Hesíodo.

Podemos concluir que tanto por su notable influencia posterior, como por verificarse como fuente indispensable para conocer una época de profundas transformaciones sociales e institucionales, la lectura de Hesíodo resulta siempre extremadamente interesante.

Autor: Juan López Benito para revistadehistoria.es

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