Gerda Taro, la gran mujer tras Robert Capa
Dicen que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. Gerda Taro y Robert Capa podrían ser el ejemplo perfecto para esa frase. Cuando se conocieron, en la década de los años 30 en París, él era Endré Friedmann, un joven húngaro que huía del fascismo y que intentaba ganarse la vida como reportero gráfico; ella, Gerta Pohorylle, una joven alemana judía de origen polaco que se vio obligada a escapar de Stuttgart.
Gerda Taro, la gran mujer tras Robert Capa
Las fotos de ambos eran vendidas bajo el nombre de Capa, y Gerda Taro necesitaba más. Era una mujer valiente e inteligente. A ella no le servía ser la sombra de un hombre, a fin de cuentas se arrastraba por las trincheras igual que él. El distanciamiento fue inevitable y empezó a firmar sus propias imágenes, consiguiendo buenos reportajes. Pero su esplendor duró poco. El 26 de julio de 1937, tras pasar todo un día en una trinchera fotografiando una batalla, un tanque, ya de retirada, la aplastó en un accidente fortuito, destripándola. Aunque fue trasladada al hospital inglés de El Goloso en El Escorial, Gerda Taro murió a las pocas horas, tan solo una semana antes de llegar a cumplir los 27 años.
Capa siguió fotografiando la Guerra Civil española hasta la caída de Cataluña. Después siguió documentando la Segunda Guerra Mundial, fundó la agencia Magnum en 1947 y a falta de conflictos fotografió a los grandes artistas de los años 40 y 50, hasta el día de su muerte en la Guerra de Indochina. En mayo de 1954, con tan solo 40 años, Capa pisó una mina que lo hizo pedazos. En aquel momento no solo murió uno de los fotógrafos más importantes de la historia, también murió el joven húngaro antifascista que soñaba con un mundo libre.
Autora: Naiara Parra Ferré para revistadehistoria.es
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Bibliografía:
Gerda Taro. La sombra de una fotógrafa. François Maspero. La Fábrica editorail, 2010
La chica de la Leica. Helena Janeczek. Ediciones 62
¿Dónde están ahora los reporteros de guerra? Pues delante de un ordenador componiendo trozos de la guerra de las galaxias donde nadie muere y si lo hace es porque no debía estar allí, fuè culpable de ser » Un daño colateral» ¿Se puede ser más hipócrita?