Gaspard de Besse: El Forajido de la Provenza

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Gaspard de Besse, nació un 9 de febrero de 1757 en Besse-sur-Issole, en el núcleo de una familia honrada y trabajadora. A los dos años su padre murió y apenas un año después falleció su madre. Ya con siete años se convirtió en un pequeño ladronzuelo solitario, y no tardó en iniciarse en la caza y la pesca furtiva iniciándose así a tan temprana edad  en la vida del bosque y del monte.

Ya en su adolescencia aprendió a dominar las trampas en los juegos de cartas y el azar cuando conoció a un antiguo presidiario de apodo Sanplan, cuyos cargos eran haber vendido de forma clandestina escritos revolucionarios de Diderot y Voltaire. Sanplan le enseñó a usar los puños y a manejar el garrote y el cuchillo.

Gaspard de Besse aprendió rápido de su maestro, del que también se dejó embelesar de sus ideas utópicas sobre revolución. Le dijo que el mundo debía cambiar; que los nombres y los clérigos eran los verdaderos enemigos del pueblo y sus privilegios tenían que acabar. Entre ambos surgió una amistad muy profunda.

Los dos amigos se embarcaron en un proyecto revolucionario y para ello se asociaron. Retomaron la fragua familiar, gracias a que les financió un notario y prestamista de Draguignan. Se pusieron del lado de los débiles y los pobres, y avivaron su odio hacia los usureros, acreedores y recaudadores de impuestos.

Voltaire
Voltaire

Un giro inesperado para Gaspard de Besse

Una noche de alcohol y tabaco, Gaspard de Besse firmó un compromiso con el ejército real. Al día siguiente, cuando se recuperó de su estado, se dio cuenta de que había sido engañado por el sargento reclutador. A los dieciocho años se convirtió en cabecilla de una banda formada por otros reclutas, y se dedicó al bandidaje y la rapiña para alimentarse en el monte.

Pero no tardaron las ideas revolucionarias en meterse en su mente de nuevo. Su espíritu se encendió por las leyendas de Mandrin y Cartouche, y quiso alzar un ejército de bandidos que regentara la región de Provenza y quitase a los más favorecidos sus bienes materiales para dárselos a la gente menos pudiente. Así, Toulon se convirtió en la base donde se fraguaron todos sus planes y estrategias.

Campos de Lavanda en la Provenza
Campos de Lavanda en la Provenza

Allí se perfeccionó como bandolero, donde pronto se hizo famoso. En los relieves rocosos de Toulon, repletos de cavernas, realizó ataques exitosos a diligencias y viajeros junto a Joseph Augias y Jacques Bouilly a los que conoció en una misión donde liberó del calabozo a un condenado.

En palabras de Gaspard de Besse, las reglas eran sencillas: «Solo robaremos a los ricos, los nobles, los prelados, y también a los recaudadores de impuestos, los ujieres y los agentes de la gabela. Nunca los campesinos ni los pobres serán molestados ni desvalijados. El botín será dividido en dos partes: la mayoría servirá para constituir un tesoro de guerra, que será utilizado si nos percatamos de una miseria demasiado flagrante, la otra será escrupulosamente repartida entre los participantes de cada operación»

Los justicieros reclutaron en seguida desertores y campesinos para su banda, además de su tío y padrino, que se llamaba como él. También se incorporaron su primo, Louis-Germain Bouis, y La Joie, un enterrador que le ayudó en operaciones anteriores. Los ataques se hicieron más numerosos y se extendieron a lo largo de toda la región.

El amor, su perdición.

En la meseta de Signes conoció a una joven harapienta muy bella y de cuerpo sugerente, que se hacía llamar Clarisse. Ella le confió su secreto, y él se enamoró y se quedó prendado de ella. Clarrise necesiba ayuda para que su padre enfermo se deshiciese de los recaudadores de impuestos que le habían quitado los pocos ahorros que les quedaban. Gaspard de Besse le promete venganza, y así lo hizo.

Después de aquel hecho siguió reclutando y robando. Pero a Gaspard de Besse también le gustaba beber, el juego y las mujeres. Clarisse, celosa y abandonada por Gaspard de Besse, denunció a los gendarmes de Fréjus su paradero. Fue arrestado en batín y escoltado hasta Draguignan donde pasó la primavera de 1780 en la prisión de la Observancia. Gaspard de Besse escapó con ayuda de La Joie, vestido de clérigo, y logró comprar al carcelero jefe para que le dejase libre.

Salir de prisión avivó sus convicciones y entusiasmo. Desde entonces concentró sus ataques en los convoyes de la Administración.

El adiós al bandido provenzal

Luis XVI, cansado de que la recaudación de impuestos fuese truncada una y otra vez, mandó a Hyacinthe de Possel, comisario general de la Marina para que pusiese fin de una vez por todas a las acciones de Gaspard de Besse. En la mañana del 23 de octubre de 1780, Possel tenía acorralado a Gaspard de Besse, de veinticuatro años, al que apresó y llevó a prisión.

La muerte de Gaspard de Bresse
La muerte de Gaspard de Bresse

No negó ninguno de los delitos imputados. Las hazañas de Louis Mandrin colmaron de ilusiones su juventud, y el juicio a muerte se parecía al de su maestro: «Convicto por crímenes y robos a mano armada en el camino real, condenamos a Gaspard de Besse a la retractación pública y a apedir perdón a Dios, al rey y a la justicia, y ordenamos que sea conducido al patíbulo para que en él se le rompan brazos, piernas, muslos y riñones, y que después sea expuesto sobre una rueda, con el rostro vuelto hacia el cielo hasta que muera» A las once del 25 de octubre de 1781, Gaspard de Besse fue ejecutado públicamente.

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Gaspard de Besse