El Frente Popular y la pendiente hacia la guerra

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El régimen franquista, seriamente necesitado de una fuente de legitimación, recurrió a la propaganda, construyendo una serie de mitos entre los que cabe destacar la ilegitimidad del Gobierno del Frente Popular, la tremenda violencia que se vivió en la primavera del 36 o la inminente revolución comunista.

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La Guerra Civil era, por tanto, inevitable. España necesitaba, de nuevo, la acción decidida del “glorioso” Ejército español, erigido en defensor de la Patria.

Estos mitos propagandísticos del franquismo se repiten a día de hoy, mostrando la etapa del Frente Popular como el preludio de la Guerra Civil, que algunos retrotraen, incluso, hasta octubre de 1934. Esta visión es peligrosa ya que induce a estudiar esta época desde la perspectiva actual (cuando ya sabemos lo que sucedió en julio de 1936).

El gobierno del Frente Popular

Esta etapa se inició con problemas y presiones, por un lado de los militares, que ya tantearon la posibilidad de dar un golpe de Estado, y políticas, con Gil Robles coaccionando al presidente del Gobierno para que declarara el estado de guerra. Finalmente, el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, llamó a Manuel Azaña para formar gobierno.

El gobierno de Azaña estaba única y exclusivamente integrado por republicanos (ni socialistas ni comunistas formaron parte de la Administración. El comunismo en España era minoritario, el PCE tan solo obtuvo 17 diputados en las elecciones del 36).

La vida política se volvió sumamente complicada debido a la división existente en el Parlamento, un hecho que no facilitaba la estabilidad del Gobierno; además, Alcalá Zamora había perdido los apoyos tanto de la izquierda como de la derecha y fue sustituido por Manuel Azaña que nombró a Santiago Casares Quiroga nuevo presidente del Gobierno.

En la calle, las Juventudes Socialistas se fusionaron con las comunistas, formando las Juventudes Socialistas Unificadas. En el otro extremo, las Juventudes de Acción Popular (CEDA), también radicalizaron sus posturas y se unieron a los falangistas.

Los derechistas contaban con el apoyo de la Iglesia católica, que volvía a enfrentarse a la República tras la reactivación de las medidas que los religiosos consideraban un ataque directo a sus derechos. Sin embargo, ningún religioso perdió la vida hasta el estallido del conflicto en julio de 1936.

El otro pilar de apoyo a los derechistas era el Ejército, que planeaba ya una insurrección militar desde las elecciones de febrero. En marzo, Mola asume el rol de “Director” de la conspiración. La política de traslados de militares sospechosos no surtió el efecto deseado por el Gobierno.

Violencia y orden público

Mientras la izquierda obrera abandonaba la vía armada, los grupos derechistas y su propaganda empleaban tácticas desestabilizadoras dentro de su estrategia del “cuanto peor, mejor”.

Sin embargo, el periodo republicano no fue un momento idílico de democracia acosada única y exclusivamente por fuerzas derechistas. La fragmentación (más que radicalización) de la clase política y la división en las fuerzas de izquierda era más que evidente.

Durante la primavera del 36 se produjo un aumento de la violencia que apenas pudo ser controlada por el gobierno. Las últimas investigaciones hablan de un total de 351 víctimas mortales en estos meses (con más izquierdistas que derechistas asesinados), un número muy elevado que no tenía parangón con ningún otro país del conteniente europeo. Sin embargo, en España se tiende a asimilar las reivindicaciones que el pueblo exigía pacíficamente desde las calles con la violencia de grupos armados.

Sí es cierta una política parcial del Gobierno republicano que reprimía más duramente a las fuerzas derechistas que a las izquierdistas, (su principal apoyo). Pese a esto, afirmar que los gobiernos de la primavera del 36 participaron directamente en la violencia en la calle es arriesgado y, a todas luces, incorrecto. Numerosos dirigentes políticos se dieron cuenta de la complicada situación que vivía el país y repudiaron ambas violencias.

En el campo, el triunfo del Frente Popular llevó nuevas ilusiones de reforma que se tradujeron en ocupaciones de fincas por parte de los campesinos, movidos por un ánimo de recuperación de la legislación de 1931. Esto, sumado a las huelgas y movilizaciones, servía de excusa a las derechas, que ejercieron su papel alimentando los miedos de los españoles que, cada vez más, se convertían en antirrepublicanos.

Los asesinatos de personajes conocidos

En marzo unos falangistas atentaron contra Luis Jiménez de Asúa, dirigente socialista, asesinando a su escolta. Estos ataques fueron respondidos por parte de la izquierda con la quema de dos iglesias y la sede de un periódico de derechas. Por su parte, el Gobierno decidió encarcelar a la directiva de Falange, acusado de anticonstitucional. Los falangistas, lejos de amilanarse, acabaron con la vida de Manuel Pedregal, magistrado de la Audiencia.

Estos hechos desembocaron en serios incidentes en las calles madrileñas entre derechistas e izquierdistas. Fruto de esa desestabilización se produjo el asesinato del teniente de la Guardia de Asalto, José del Castillo. Como respuesta, algunos compañeros suyos, con agentes de la Guardia Civil, asesinaron al diputado monárquico José Calvo Sotelo, cuyos discursos eran cada vez más radicales.

El Gobierno de Casares Quiroga fue culpado del gravísimo asesinato de Calvo Sotelo por mostrarse incapaz de controlar la violencia.

Durante estos meses la sociedad española estaba fragmentada y el clima de violencia iba en aumento; sin embargo, esta situación, (no muy diferente a lo que sucedía en el resto de Europa, con el autoritarismo creciendo de manera notable), no conducía inevitablemente a una guerra.

Autor: Diego Cameno Mayo para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

Casanova, J., Gil Andrés, C.: Historia de España en el siglo XX, Barcelona, Editorial Ariel, 2012.

Casanova, J.: España partida en dos. Breve Historia de la Guerra Civil española, Barcelona, Editorial Planeta, 2013.

Ledesma, J.L.: “De prólogo a espacio de debate: la etapa del Frente Popular y la historiografía” en Ballarín, M. (ed.) y Ledesma, J.L. (ed.): La República del Frente Popular. Reformas, conflictos y conspiraciones, Madrid, Fundación de Investigaciones Marxistas, 2009, pp. 163-201.

Sánchez Pérez, F. (coord.): Los mitos del 18 de julio, Barcelona, Editorial Planeta, 2013.

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