El Sacro Imperio Romano Germánico

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 Quien más y quien menos, todos hemos oído hablar del Sacro Imperio Romano Germánico, una de las grandes potencias de Europa Occidental hasta la Baja Edad Media. En España lo solemos asociar a Carlos I, monarca de los reinos de la Península Ibérica  o  como Carlos V emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, pero para aquel entonces el Imperio ya había dejado atrás sus días de mayor gloria.

El Sacro Imperio Romano Germánico

El Sacro Imperio deriva de la parte oriental del Imperio Carolingio, la Francia Orientalis, y surge con la idea de reemplazar al antiguo Imperio Romano Occidental. Tras una serie de problemas, el Imperio Carolingio desapareció hasta que emergió la figura de Otón I, el gran emperador que logró el Imperio para los alemanes. Este Sacro Imperio, a diferencia del anterior, logrará mantenerse casi un milenio y además de Alemania incluía posesiones como el norte de Italia.

El Sacro Imperio no era un estado unitario. Durante la Alta Edad Media esto no suponía un grave problema, el resto de sus vecinos también se hallaba fragmentado en múltiples ducados y condados con bastante autonomía. Los reyes tenían poco poder real y sólo se les reconocía una cierta primacía sobre el resto de nobles. Por encima de estos reyes estaba el emperador.

El Sacro Imperio Romano Germánico
El Sacro Imperio Romano Germánico, Otón I

Cuando los monarcas de Europa Occidental comenzaron a recuperar su regio poder el Sacro Imperio se quedó atrás. Las eternas luchas con el Papado sobre quién debía tener la primacía en el mundo católico le desgastaron mucho.

El Sacro Imperio Romano Germánico
El Sacro Imperio Romano Germánico, El papa Juan XII ante Otón I

El papa sostenía la tesis de que el emperador era el brazo armado de la Iglesia, un mero servidor del sumo pontífice, verdadero líder de la Cristiandad. El emperador por su parte apoyaba la idea de establecer un imperio cristiano que difundiese, si era preciso por la fuerza, el cristianismo. El papa era únicamente el responsable de los asuntos espirituales, todos lo demás era prerrogativa del emperador.

El Sacro Imperio Romano Germánico
El Sacro Imperio Romano Germánico

Estas luchas, que duraron siglos, impidieron que el emperador centrase sus esfuerzos en configurar una monarquía fuerte en Alemania. Tras la caída de los Hohenstaufen hubo un gran interregno en el que los nobles gozaron de total autonomía. Este hecho marca el fin de la posibilidad de establecer un estado moderno en Alemania, lo que llevaría al fin del sueño de crear un imperio universal. El Sacro Imperio acabó convirtiéndose en una federación de principados con un alto grado de autonomía.

El Sacro Imperio Romano Germánico
El Sacro Imperio Romano Germánico, Corona Imperial

¿Cómo llegaba el emperador a ocupar su puesto? En teoría el Sacro Imperio era una monarquía electiva. Carlos IV de Luxemburgo institucionalizó la costumbre tradicional en 1356 por medio de su edicto conocido como la Bula de Oro. A la muerte del emperador el arzobispo de Maguncia (primado de Alemania) debía convocar una dieta para elegir nuevo gobernante. El monarca era escogido por los siete príncipes electores: tres eclesiásticos (arzobispos de Maguncia, Tréveris y Colonia) y cuatro laicos (Duque de Sajonia, Conde Palatino del Rin, Margrave de Brandemburgo  y Rey de Bohemia). Hasta que el emperador fuese elegido, la representación del Imperio recaía en el Conde Palatino del Rin. Tras la votación los electores comunicaban su decisión a la Dieta, donde se reunían el resto de miembros del Imperio. Su única labor era aclamar al emperador que, en realidad, aún no lo era. La elección le otorgaba el título de rey de Alemania, siendo coronado en Aquisgrán. El Papa debía coronar al rey como emperador en Roma.

El Sacro Imperio Romano Germánico
El Sacro Imperio Romano Germánico

El Imperio tendió a hacerse patrimonio de ciertas familias. Ya hemos hablado de los Hohenstaufen, pero también cabe hablar de los Otónidas, los Salios, los Luxemburgo y los Habsburgo.

El trono alemán se estableció en los Luxemburgo desde Carlos IV hasta su nieto Segismundo, quien sólo tuvo una hija, Isabel.  Los Habsburgo aprovecharon este hecho haciendo bueno el conocido lema “Hagan otros la guerra; tú feliz Austria, cásate; porque lo que los reinos de Marte da a los otros, a ti te los concede Venus.” El duque de Austria, Federico, se casó con Isabel y recobró el trono que un día perteneció a su antepasado Rodolfo de Habsburgo. Federico III fue coronado emperador en 1440 y el cetro imperial ya no salió de su familia. Uno de sus descendientes, Francisco II, fue el último emperador del Sacro Imperio que decidió disolver en 1804 ante el temor de que Napoleón se hiciese con su control y se coronase emperador. Tampoco sirvió de mucho, ya que Napoleón decidió coronarse emperador de Francia. A partir de entonces los Habsburgo fueron emperadores de Austria hasta la deposición de Carlos de Habsburgo en 1918 tras la derrota austriaca en la I Guerra Mundial.

Autor: Jorge Hijosa Nieto para revistadehistoria.es
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