El Renacimiento en la vida cotidiana de los europeos

¡Valora este artículo!
[Total: 64 Media: 3.9]

Aunque nuevas aportaciones hablan de dos Renacimientos por las importantes innovaciones que se producían en paralelo en la zona Flamenca, existe consenso en situar el origen geográfico de este movimiento en las ciudades italianas. Algunas de ellas, lograron desarrollar una cultura alternativa a la del epicentro cultural del período que era Francia.

En estos inicios del Renacimiento italiano (1300-1490) asistimos al entusiasmo por los clásicos. Esa admiración por su cultura, considerada superior, impulsó a los primeros humanistas a marcarse como objetivo el renacer de la Antigüedad. La figura que encarna esta tendencia es el poeta y filósofo; Petrarca. Su obra destila una profunda admiración por la cultura romana y muestra la nueva preocupación por el individuo y los asuntos terrenales.

Esos pensadores confiaban en que los clásicos traerían la luz necesaria para sacar al hombre de las tinieblas en las que había estado inmerso. Fue así como surgió el término “Edad Media” o “Edad Oscura”, como contraposición a la nueva cultura que se quería restablecer. Hasta ese momento los rasgos culturales medievales predominantes eran; el arte gótico, la caballería que ensalzaba los valores de la nobleza y la filosofía escolástica de santo Tomás de Aquino (la fe superaba a la razón).

En una segunda fase, la del apogeo renacentista (1490-1530), nos encontramos en el momento de la “emulación”. Los pensadores y artistas creían que, siguiendo el dictamen de unas reglas, podrían igualar e incluso superar las obras de los antiguos.

La historiografía tradicional señalaba la Reforma de Lutero (1520) y la convocatoria de la Contrarreforma en los países católicos, como símbolos de la crisis del Renacimiento. Sin embargo, nuevas visiones declaran su continuidad hasta, al menos, el 1630. La variedad del movimiento es la principal característica de esta etapa final, fruto de la interacción con el protestantismo y el catolicismo de la Contrarreforma.

El Renacimiento en la vida cotidiana de los europeos

Pero, ¿cómo influyó este movimiento de renovación cultural en el día a día de los europeos? ¿Qué nuevos hábitos de pensamiento adoptaron?

La cultura material experimentó importantes cambios con la entrada de nuevos objetos disponibles que decoraban las casas de los acaudalados. Era un símbolo de poder y rango que los poderosos se construyeran una casa siguiendo el nuevo estilo clásico porque ese gesto significaba participar del renacimiento de la Antigüedad. Dentro del hogar, la sala de estudio o el escritorio, se erigió como el símbolo principal de los valores renacentistas.

Con el tiempo esa sala dejó paso al museo (lugar dedicado a las musas). En esa zona se coleccionaban y exponían antigüedades de todo tipo, también obras de la naturaleza, como conchas, especímenes disecados de animales o plantas exóticas. El jardín de la casa con frecuencia se utilizaba como una galería de esculturas al aire libre. El siglo XVI fue una época de auge del jardín como objeto estético y de consumo ostentoso.

Otros aspectos no materiales también reflejaron la influencia del Renacimiento: el interés por la identidad se hizo evidente en dos géneros: la tumba y el retrato. La tumba, construida a menudo siguiendo el estilo clasicista, podía incluir el escudo de armas de la familia y las figuras del esposo, la esposa y los hijos. Se trataba de representar a la familia en la comunidad tal como la galería de retratos lo hacía en el interior de la casa. Los retratos y las biografías abundaron, siguiendo siempre los modelos clásicos o los ejemplos italianos. Todo ello manifiesta cambios en las concepciones del ego, la personalidad humana y la nueva importancia dada a construir una identidad personal.

El Renacimiento en la vida cotidiana de los europeos
El Renacimiento en la vida cotidiana de los europeos. La Fornarina, pintura de Rafael, expuesta en el Palacio Barberini de Roma. En el Renacimiento se afianza el retrato como género autónomo

Las prácticas lingüísticas también experimentaron novedades, se escogían ciertos nombres personales y se latinizaron apellidos como forma de identificarse con la Antigüedad. Otra práctica social que penetró con fuerza en la vida diaria fue la escritura de poesía, especialmente los sonetos de amor al estilo de Petrarca y los tratados de arte epistolar proliferaron ante la gran demanda de modelos de cartas y acabó constituyendo un género en sí mismo.

Los modelos de conducta también se vieron influenciados: la humildad, el valor y la virtud eran los nuevos valores en boga. La curiosidad, una actitud antes condenada, empezó a valorarse. Los cambios en la educación influyeron en la formación de nuevos hábitos mentales. Se fomentaba una cosmovisión asentada en cualidades morales ordenadas jerárquicamente y se promovía una concepción del mundo basada en términos de oposiciones binarias (vicios/virtudes).

La filosofía de Platón y los estoicos también entraron en la vida diaria de algunos grupos intelectuales. La idea central del estoicismo en su versión renacentista era la “apatía”, la “constancia” o la “tranquilidad de mente”. La imagen por excelencia era la de un hombre afrontando el desastre calmadamente, como un árbol o una roca en la tormenta.

A nivel colectivo la conciencia del mundo más allá de Europa empieza a detectarse en las historias escritas. Sin duda, los descubrimientos geográficos incidieron en la imaginación de los europeos. La reflexión sobre lo que significaba ser europeo también tuvo lugar en las fronteras. Así, la amenaza de la invasión turca en las décadas de 1450 y 1520 alentó la solidaridad europea, esto, junto a la invasión del Nuevo Mundo, resultaron sucesos fundamentales para estimular la conciencia de la identidad europea.

El final del Renacimiento lo señalamos al principio del XVII con la revolución científica y el surgimiento del Barroco, aunque en algunos campos las prácticas renacentistas persistieron. La “marchitación” del movimiento se reflejaba ya en las fuentes. Estas mencionaban “nuevos mundos, nuevas estrellas, nuevos sistemas”, dejando atrás la idea de renacer y librándose del modelo de la Antigüedad. Galileo y Descartes encarnaron esta ruptura con lo anterior desechando la primacía de los Antiguos. La razón, encarnada en las matemáticas y en la geometría, ganará prestigio intelectual ante la Antigüedad colaborando en la desintegración de este movimiento.

Autor: Noemí García Mariscal  para revistadehistoria.es

Sigue a Noemí en Twitter en @latitaquelee

¿Eres Historiador y quieres colaborar con revistadehistoria.es? Haz Click Aquí.

Bibliografía:

Peter Burke: “El Renacimiento europeo. Centros y periferias” Editorial Crítica. ISBN: 84-8432-037-5

Mecenas

Agradecemos la donación de nuestro lector Jordi Llobet Arnau, su mecenazgo desinteresado ha contribuido a que un Historiador vea publicado este Artículo Histórico.

¿Nos invitas a un café?

Si quieres donar el importe de un café y “Adoptar un Historiador”, incluiremos tu nombre como agradecimiento en calidad de mecenas en un Artículo Histórico, puedes hacerlo Aquí:




También puedes apoyarnos compartiendo este artículo en las redes sociales o dándote de alta en nuestro selecto boletín gratuito:

Déjanos tu Email y te avisaremos cuando haya un nuevo Artículo Histórico

Comentarios