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El Presidio de San Agustín de Tucsón en Arizona

El Presidio de San Agustín de Tucsón en Arizona

El Presidio de San Agustín de Tucsón en Arizona

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El presidio fue el tipo de fortificación de origen romano utilizado por España para el acuartelamiento de tropas en el Norte de Nueva España, Sur de los actuales EEUU y territorio de California. Junto con las misiones constituyó el edificio habitual en torno al cual se formaron los primeros asentamientos del Oeste norteamericano y en él residieron los famosos dragones de cuera, verdaderos baluartes defensivos y de contención frente a la beligerancia de los indígenas del Norte en general y de los apaches en particular.

Los presidios generalmente consistían en baluartes en forma cuadrada o rectangular con muros de piedra o adobe (o una combinación de ambos). Siendo de unos 120 metros por lado y diez metros de altura, en algunos casos con pequeños salientes o torreones en sus esquinas para proteger sus flancos.

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El Presidio de San Agustín de Tucsón en Arizona

El 20 de agosto de 1775, en la actual Tucson (Arizona, EEUU), el capitán español de ascendencia irlandesa Hugo O´Connor fundaba el presidio de San Agustín del Tucsón. El vocablo proviene de la palabra indígena pima Chuk Shon que se hispanizaría como Tucsón y presidio y nombre fueron la base de la actual ciudad de Tucson en ese estado norteamericano.

Nacido en Dublin de familia noble y católica, fue precisamente tal hecho el que debido a la persecución inglesa de la época llevó a  Hugo O´Connor a huir a España donde ya contaba con familiares y se naturalizó español iniciando su carrera militar. Ingresó en el Regimiento Hibernia, que sirvió en Badajoz, La Coruña y San Sebastián, participó en la invasión de Portugal durante la guerra de los Siete Años y tras ser ascendido a capitán, ingresó en la Orden de Calatrava.

Posteriormente fue enviado a Cuba y ya en 1765, a  Nueva España, como parte del contingente destinado allí para reformar el ejército del virreinato. Su primer destino fue Texas donde llegaría a ostentar el cargo de Gobernador

La frontera novohispana por el Norte

Tras la labor misionera de los jesuitas – especialmente del Padre Kino – y su creación de misiones como la de San Javier de Tubac, la lejana amenaza de la colonización rusa en la costa del Pacífico de California y las hostilidades con los apaches no sedentarios cobraron mayor importancia en formulación de políticas oficiales. Los funcionarios de la frontera apoyaron con entusiasmo la colonización de la Alta California por Portolá, Serra y Anza para contrarrestar un avance ruso hacia el sur.

Una vez que los puestos de avanzada españoles salpicaron la Alta California, la protección de una ruta terrestre desde Sonora a esa provincia fronteriza obligó a mover  la guarnición de Tubac hacia el norte por el río Santa Cruz hasta el territorio pima.

Dicho avance final de la guarnición  por el río Santa Cruz hasta Tucsón  derivó directamente de una inspección de los puestos fronterizos del norte de Nueva España. El marqués de Rubí llevó a cabo esa gira de examen en 1766-1767 como encargo especial del rey Carlos III. Después de completar su recorrido de inspección personal, el marqués recomendó realinear el conglomerado de puestos originalmente ubicados por razones tácticas locales y estimando que el principal problema militar en la frontera norte de Nueva España en ese momento era mantener a los apaches hostiles fuera de las áreas pobladas, pensó que podría lograrse estableciendo guarniciones fronterizas en los puntos más defendibles a lo largo de una línea diseñada para repeler las incursiones indias hostiles y también para protegerse contra la invasión de las fuerzas de otra potencia europea. El inspector del rey quería que los puestos fronterizos se reubicaran para formar una línea bastante recta desde el Mar de Cortés hasta el Golfo de México y así el rey Carlos III ordenó que el plan de Rubí se pusiera en práctica en septiembre de 1772.

El virrey de Nueva España nombró a Hugh O’Connor como comandante inspector para llevar a cabo las nuevas regulaciones. Entre los cambios recomendados por el marqués se encontraba la reubicación de la guarnición estacionada en Tubac desde 1752, pero O’Connor tenía las manos ocupadas en Texas, donde se le ordenó comenzar a trabajar y aún manteniendo campañas casi constantes contra varios grupos apaches, procedió a examinar los emplazamientos de los puestos en el sector oriental de la frontera norte de Nueva España, si bien no fue hasta 1775 que O’Connor hizo suficientes progresos en el sector fronterizo Texas-Coahuila para afrontar personalmente la situación de Sonora en el oeste, aunque para entonces ya había enviado  a Antonio Bonilla a inspeccionar los puestos militares de Sonora y a planificar una mejor defensa allí. En el curso de su inspección, Bonilla examinó el sitio propuesto en Aribaca donde la guarnición presidial ubicada en Tubac se movería según el plan Rubí. Bonilla informó que ese lugar no era saludable y recomendó no enviar allí la guarnición de Tubac.

Casi de forma simultánea, el Capitán Juan Bautista de Anza dejó obsoleta la concepción del Marqués de Rubí del tramo occidental de la línea fronteriza cuando logró abrir una ruta terrestre desde Sonora a la Alta California con la asistencia de fray Francisco Garcés. Para proteger la nueva ruta de abastecimiento, se hicieron necesarios puestos españoles más al norte de lo que Rubí había imaginado en línea recta de golfo a golfo.

El “Capitán Rojo”

El reconocimiento, por tanto, por fundar la Tucson colonial española y arreglar el carácter multiétnico de su población debe de ser para Hugh O’Connor que se hizo famoso para los nativos americanos de Texas como “El Capitán Rojo”, por su cabello pelirrojo.

Hugh O’Connor se lanzó enérgicamente a campañas para derrotar a las tribus apaches y reubicar los presidios fronterizos para permitirles lidiar mejor con los indígenas americanos hostiles. Le correspondió a O’Connor llevar a cabo las políticas recomendadas por el Marqués de Rubí y plasmadas en la política del rey.

Cuando finalmente pudo seleccionar nuevos sitios para puestos militares en el sector occidental de la línea de defensa de Rubí, O’Connor determinó la ubicación del puesto a partir del cual surgió la moderna ciudad de Tucson. Cumpliendo con sus funciones como inspector comandante de las Provincias Fronterizas de Nueva España, O’Connor finalmente entró en la Provincia de Sonora el 22 de mayo de 1775. A principios de septiembre, O’Connor estaba de regreso en Chihuahua. En menos de cuatro meses, reubicó los cuatro presidios que formaban el sector sonorense de la alineación defensiva de puestos. O’Connor inspeccionó la guarnición de Tubac, sus armas, indumentaria, cuentas, etc., del 9 al 18 de agosto en 1775.

Posteriormente, viajando hacia el norte desde Tubac, O’Connor inspeccionó personalmente el área de Tucson y delimitó la futura ubicación del Real Presidio de San Agustín del Tucsón. Sus razones para elegir este sitio en particular las expuso claramente en su breve informe de inspección:

“Certifico: que habiendo realizado el examen que el artículo 3 de la Real Instrucción inserta en el Nuevo Real Reglamento de Presidios emitido por Su Majestad el diez de septiembre de 1772 prescribe la destitución de la compañía de San Ygnacio de Tubac en la provincia. de Sonora, elegí y señalé, en presencia del Reverendo Padre Fray Francisco Garcés y el Teniente Don Juan de Carmona, para la nueva situación de dicho presidio, con la denominación de San Agustín de Toixon, el lugar de este nombre situado en a dieciocho leguas de la de Tubac, porque se dan las condiciones necesarias de agua, pasto y madera, así como un perfecto cierre de la frontera apache”.

Los presidios fundados por O´Connor formaron la línea defensiva durante años, pero él decidió retirarse al Yucatán, donde murió en 1779. La ciudad de Tucson le recuerda con un monumento que, afortunadamente, permanece en pie.

Autor: Ignacio del Pozo Gutiérrez para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

Informe de Hugo de O’Conor sobre el estado de las provincias internas del norte, 1771-1776, pról. de E. González Flores, notas de F. R. Almada, México, Cultura, 1952.

J. Weber, New Spain’s Far Northern Frontier, Albuquerque, University of New Mexico Press, 1979;

H. W. Engstrand, Arizona hispánica, Madrid, Mapfre, 1992

Santiago, The Red Captain: The Life of Hugo O’Conor, Arizona, Historical Society Museum Monograph 9, 1994.

Parte foto de Portada: William Ahrendt

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