El patronato de protección a la mujer

El patronato de protección a la mujer

En 1939 las mujeres españolas no solo perdieron la guerra, perdieron una forma de vida más igualitaria y derechos que lentamente habían ido adquiriendo. La imposición del ideal de “ángel del hogar” se tradujo en una férrea moral en el que cualquier relación con el otro sexo era vigilada, comentada e incluso castigada.

El patronato de protección a  la mujer

En este contexto apareció el Patronato de Protección a la Mujer, un organismo cuya principal función era velar por la moral de las jóvenes y reeducar a las que hubieran caído en desgracia. Esta reeducación suponía el internamiento de la chica en internados o maternidades, el adoctrinamiento en la moral impuesta por el catolicismo y, en muchas ocasiones, la salida de la menor para trabajar en casas “bien”.

El Patronato de Protección a la mujer contó con la colaboración de gobernadores civiles, presidentes del Cabildo, alcaldes, policía, guardia civil, órdenes religiosas como las Oblatas, las Cruzadas Evangélicas, las Adoratrices y la población civil… cualquiera de ellos se podía encargar de denunciar a una joven aludiendo a que su moral estaba en peligro o que vivía en situación de desamparo, con la única condición de que fueran menores de edad, es decir, menores de 21 años. Por los numerosos edificios del Patronato pasaron prostitutas, madres solteras, lesbianas, hijas rebeldes, víctimas de abusos…

Durante el franquismo el estigma en torno a la mujer no casada con hijos era múltiple, el código civil solo reconocía a sus hijos como ilegítimos, la sexualidad femenina se ligaba en exclusiva al matrimonio y a la procreación, el placer se consideró  pecado… La culpable para la sociedad de haber tenido un hijo era siempre ella. Ni las leyes ni la sociedad solían mencionar al padre. En 1942, al poco de crearse, el Patronato contaba ya con unas 25.890 acogidas; trece años después había descendido a 2.634[1] internas.

La entrada al patronato estaba tipificada de la siguiente manera; las “Vigilantes de la moral” se encargaban de patrullar las calles, cines, trenes y bailes. Se detenía tanto a prostitutas como a niñas rebeldes. Las detenidas pasaban al COC, donde se les realizaba un examen ginecológico para determinar si eran “completas” o “incompletas”. Este resultado determinaba la rigidez del centro al que eran derivadas. Para el franquismo, la virginidad se consideró “llave de la decencia” y la sexualidad solo se consentía con fines reproductivos y siempre dentro del matrimonio”(Guillén, 2017).

Las menores debían seguir, bajo pena de duros castigos como palizas, quemaduras en el trasero o permanecer en cuartos oscuros, una serie de normas que en ocasiones rayaba lo ridículo. En el libro Los internados de miedo se recogen testimonios como el de Itziar, una niña que en 1958 ingresó en el preventorio de Guadarrama, centro dependiente de Patronato al contraer su madre la tuberculosis. Recuerda como las hacían dormir boca arriba, con las piernas rectas y las manos por encima de las sábanas con el fin de evitar tocamientos en la oscuridad. La jornada empezaba con un silbato que anunciaba la obligatoria formación en el patio, algo que no se suspendía ni en caso de nevada. En este patio debían permanecer formadas y en ocasiones en pijama mientras se realizaba el recuento, lo que podía alargarse durante horas. Según la ley por la que se regía la institución, las internas podrían abandonar el Patronato al cumplir 25 años, en caso de casarse y por petición del tutor legal (García, 2015: 37).

Debemos tener en cuenta que la persecución y criminalización de las mujeres que ejercían la prostitución no fue un fenómeno único de España ni del régimen franquista. Entre 1938 y 1939 en la Alemania nazi ese encarcelaron a individuos considerados “antisociales” entre los que se incluyeron varios centenares de mujeres acusadas de ejercer la prostitución (Wachsmann, 2017: 192). A diferencia de la Alemania nazi, los trabajadores del Patronato no eran  militares. Los trabajadores eran o bien monjas, o bien funcionarios que accedían al puesto de celador tras un examen estatal (Guillén, 2018: 74).

Las internas del Patronato de Protección a la Mujer tuvieron que trabajar para saldar la doble deuda que contraían al ser encerradas, por un lado la moral y por otro la de su manutención. Pese a que las trabajaban para costearse su estancia en los edificios del Patronato, el Estado Español reservaba una cantidad variable de los presupuestos públicos para la financiación del centro (Guillén, 2018:121).  Entre los trabajos que se realizaron destaca labores de costura con maquinaria industrial, una tarea encomendada a niñas de entre 10 y 15 años; lavado y planchado de sábanas de hoteles, montaje de cajas de los perfumes Agua de Rosas, arreglos para la marca Puma o coser etiquetas para El Corte Inglés… (Zuil, 2018). Este trabajo esclavo fue denunciado en 1968 en la revista Interviú por dos asistentes sociales que realizaban un reportaje sobre la Maternidad de Peña Grande, centro dependiente del PPM. En dicho reportaje se denuncian la ingente cantidad de horas de trabajo sin remunerar, los castigos físicos y en ocasiones, el parricidio cometido por las jóvenes madres que en situación de desamparo total no encontraban otra salida; así como las pésimas condiciones de vida de las madres solteras, algunas de ellas menores de edad.

En 1977 el periódico El País publicó un artículo titulado “El patronato de protección de la mujer, anacrónico e inadecuado”[2]. Este reportaje, firmado por Ángeles García, señala la arbitrariedad que se sigue manteniendo a la hora de ingresar  en la institución; desde la fuga del hogar, el vagabundeo, un embarazo siendo menor hasta negar a entregar el sueldo percibido trabajando a sus progenitores o mantener una actitud contraria a la marcada en casa. Este año también se señaló la alarmante falta de personal capacitado; los centros del patronato carecían de psiquiatras, psicólogos o asistentes sociales.

Autora: Blanca Calvo Alonso para revistadehistoria.es

Lee más de la autora en: https://palmirasinzenobia.wordpress.com/

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Bibliografía: 

Aguado, Ana María.(1994). Textos para la historia de las mujeres en España. Cátedra.

Pascula, Ana María.(20-11-2017) Así trataba el franquismo a las madres solteras. Interviú. Recuperado el 24/02/21. http://www.interviu.es/reportajes/articulos/asi-trataba-el-franquismo-a-las-madres-solteras

Álvarez Fernández, Carlos.( 2015)Patronato de Protección a la Mujer: la construcción de la moralidad pública en España. Grupo de investigación “La experiencia de la sociedad moderna en España 1870-1990.

Armengou, Montse y Belis, Richard. (2016) Los internados del miedo. Now Books, .

 Barrero et al. Mujer, cárcel, franquismo. La prisión provincial de Málaga 1937-1945. Málaga: junta de Andalucía- 1994, p. 52

García del Cid Guerra, Consuelo. (2012) Las desterradas hijas de Eva. España: Algon Editores.

García del Cid, Consuelo. (2015) Ruega por nosotras. España: Algon Editores.

Guillén Lorente, Carmen.(2017) Entre la legalidad y el castigo: Patronato de la protección a la mujer y prostitución en la Murcia del primer franquismo. (1936-1956). Fronteras contemporáneas. Identidades, pueblos, mujer y poder. Actas del V encuentro de jóvenes investigadores en Historia Contemporánea. Vol.2 . Departamento de historia moderna y contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona. Recuperado 27/03/2019. Disponible: https://ddd.uab.cat/pub/llibres/2017/181041/Llibre_2._fronteras_contemporaneas.pdf

Patronato de Protección a la Mujer: La moralidad pública y su evolución. Memoria correspondiente al bienio 1943-1944. Edición reservada, destinada exclusivamente a las Autoridades, Madrid, Secretaría Técnica de la Junta Nacional del P.P.M., 1944, p. 10. Citado en “El patronato de protección a la mujer: la construcción de la moralidad pública en España.” Álvarez Fernandez, Carlos.

Vinyes, Richad.(2002) Irredentas, las presas políticas y sus hijos en las cárceles franquistas. Madrid: Temas de hoy, pp. 2-7

Wachsmann, Nikolaus. (2017) KL: Historia de los campos de concentración Nazis. Barcelona: Crítica, p. 192.

Zuil, María.(6 de marzo de 2018) Peña Grande, la maternidad e los horrores que sobrevivió a Franco: “Las monjas nos exponían como ganado.” El confidencial. Recuperado de: https://www.elconfidencial.com/espana/2018-06-03/penagrande-maternidad-franco-democracia_1568352/

[1]Baro Quesada, José. La protección a la mujer en España. ABC. (27-2-1955), p. 25. Recuperado el 27/03/2019. Disponible en http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1955/02/27/025.html

[2] García, Ángeles.(02/10/1977)  El patronato de protección de la mujer, anacrónica e inadecuada. El País. Recuperado el 04/04/2020. Disponible en https://elpais.com/diario/1977/10/02/sociedad/244594809_850215.html

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