Pacto Ribbentrop-Mólotov, el tratado de no agresión germano-soviético

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Tiempo de lectura: 7 minutos

La divulgación histórica, en muchos casos, apela a la propaganda de un acto o simplemente cuenta solamente una parte. En este sentido, la invasión de Polonia es hoy en día motivo de controversia pues solo se conoce una parte. En 1939, Polonia fue invadida tanto por Alemania, primeramente, como, después, por la URSS, debido a las consecuencias establecidas en el pacto germano-soviético de no agresión. Fue una maniobra que formaba parte de los intereses de ambas naciones.

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Este tratado de no agresión entre ambas potencias no solamente concebía la no agresión entre ellas sino que más bien es un acuerdo también comercial y territorial. En este pacto amistoso entraría la cuestión de Polonia y, sobre todo, el corredor de Danzig que sería motivo de la ruptura de dicho pacto unos años después.

Contexto inmediato

La situación europea antes de la invasión de Polonia era un caldo de cultivo para una futura guerra. Lo sabían las naciones europeas y Alemania y la URSS se preparaban para ello.

Tras haber probado su fuerza en la Guerra Civil española, tanto Alemania como la URSS, comenzaron una militarización a pasos agigantados. Además sus economías estaban creciendo y tanto su potencial armamentístico como sus industrias despegaban en una carrera que solo un conflicto armado podría parar.

En 1936 se produce la remilitarización de Renania. Esta zona, según los tratados de Versalles, no podía militarizarse ya que era la frontera de Alemania con Francia y Bélgica. No podía hacerlo sin el consentimiento de Bélgica y Francia pero por orden de Hitler se militarizó.

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En este sentido, en octubre de 1938 se producirá la crisis de los Sudetes. Una parte de la antigua Checoslovaquia (hoy en día Republica Checa), que a su vez estaba integrada en el extinto imperio Austro-húngaro, compuesta por los territorios de Bohemia, Moravia y Silesia que englobaba a una población de  mayoría alemana fue motivo de disputa. Hitler reclamaba esta zona agraria desarrollada y que a su vez tenían importantes centros industriales.

Tras la anexión de Austria en marzo de 1938, Hitler incrementa la presión sobre Checoslovaquia reclamando la anexión de los Sudetes, con el pretexto de defender a la población alemana de estas zonas que suponían algo más del 30% según los autores. A pesar de los intentos negociadores de Inglaterra con el gobierno checoslovaco y la pasividad de Francia y la URSS, Hitler en septiembre de ese mismo año lanzó un ultimátum y Chamberlain, Primer Ministro británico, aceptó la cesión de estos territorios para Alemania con la excusa de evitar una guerra[1]. Por lo tanto, la anexión alemana de los Sudetes se produjo en octubre de 1938.

Por otro lado, el corredor de Dánzig también fue motivo de conflicto. A pesar que esta zona era una “ciudad libre”, calificada así por el Tratado de Versalles, su jurisdicción enfrentaba a Polonia y a las reclamaciones de Hitler, pues según los expertos Danzig era otro territorio que Alemania consideraba irredento. El Terreno de Dánzig fue motivo de disputa entre polacos y alemanes. Con ello Hitler invadió Polonia e inmediatamente Inglaterra y Francia se posicionaron del lado de Polonia declarando la guerra a Alemania.

La URSS controlaba ya Finlandia y los Estados Bálticos mientras reclamaba intervenir en Polonia y Rumania, ante la indecisión de Inglaterra y Francia. En este sentido, las aspiraciones soviéticas necesitaban un aliado y este era Alemania, que también precisaba de lo mismo.

Pacto Ribbentrop-Mólotov, el tratado de no agresión germano-soviético

El 23 de Agosto de 1939 en Moscú los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania, Joachim von Ribbentrop, y la URSS, Viacheslav Mólotov, firman el pacto Ribbentrop-Mólotov o pacto germano-soviético de no agresión. El pacto se firmó nueve días antes de iniciarse la II Guerra Mundial. Aunque pueda parecernos extraño debido a la lejanía, e incluso choque, ideológica, en un primer momento ambas naciones tenían los mismos intereses políticos y, de momento, se tenían que medir entre ellas para no dar un paso en falso. Con el tiempo, en apenas dos años, los efectos del tratado fueron disminuyendo y en 1941 Hitler inicia la Operación Barbarroja desencadenando una guerra total en Europa, una guerra contra el comunismo al invadir la URSS. ​

Pero, ¿Qué se acordó en el pacto?

En el tratado, secreto, se acordaba la no agresión entre ambos países y el reparto de Finlandia, Polonia y las repúblicas bálticas, así como parte de Europa Oriental, recordemos que tanto Hitler como Stalin repudiaban a los eslavos y ambos estaban interesados en estos territorios, además Finlandia y Polonia eran zonas estratégicas en el norte donde se podía tener el control del Báltico y tener vigiladas a Inglaterra y Francia entre otras.

Ambas naciones tenían el compromiso de solucionar de manera pacífica las controversias que pudieran surgir entre ellas mediante consultas mutuas. A todo esto habría que sumar, de manera utópica, la intención de estrechar vínculos económicos y comerciales en los que se comprometían a obtener tratos preferenciales y ayuda mutua. Por supuesto había un elemento principal, como en todos los pactos. Este elemento establecía que ni Alemania ni la URSS debían estar en alianza política y militar que supusiera oposición alguna contra el otro país firmante. Es decir tanto la URSS como el III Reich rechazarían la integración a cualquier alianza o bloque de alianza contrario a ellos, respectivamente.

Además de todo esto, en el pacto había una clausula secreta que solamente los jerarcas y altos mandos alemanes y soviéticos conocían. En este aspecto, mencionar que la cláusula secreta del pacto autorizaba a ambos países a repartirse los territorios mencionados anteriormente, es decir, Europa Central y Oriental, las repúblicas bálticas y Polonia, entre otros. Así, tanto Alemania como la URSS respetaban sus límites y su soberanía en las diferentes zonas de influencia acordadas, con la intención de no influir ni interferir ninguno sobre los territorios del otro.

Por lo tanto el común acuerdo establecía zonas de influencia y el respeto de lo acordado, sin agresión alguna, debido a los intereses en común que ambos presentaban.

Sin embargo, ¿que supuso dicho pacto?

La consecuencia directa del pacto no se hizo esperar. Así Alemania en septiembre del mismo año invade Polonia, recordemos que Polonia no suponía ninguna amenaza para Alemania pues su gobierno era anticomunista dentro de un sistema dictatorial, y dos semanas más tarde la URSS hace lo mismo que Alemania, por lo tanto ambos países se reparten Polonia. Todo ello ante la atenta mirada de los demás países, ya fueran sistemas democráticos o autoritarios. La URSS invadía, después, Finlandia ante la no condena de Hitler en “la guerra de invierno” (diciembre de 1939), igual que la URSS tampoco condenó la invasión alemana de Polonia.

Aprovechando el pacto, en 1940, concretamente en junio, la URSS se anexiona Estonia, Lituania y Letonia, además, de manera casi simultánea, se anexionó también territorios rumanos. Todo ello a la par que Alemania vencía a Francia.

Tras la victoria de Hitler sobre Francia y con la II Guerra Mundial iniciada ya, y a pesar que tanto Alemania como la URSS mantenían relaciones comerciales, las relaciones entre ambos gigantes se tensaron y con el tiempo se iban alejando cada vez más de lo acordado. En este sentido, Hitler no creía que el pacto fuera permanente sino más bien temporal, además tenía en mente ampliar el Reich hacia el este, chocando esto con su “aliado soviético”.

A mediados de julio de 1940, los alemanes vieron viable y efectivo invadir la Unión Soviética en la primavera de 1941, “Operación Barbarroja”. La idea de invadir la URSS proviene en primer lugar del choque ideológico que ambas naciones tenían, un choque directo, y en segundo lugar por la ambición que ambas potencias presentaban por los territorios europeos. Danzig fue la gota que colmó el vaso para que la Operación Barbarroja se produjese, pues ambas potencias coincidían en sus intereses comerciales sobre este territorio ya que daba salida al mar del norte. Con la Operación Barbarroja Hitler rompe el pacto Germano-soviético y se inicia la “guerra total” en Europa ya que con esto en 1941 muchos países y voluntarios se aliaron con Hitler para luchar el comunismo sovietico.

Conclusiones

La invasión de Polonia se realiza por parte de la Alemania de Hitler y de la URSS de Stalin, ambos con intereses comunes aunque con ideologías enfrentadas.

El pacto dejó boquiabierta a Europa y nadie daba crédito, ni fascistas, ni comunistas, ni demócratas. Aunque comunistas y nacional-socialistas intentaron justificar el pacto, con el tiempo se verá que no era fructuoso pues uno de los dos bandos no tardaría en romperlo, como era de prever. Si no lo hubiera hecho Alemania lo hubiera hecho seguramente la URSS.

En este sentido, el pacto de no agresión entre Alemania y la URSS establecía mucho más. Aparte de la invasión de Polonia entraban en juego más países que según quien lo invadiese pertenecían a su órbita mientras el otro “aliado” callaba en el ámbito internacional. El pacto de no agresión establecía también relaciones comerciales entre ambos firmantes así como la no entrada en bloques de alianzas opuestos, entre otras cosas.

El pacto se rompió en 1941, como era de prever y comenzó una guerra ideológica y terrenal en la que ninguno de los dos gigantes estaría dispuesto a ceder terreno.

El casus belli de la II Guerra Mundial fue la invasión de Polonia por parte de Alemania, aunque como se ha visto también unos días después intervino la URSS en las mismas condiciones que Alemania. Rápidamente Inglaterra y Francia declararon la guerra a Alemania y comenzó la II Guerra Mundial.

El pacto germano-soviético fue necesario para las dos potencias totalitarias en un afán de buscar alianzas o por lo menos evitar entrar en guerra entre ambas. Supuso la repartición “del botín” entre Alemania y la URSS de Europa y la delimitación de sus zonas de influencia así como el control de zonas estratégicas.

Autor: Álvaro González Díaz para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

[1] Lo que se ha conocido como Política de apaciguamiento