El origen de la Guerra de Sucesión española

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La Guerra de Sucesión española fue un enfrentamiento militar, propagandístico y diplomático que estremeció a Europa a principios del siglo XVIII. En nuestro país tuvo un carácter de guerra civil en la que se iban a cuestionar no sólo la persona y la familia que, en lo sucesivo, ocuparía el trono, sino, y quizás mucho más importante que esto, la vertebración territorial del estado y sus alianzas internacionales.

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En este sentido, la llamada Monarquía Católica (hoy, Reino de España ), dejó de ser una monarquía pactada y se transformó en un estado centralista, al mismo tiempo que la nueva alianza con París sustituyó a la vieja hermandad con Viena.  De ahí que sea tan importante conocer sus causas y antecedentes.

La Guerra de Sucesión, un conflicto por largo tiempo anunciado

La Guerra de Sucesión fue un conflicto bélico cuyos orígenes se remontan a los reinados de Felipe III ( 1598 – 1621 ) y Felipe IV ( 1621 – 1665 ), en medio de las turbulencias que supusieron los enfrentamientos entre los Habsburgo españoles y austriacos, en un lado, y los Borbones franceses, en el otro, por aquel entonces las dos familias más poderosas de Europa, y que es posible anticipar como consecuencia de los matrimonios de las Infantas españolas Ana y María Teresa de Austria con los reyes franceses Luis XIII y Luis XIV.

Aunque estos matrimonios se llevaron a cabo con la intención de refrendar con la mayor solidez posible los sucesivos tratados de paz entre España y Francia, por otra parte algo habitual en la diplomacia del siglo XVII, dejaban un portillo abierto a que en el futuro los Borbones descendientes de estas uniones pudieran reclamar el trono español, ocupado por la dinastía Habsburgo desde principios del siglo XVI.

Este peligro pareció mucho más evidente con ocasión del matrimonio entre el rey francés Luis XIV y la Infanta María Teresa de Austria, hija del monarca español Felipe IV, una consecuencia directa del tratado de paz entre España y Francia llamado de los Pirineos en 1659. No obstante, y como medida aconsejada por la prudencia, se había exigido a ambas Infantas una renuncia solemne a sus derechos sucesorios, que además había sido refrendada por las cortes castellanas y por lo tanto considerada como Ley Fundamental, a tenor del entramado jurídico imperante en Europa en aquella época.

Conspiraciones palaciegas y maniobras diplomáticas

La situación se complicó todavía más a partir de 1665, cuando, tras la muerte de Felipe IV, accedió al trono español su hijo Carlos II el Hechizado. Era débil y enfermizo, por lo que se le auguraba una temprana muerte, además de que pronto se extendió la sospecha de que no podría engendrar ( según se decía, a causa de un hechizo del cual habría sido objeto, de ahí su apodo ). Esto se confirmó en sus dos matrimonios, con María Luisa de Orleáns y, tras la muerte de ésta, con Mariana de Neoburgo, enlace este último que provocó nada menos que una declaración de guerra por parte de Francia, pues fue visto por la corte francesa como un último intento de reactivar la tradicional alianza entre los Habsburgo españoles y sus primos austriacos.

Cada vez con más claridad, iban perfilándose dos candidatos a suceder a Carlos II: en principio el que parecía tener mejores derechos era el Archiduque Carlos de Austria, hijo del emperador Leopoldo I,  tataranieto del rey español Felipe III y perteneciente a la rama austriaca de la familia Habsburgo. El otro posible heredero era el Duque Felipe D´Anjou, nieto del rey francés Luis XIV ( por lo tanto, Borbón ), y de la Infanta María Teresa de Austria, hija de Felipe IV.

Esta situación originó fuertes tensiones a lo largo de todo el reinado de Carlos II ( 1665 – 1700 ), tanto durante la regencia de su madre Mariana de Austria en los años de minoría de edad del rey como a lo largo de su reinado efectivo, y se materializó en un largo rosario de camarillas, intrigas y complots alrededor del propio monarca y también en maniobras y contramaniobras diplomáticas por parte de las cancillerías europeas, de forma especial la francesa y la austriaca, pues ambas se preparaban para recoger los despojos del Imperio español, que, aunque un coloso con pies de barro y en un más que evidente declive, aún era gigantesco en cuanto a la cantidad de territorios que estaban bajo su autoridad y en riquezas reales y potenciales. Esto originó que Austria, Francia y Holanda firmasen, todavía en vida de El Hechizado, hasta tres repartos de sus posesiones.

Al fin, muerto Carlos II el 1 de Noviembre de 1700, dejó como heredero al candidato francés, propiciando por tanto un cambio de dinastía. Felipe D,Anjou llegó a Madrid para ser coronado como Felipe V de España. El emperador austriaco Leopoldo I reclamó la herencia española para su hijo Carlos ( quien después sería proclamado rey de España en Viena, a fines de 1703 ), basándose sobre todo en la continuidad dinástica, las renuncias de las Infantas españolas y las presiones que al parecer los partidarios del Borbón habían ejercido sobre Carlos II en su lecho de muerte.

Unos meses después el mismo emperador Leopoldo firmó con Inglaterra y Holanda, temerosas de la preponderancia francesa, la llamada Gran Alianza, que un año más tarde incluyó también a Portugal. La Guerra de Sucesión Española había comenzado. El destino de las dos familias más poderosas y más enemigas, la Casa de Austria y la de Borbón, de España y su Imperio inmenso y hasta de gran parte de Europa y del mundo estaba en juego.

Autor: Juan José Plasencia Peña para revistadehistoria.es

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