El Obispo Maeloc: La llegada de Celtas británicos a la Península

Las relaciones entre Galicia y las naciones del Arco Celta Atlántico (Irlanda, Gales, Escocía, Cornualles, Bretaña) van mucho más allá de la música y otras tradiciones todavía hoy visibles. Estos contactos han sido muy estrechos en el pasado marcando el carácter y costumbres de los pueblos a ambos lados del océano.

Desde tiempos inmemoriables, las leyendas irlandesas son testigo de estas relaciones. En estas leyendas, habrían sido pobladores del noroeste peninsular, los Milesianos o hijos de Mil Espane, quienes habrían colonizado Irlanda para la cultura celta. En los textos del “Lebor Gabála Érenn”, Libro de las Invasiones de Irlanda del S XII, se hace referencia a estas leyendas que han quedado marcadas en la tradición popular. Estas tradiciones encuentran su reflejo científico en los estudios de genetista británico Bryan Sykes, según los cuales las poblaciones de Irlanda e Inglaterra estarían directamente emparentados con los pueblos del Noroeste Peninsular que habrían cruzado el océano hace ahora unos 6000 años.

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El Obispo Maeloc: La llegada de Celtas británicos a la Península

Una de las historias más interesantes que conectan a los pueblos de este arco atlántico, la encontramos en en el S V. En este momento se produjo una fuerte migración de pueblo celto-británicos. Estas migraciones se van a prolongar durante parte del S V y VI, comenzando por la provincia romana de la Armórica, actual Bretaña francesa, donde aproximada 50,000 personas todavía hablan la lengua bretona. Estos movimientos migratorios habrían llegado hasta las costas de la antigua Galaecia, trayendo consigo grandes movimientos de población.

Son muchas las evidencias históricas de estos movimientos de población, que habrían estado motivados por la llegada de los Anglo y Sajones a la actual Inglaterra aprovechando el declive del imperio romano. La crueldad de los enfrentamientos entre Britones, Anglos y Sajones provocaría la salida de estos grupos de población. Es esta una época oscura en la que se fraguó la Leyenda Artúrica.

Las huellas de estas migraciones son muy visibles en la toponimia de muchos lugares al otro lado de la costa atlántica. En Galicia además de Britonia, que daría nombre al asentamiento, encontramos también Bretoña, Bertona o Bretonia. Localizados en la costa Norte. Pero son bastantes más en todo el territorio gallego, aunque concentrados mayoritariamente en lo que hoy es el obispado de Mondoñedo.

También son variadas e interesantes las conexiones dentro del mundo del folclore en los pueblos del arco atlántico. A pesar de ello no es fácil establecer conexiones directas sobre el origen de muchas de estas tradiciones. Sin embargo, una de ellas llama especialmente la atención. La que hace referencia a las conocidas como “Barcas de Piedra” sobre las que viajaban los Santos. En Galicia tenemos tres de estas “barcas de piedra”, en San Adrés de Teixido (Cedeira) , En Muxía y en San Xoan de Mirasela (Pobra do caramiñal), cuatro si sumamos la Barca de Piedra en la que habría llegado el Apostol Santiago. Estas leyendas son exclusivas de la Bretaña francesa, Cornualles, Gales e Irlanda y según el historiador Alonso Romero habrían sido llevadas por los Celtas Britones en sus migraciones.

Desde el punto de vista de las evidencias históricas, las más llamativas las encontramos en el ámbito religioso. La primera mención documentada del pueblo de los Britones en Galicia, la vamos a encontrar el la firma de las actas del Segundo Concilio de Braga, en el año 572. En ellas se puede ver la firma del Obispo Mahiloc de la diócesis Britonorum. Más o menos por las mismas fechas, aparece otro documento haciendo mención explícita al los britones. Es el conocido como Parochiale Suevicorun, un registro de las parroquias de los doce obispados del Reino Suevo. Entre ellas encontramos “Sedorum Britonorum” y el el documento se menciona su procedencia étnica británica.

Maeloc o Mailoc es el personaje histórico Celto-Británico del que tenemos más información, pero esta en todo caso es insuficiente para conocer bien al personaje. Algunos autores han querido ver en el a un líder religioso, político y militar. Y han apoyado sus teorías en el la base etimológica de su nombre, donde el término celta “Mael” que significa lider. Pero esto ha sido fuertemente rebatido y parece difícil afirmar con rotundidad esta procedencia. Además, en las comunidades Celto-Británicas el poder militar solía estar separado de religioso. En todo caso la fuerza de este personaje ha llevado su nombre hasta nuestro tiempo, y se han creado incluso leyendas a su alrededor. Una de ellas hace referencia a una piedra preciosa que emitía una luz azul y le entregaba a Maeloc poderes sobrenaturales. Según la tradición, esta piedra habría sido enterrada en un cofre de oro macizo, a gran profundidad, entre las montañas de Cornería y Penabor, provincia de Lugo.

Britonia parece que habría sido fundada entre los años 469 y 572. Y aunque es difícil precisar cualquier tipo de cronología durante esos siglos, por la escasez de datos. Son dos los documentos que nos ayudan a concretar este abanico como fecha de fundación de Britonia. El primero de ellos son las “Chronicles de Idacio”, obispo e historiador hispanoromano. Las Chronicles de Idacio, que se tienen como una de las mejores fuentes de información de la Galaecia del S V, no hacen ninguna mención a los Britanos, por lo que tenemos así una fecha por debajo de la que se cree aun no se habría producido la llegada de los mismos. El otro documento sería el Segundo Concilio de Braga de 572, donde Maeloc deja el primer testimonio escrito de su presencia. Existe un Primer Concilio de Braga en el año 561, donde uno de los obispos firmantes es llamado Maliosus. Algunos historiadores han querido ver aquí una versión latinizada de “Mailoc”, pues es sabida la costumbre de los irlandeses y celto-británicos a usar “nombres dobles”, uno en lengua nativa y otro en latín. Pero en todo caso es algo que no pasa del terreno de la especulación.

En la mayoría de estudios tiende a identificarse la comunidad de Britonia con una comunidad de monjes-celtas, de los cuales se ha dicho con frecuencia que podrían haber ayudado a la difusión del cristianismo en territorio gallego. Hoy esta teoría está llena de luces y sombras. Una de las razones es la bien conocida tradición de los monjes irlandeses a dejar sus tierras y fundar monasterios lejos de su lugar de origen. Esto sumado a que la mayoría de referencia históricas son de tipo eclesiástico, ha llevado con frecuencia a ver Britonia como una comunidad formada exclusivamente por monjes. Pero esto no es así, hoy sabemos que Britonia era una localidad de tipo secular, dentro de la cual existía un grupo de monjes que habrían tenido relevancia en el contexto de las divisiones eclesiásticas de la época. De no haber sido un grupo de religiosos que se habrían asentado de forma pacífica, se abre la puerta a posibles enfrentamientos. Y de hecho no es descartable que los celto-británicos se hubiesen asentado mediante el uso de la violencia. Estas teorías siempre se han tratado con cuidado, por la falta de evidencias, y también por el romanticismo que reclama Galicia como una nación celta, y que habría acogido como a hermanos a estos Británicos.

El asentamiento de Britonia en la Península Ibérica abarcaría territorios de la actual Galicia y Asturias, y la presencia de topónimos que así lo acreditan es constante en ambas regiones. Sin embargo encontramos mayor problema a la hora delimitar cual habría sido la localidad que ejerciese de cabecera de este asentamiento. La mayoría de historiadores apuntan a la localidad de Bretoña, próxima al actual Mondoñedo.

Más difícil parece ubicar la localización del conocido como “Monmasterio Maximo”, que habría sido la sede episcopal de esta comunidad Británica. Algunos historiadores han querido ver en el término “Maximo”, una latinización del término Maeloc. Y otros han defendido que el término hace referencia a su importancia. Sin embargo, hoy la tesis más defendida apunta a que “Máximo” haga referencia a algún eclesiástico o algún santo antiguo hoy olvidado. Se ha tratado de ubicar el emplazamiento en la iglesia de Santa María de Bretoña o en la Catedral de San Martiño de Mondoñedo, pero no hay ningún dato que permita afirmar la localización del Monasterio Máximo en uno u otro lugar. Cerca de ambos lugares encontramos el topónimo “O Bispado”, asociado a la comunidad Celto-Británica y que nos indica la proximidad a esta sede episcopal.

El obispado de britonia en sus primeros años tiene una estructura propia de la iglesia celta, esto se puede ver en el hecho de que el “Obispado Britonorum” no estuviese dividido en parroquias, o que se dirigiese la sede episcopal desde un monasterio. Del mismo modo en el Segundo Concilio de Braga los postulados que parece defender Maeloc también apunta en la misma dirección; como el hecho de decidir las fechas de la Pascua. Sin embargo ya en el S VII los nombres de los obispos de Britonia ya no son de origen celto-británico, y en la mayoría de los casos son de procedencia germánica o latina. Esto parece apuntar a un proceso de adaptación de adaptación.

Se ha apuntado siempre como motivo de la desaparición de los Celto-Británicos, la llegada de las incursiones musulmanas en el S VIII. Y en lo que respecta a la localidad de Bretoña hay pruebas evidentes de que la localidad fue destruida por Abd-el Aziz, hijo de Muza, en algún momento entre el año 716 y el 750. Se ha encontrado una fuerte capa de cenizas en las excavaciones arqueológicas realizadas en Bretoña, que son el mejor testigo de la violenta destrucción de la localidad. Algunos historiadores han querido ver a las incursiones Vikingas como responsables de la la destrucción, pero el contexto histórico y cronológico parecen apuntar sin mucho margen de error a la presencia musulmana.

Esto no implicaría una total desaparición de la comunidad celto-británica, y estos podrían haber sobrevivido, y de hecho aparecen menciones posteriores a pequeños grupos celto-británicos, tanto en Asturias como en Galicia. Lo que si parece cierto es que la llegada de los ejércitos musulmanes pone fin a este período celto-británico en las tierras del Norte de Galcia y Asturias, y los supervivientes a este momento histórico habrían sufrido un proceso de adaptación, diluyéndose así entre las comunidades emergentes locales.

Autor: Pedro Rey-Alvite para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

-Britonia: Caminos nuevos —- Simon Young 2001

-Breve Historia de las leyendas medievales — David Gonzalez Ruiz

-Recortes de prensa V.V.A.A