El Marqués de Guadalcázar

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Diego Fernández de Córdoba y López de las Roelas, I marqués de Guadalcázar y conde de las Posadas, fue Virrey del Perú del 25 de julio de 1622 al 14 de enero de 1629 durante el reinado de Felipe IV. Fue el sucesor en el Virreinato del Príncipe de Esquilache. Caballero de la Orden de Santiago, Gentilhombre de Cámara del Rey y descendiente de Gonzalo de Córdoba, el Gran Capitán. Nació en Sevilla en 1578 y falleció en Córdoba en 1630. Fue el número 13 de los Virreyes en el Perú. También fue Virrey de La Nueva España.

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Gobierno de El Marqués de Guadalcázar

Su primer cuidado al llegar a la Ciudad de los Reyes, fue como el de otros Virreyes, defender las ciudades de los ataques exteriores, construyendo nuevos cuarteles y situando las Baterías necesarias, organizando milicias, restaurando barcos destartalados y eligiendo entre las autoridades de los distintos servicios a las que le inspiraban la mayor confianza. El puerto del Callao quedó durante su Gobierno en condiciones excepcionales para cualquier resistencia.

Diego de Carvajal Vargas[1], en el puerto de Pisco[2], supo mantenerse con su gente contra las incursiones de los piratas, destacándose en los combates que se llevaron a cabo, no solamente los soldados y sus Jefes, sino también los Batallones formados por frailes. El vecindario colaboró de una manera constante, no pudiéndose evitar el que cayeran en manos del enemigo algunos buques mercantes. El corsario Le Clerc[3] intentó, sin conseguirlo, apoderarse del Callao. Los holandeses sufrieron muchas bajas y Le Clerc tuvo que abandonar la empresa, muriendo años después de disentería, mientras perseguía barcos españoles. Cinco meses duraron las hostilidades, pero los piratas, al retirarse, tomaron la ciudad de Todos los Santos[4] y Bahía, en Brasil, volviendo posteriormente a Ámsterdam.

El Virrey Guadalcázar tuvo que reprimir varias sublevaciones de los araucanos en el Perú y en Chile. Envió para combatirlos a su hermano, Luis Fernández de Córdoba, que al final pudo dominarlos. Una numerosa flota holandesa llegó al puerto del Callao en 1624, llevando a bordo como Jefe supremo a Le Clerc, pero ante la negativa de retirarse, el ataque pirata fue rechazado por filas de morteros que les causaron grandes destrozos en los buques y muchas pérdidas humanas. Ante este fracaso, se dirigieron hacia Guayaquil y Acapulco, donde también fracasaron en su enfrentamiento con los españoles, abandonando totalmente la empresa y regresando su flota a alta mar.

El Virrey también no solo se interesó por los asuntos urgentes peruanos, sino que su preocupación de mejorar la situación alcanzó a otros territorios, como ocurrió en Chile, donde los medios de subsistencia escaseaban. Guadalcázar envió en aquellos penosos momentos los víveres necesarios, con lo que consiguió detener el hambre, sirviendo como pausa para que durante algún tiempo fuese más rigurosa la resistencia contra los araucanos.

Las minas, en aquélla época, estaban en decadencia y en un relativo abandono, descubriéndose un mineral que se creyó podía ser un sustituto de la plata, pero que desgraciadamente no dio resultado, a pesar de producir en un principio un alto rendimiento. Por otra parte, era el momento en que comenzó a ser explotado el azogue (mercurio), no siendo imperativo para que, por presión de las autoridades españolas, y debidos a ciertos intereses contraídos, se tratara de despoblar las minas de Huancavelica. El Virrey no prestó mucha atención a estos requerimientos.

Al igual que el Virreinato anterior, del Príncipe de Esquilache, seguían las luchas intestinas entre vascongados y vicuñas[5], nombre por el que eran conocidos los dos bandos rivales, que, con el pretexto de combatir por unos ideales, cometían toda clase de robos y asesinatos, especialmente los segundos. Después de la muerte de un tal Reinoso López, en 1622, los vicuñas asaltaron la residencia la residencia del Capitán vascongado Oyaume, causando muchas muertes. El Virrey, al enterarse del trágico acontecimiento, envió al Corregidor, Felipe Manrique, con 300 hombres, para que mantuviera el orden y castigara a los culpables. Manrique se excedió en sus represalias, cometiendo algunos delitos de fraude. Por otra parte, los vicuñas nombraron como General de su bando a Francisco Castillo, criollo un tanto exaltado, pero dueño de una cuantiosa fortuna, con la que contribuyó a sostener a los improvisados guerrilleros que se ponían bajo sus órdenes. Los Consejeros Reales, de acuerdo con el Monarca, dictaron una patética Cédula en 1624, por la que se autorizaba al Virrey para que acabase con la oposición de los vicuñas, por los medios que considerasen más convenientes. Conocedor de tal determinación, Francisco Castillo, optó por asaltar Potosí, plan del que al final desistió debido al ruego de algunos vecinos y especialmente por la presión de las comunidades religiosas. Vino a continuación un perdón general, concedido por el Virrey, trayendo como consecuencia una reconciliación de los dos bandos.

En tanto, el Conde-Duque de Olivares, Gaspar de Guzmán y Pimentel, valido del Rey Felipe IV, cegado por la ambición, reanudaba las hostilidades contra Holanda, aprovechándose de haber expirado el plazo de tregua de los doce años, llamada también tregua de Amberes firmada en 1609. En contra de la opinión del General Ambrosio Spínola Doria, que era partidario de mantener la paz, le obligó a comenzar de nuevo la lucha – sin Flandes no hay nada, decía el valido -, apoderándose los españoles de la ciudad de Juliers[6], mientras se mantenía la guerra con Alemania. Los holandeses hicieron causa común con los daneses, que defendían los derechos de los protestantes. Spínola ocupó la plaza fuerte de Breda[7] el cinco de junio de 1622 defendida por Mauricio de Nassau[8].

A causa de estas renovadas luchas se requería continuamente de las posesiones de América numerosos impuestos, exigiendo de una manera inexorable el que se enviara dinero para las arcas reales. El marqués de Guadalcázar cumpliendo esas exigencias urgentes y con el fin de satisfacer los deseos del Rey, hizo extraer mayor cantidad de minerales, aumentando determinados impuestos, como el que se conoció con el nombre de Avería, que subió de 10.000 pesos a 40.000; el de Aduanas, etc. Pero no bastaba la voluntad de los preeminentes para cumplir las órdenes del Rey, o del valido (primer ministro) que le secundaba, pues las minas se encontraban en una situación precaria, debido además por el abandono en que se las tenía, a las inundaciones y terremotos.

Guadalcázar siguió impulsando la enseñanza, con la creación de escuelas, fundó colegios, como el de San Pablo Nolasco, la Ermita de Nuestra Señora del Buen Viaje, el Monasterio de Santa Catalina de Lima, etc., y organizó el Tribunal de Cuentas.

Entre las anécdotas que le atribuyen los historiadores mencionamos la de aquella que criticaba al Monarca por haber transigido demasiado con determinados personajes de Panamá. El Virrey contestó:

Señor, como desde aquí sólo alcanzo con las puntas de los dedos a las justicias de Panamá, no les puedo, aunque lo ambiciono mucho, apretar la mano.

Puede decirse que Guadalcázar fue un buen Virrey. Otros de análogos méritos tal vez fueron menos populares, o no pudieron cumplir su misión por causas ajenas a su voluntad, o por sorprenderles la muerte. Ejemplo entre ellos fue Gaspar de Zúñiga, conde de Monterrey o Diego de Acevedo, conde Nieva.

Al marqués de Guadalcázar le sustituyó Luis Jerónimo de Cabrera, conde de Chinchón, el 14 de enero de 1629.

Autor: José Alberto Cepas Palanca para revistadehistoria.es

Lee más sobre el autor en:  sites.google.com/site/joseacepas/

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Bibliografía

ÁLVAREZ DE ESTRADA, Juan. Grandes Virreyes de América.

[1] Diego de Carvajal Vargas y Sotomayor, nacido en Trujillo, Extremadura. Ostentaba los títulos de Caballero de la Orden de Santiago y tercer correo mayor de las Islas y tierra firme del Océano y del Mediterráneo. Fue electo alcalde ordinario de Lima en 1576. Murió en 1593.

[2] Pisco es una ciudad del centro-sur del Perú, capital de la Provincia de Pisco, situada a 230 km al sudeste de Lima a orillas del mar peruano, al sur de la desembocadura del río Pisco.

[3] François Le Clerc, apodado Jambe de Bois (en español, Pata de palo), fue un corsario protestante francés en el siglo XVI, al servicio de los holandeses, originario de Normandía. También fue conocido como Jacques l’Hermite.

[4] El 20 de mayo del año 1591, el gobernador de Tucumán Juan Ramírez de Velasco, fundó la ciudad de La Rioja, denominada “Ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja”. Está situada en el Noroeste del país, limita al Noroeste con Chile, al Oeste con la provincia de San Juan, al Sur con San Luis, al Este con Córdoba y al Norte con Catamarca.

[5] La guerra entre vicuñas y vascongados fue un conflicto social, político y bélico en el Alto Perú, actual Bolivia, que se extendió entre junio de 1622 y marzo de 1625 y vio enfrentarse a vascos y “vicuñas” (un término informal referido a los españoles no vascos del Alto Perú, con origen en el hábito de vestir sombreros hechos de piel de vicuña).

[6] Jülich o Juliers es una ciudad de tamaño medio en el distrito de Düren, en el estado federado de Renania del Norte-Westfalia, en Alemania. Jülich es conocida por su centro de investigación mundialmente famoso, el Forschungszentrum Jülich.

[7] La ciudad de Breda – es una ciudad, y municipio de la provincia de Brabante Septentrional en Los Países Bajos. La ciudad fue tomada por ambos bandos hasta cinco veces. La más conocida y popular fue la tercera, que fue conquistada por Spínola. Finalmente, fue conquistada por los holandeses.

[8] Mauricio I de Nassau, estatúder de la parte norte de los Países Bajos entre 1584 y 1625, hijo del líder holandés Guillermo de Orange-Nassau el Taciturno y de Ana de Sajonia, hija del elector Mauricio de Sajonia.

 

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