El Holocausto Asiático: los crímenes japoneses

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¿Cómo es posible que los japoneses trataran a sus prisioneros alemanes de manera tan afable y cometiesen los horrores que cometieron en la Segunda Guerra Mundial?

Los japoneses trataron a los prisioneros alemanes al finalizar la primera guerra mundial como a invitados, pesar de que habían luchado al lado de los británicos.

El Holocausto Asiático: los crímenes japoneses

A finales del siglo XIX, los japoneses habían adoptado una nueva constitución, habían introducido la industria pesada y formaron un ejército moderno. Volvieron la vista a las naciones poderosas occidentales y se dieron cuenta que les faltaba algo más si querían ser poderosos: colonias.

El sudeste asiático estaba bajo dominio extranjero. Así, comienzan con la invasión de Corea y Taiwán. Además, Japón tiene un grave problema de espacio porque tiene una densidad de habitantes superior a su superficie, cada vez tiene más población. En febrero de 1932 conquistan Manchuria, una tierra rica en todo aquello que Japón no poseía, metros cuadrados y recursos naturales. Es algo parecido a la teoría del espacio vital que promulga Hitler.

Para que Japón pudiera expandirse como querían los nacionalistas, tenían que tener un ejército numeroso y poderoso. La brutalidad japonesa, comienza con la instrucción de los reclutas. La guerra en China se inicia en 1937, en occidente es recordado por los brutales crímenes en Nankín. Desde un principio, se repitió a los japoneses que estaban librando una guerra contra infrahumanos. En 1936 firma con Alemania el “Pacto anti-Komintern”, una alianza contra la propagación del comunismo. En 1940, se firma la triple alianza con Alemania e Italia.

El racismo de los demás países llevó a pensar que los japoneses nunca podrían atacarles, como ocurrió en Pearl Harbor. Cinco horas después, los japoneses atacaron la colonia británica de Hong Kong .Durante los tres primeros meses de la guerra, los japoneses habían hecho más de cien mil prisioneros, y sorprendentemente la manera de tratarlos varió radicalmente a como los trataban en la Primera Guerra Mundial. El hecho de que un soldado podía rendirse y conservar el “honor” no estaba considerado según el ideal japonés. Pues, ningún soldado japonés podía rendirse.

Los soldados preferían morir, luchar hasta el final o ser un kamikaze, por su dios, el emperador. Por tanto, un enemigo que en masa se rinde no era digno de respeto. Muchos de los prisioneros que se hicieron en Hong Kong fueron recluidos en unos barracones abandonados. Las condiciones de vida eran espantosas. Y el trato hacia los prisioneros fue brutal y muy duro.

Al igual, las condiciones en las que estaban los occidentales en el campo de Stanley de Hong Kong, vivían hacinados y estaban mal alimentados. Si bien, los habitantes chinos no fueron internados de inmediato, tampoco se escaparon de las atrocidades. Una vez conquistado Hong Kong, los japoneses cruzan el mar de China del Sur y ocuparon Java, antes de hacer otro tanto con las Indias Orientales holandesas. El 1 de marzo de 1942, los holandeses se rindieron y los civiles occidentales capturados fueron internados en campos.

Los japoneses convirtieron dos áreas, el Valle Feliz y Wancahi, en inmensos burdeles, y las mujeres chinas que vivían allí, se vieron obligadas a ejercer la prostitución. Apenas había comida y al final de la guerra los relatos de canibalismo abundaban. En el verano de 1945, la población china de la colonia había pasado de 1.600.000 habitantes a 750.000.

En una localidad llamada Sandakan, 1500 prisioneros de guerra, en su mayoría australianos, llegaron en julio de 1942, estaban destinados a construir un aeródromo. Al año siguiente, llegaron otros 1200 prisioneros, casi todos eran británicos. Una vez terminado el aeródromo, fueron allí destinados 2500 soldados japoneses, no había tanta comida, las raciones de comida de los prisioneros se fueron reduciendo. Los comandantes japoneses de la zona, comenzaron a considerar en matar de hambre a los prisioneros. De los australianos prisioneros en Sandakan, sólo sobrevivieron seis, ya que lograron escapar por la selva. Todos los demás perdieron la vida.

La historia del ejército japonés en Nueva Guinea nos ofrece más datos sobre las consecuencias que tuvo para el Ejército Imperial su incapacidad para rendirse. Nunca antes Japón había perdido una guerra. En consecuencia, los sistemas, valores y creencias de la sociedad japonesa se vieron sometidos a una presión desconocida hasta la fecha.

El 18 de abril de 1942, el coronel James Doolitle, de la fuerza norteamericana dirigió un ataque de 16 bombarderos B-25 sobre Tokio y otras ciudades japonesas. La respuesta del gobierno japonés a aquella humillación fue que inmediatamente ocho pilotos norteamericanos fueron capturados y condenados a muerte.

Sin embargo, a pesar de perder 24000 hombres, el gobierno japonés no se mostró ni mucho menos interesado en hacer un llamamiento a la paz. Los japoneses preferían quitarse la vida a rendirse: el Código de Servicio del Ejército Imperial  i la manera de como los habían educado tenían un peso determinante a la hora de hacer que las fuerzas armadas japonesas lucharan hasta el final.

Como las tropas japonesas no querían rendirse y habían perdido no les quedaba otra opción que el suicidio. En los acantilados de Marpi Point, no sólo los soldados se suicidaron, sino también civiles, miles de mujeres y niños que después agonizaban en el coral. En 1944 al 201º escuadrón aéreo japonés, se le asignó la misión de pilotar un avión lleno de explosivos y estrellarlo contra un portaaviones americano. Todos los pilotos se ofrecieron voluntarios y dispuestos a morir.

Los kamikazes no sólo se movían por la certeza de la existencia de una vida después de la muerte, sino también por su convencimiento de que estaban prestando un servicio a aquella sociedad que dejaban. El 6 de abril comenzaron los ataques de los Kamikazes. Hundieron 24 navíos norteamericanos y 200 sufrieron daños. En febrero de 1945, los marines norteamericanos desembarcaron en la pequeña isla volcánica de Iwo Jima, la respuesta japonesa fue la ya narrada. Uno de cada tres norteamericanos, había muerto o estaba herido. La cúpula militar, a principios de 1945, era consciente de que iban a ser derrotados, pero no podían aceptar la rendición era una incloncluencia viendo como les habían entrenado, los japoneses no consideraban la rendición una opción.

En un intento por obligar a Japón a aceptar una rendición incondicional, se tomó la decisión de implicar en la guerra a la población civil. Armados con bombas incendiarias, los bombarderos B-29 sobrevolaron a escasa altura las ciudades japonesas por la noche e incendiaron los edificios.

Este hecho pasó inadvertido, cinco meses antes de que se lanzaran las bombas atómicas, los norteamericanos lo llevaron a cabo, la noche del 10 de marzo de 1945, el bombardeo de Tokio, matando a más de 100.000 personas. En pocas horas, murió más gente que en cualquiera de los ataques con bombas atómicas.

En julio, los líderes aliados se reunieron en PotsdamAlemania, para estudiar en qué términos sería aceptable la rendición de Japón. La “Declaración de Potsdam” se pedía la rendición incondicional de Japón. Una comisión especial, norteamericana, recomendó a Hiroshima para el ataque con la bomba atómica, se produjo el 6 de agosto de 1945. El 9 de agosto, lanzaron una segunda bomba, ésta en Nagasaki.

El 14 de agosto se llevó a cabo un nuevo bombardeo en Kumagaya, en esta ocasión por medios convencionales. Este bombardeo, provocó más destrucción que el bombardeo de Nagasaki. Hirohito tomó la decisión de poner fin a la guerra. El 15 de agosto de 1945, se anunciaba la rendición.

Autor: Edgar Quílez Muñoz para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

Ress, Laurence. El holocausto asiático, los crímenes japoneses de la Segunda Guerra Mundial”. Rees. Critica Barcelona. 2009. 228 p.