El Gran Capitán, los primeros años de Gonzalo Fernández de Córdoba

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Gonzalo Fernández de Córdoba nace en el castillo de Montilla (Córdoba) el 1 de septiembre de 1453, en el reinado de Juan II de Castilla. En el mismo año, el 2 de junio, fue ejecutado el privado del rey, el todopoderoso Álvaro de Luna, en la plaza Mayor de Valladolid.  Su familia, las casas de Aguilar y Priego de Cabra proceden de Lemos (Galicia).

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En el siglo xii Vasco Fernández, señor de Témez y de Chantada, el conquistador de Córdoba, transformó el escudo de los Témez en Córdoba y como recompensa de su trabajo en la guerra contra los moros Fernando III el Santo le concedió la tierra conquistada y otorgó la casa de Córdoba a la familia Témez. En 1369 Enrique II concede la casa de Aguilar a Gonzalo Fernández, cuarto señor de la casa de Córdoba, y su bisnieto Pedro Fernández de Córdoba (padre del Gran Capitán), hereda la jefatura de la casa pero muere en 1455 dejando dos hijos pequeños y una hija.

Gonzalo Fernández de Córdoba

La madre de Gonzalo, Elvira de Herrera, era hija de Blanca Enríquez, hermana de Fadrique Enríquez, el abuelo de Fernando el Católico, por lo tanto su madre era prima de Juana Enríquez, la madre de Fernando. Es decir, Gonzalo y Fernando eran primos segundos. Curiosamente, según el origen genealógico, Gonzalo procede de la misma familia que Isabel y Fernando si nos remontamos hasta Alfonso XI. Isabel y Fernando proceden del fundador de la casa trastámara Enrique II el de las Mercedes, hijo bastardo de Alfonso XI el Justiciero, por vía paterna. Los Enríquez proceden de Fadrique, hermano gemelo de Enrique II.

Fernando fue por ambas vías, paterna y materna, descendiente de Alfonso XI. Isabel era también descendiente de Alfonso XI por vía paterna, y Gonzalo lo fue del mismo rey por vía materna. Su juventud apenas se conoce hasta su iniciación cortesana en 1460. Cuando tenía 7 años entró en la corte como paje del infante Alfonso hasta la muerte de este el 5 de julio de 1468. Sus jefes eran Alonso Carrillo (el arzobispo de Toledo) y Juan Pacheco (el marqués de Villena).

La guerra civil se enseñoreaba de la Castilla de entonces: de un lado, Enrique IV; del otro, la nobleza rebelde encabezada por Juan Pacheco y por Carrillo. El hermano de Gonzalo, Alonso, se alinea con los rebeldes contra el rey acogiendo al maestre de Calatrava, Pedro Girón (hermano de Pacheco) y se casa con la hija de Juan Pacheco. En 1468, a la muerte del príncipe rebelde Alfonso, Gonzalo pasa a la corte de la princesa Isabel, hermana de Alfonso. Gonzalo tenía dos años menos que Isabel. Su padre era amigo de Alonso Carrillo y de Juan Pacheco, por lo que Gonzalo pudo entrar en la corte como paje. Durante cinco años servirá y aprenderá en la corte de Isabel, y a los 20 años vuelve a su tierra natal, donde su hermano Alonso era el señor de Aguilar. Gonzalo como segundón no tenía derecho a heredar nada, por lo que su destino estaba marcado.

Tenía que valerse por sí mismo si quería llegar a ser alguien dentro de la corte. Se casa con su prima Isabel de Sotomayor, pero pronto fue preso por el conde de Cabra, primo y enemigo de la casa de Aguilar, hasta 1476. Los Reyes Católicos estaban en guerra contra el ejército portugués, apoyado por la nobleza rebelde de Castilla, y justo ese año de 1476 pudieron desalojar a los portugueses de Toro y de Zamora, donde el rey de Portugal tenía su cuartel general. Como celebración del triunfo se convocaron las Cortes de Madrigal, las primeras Cortes de los Reyes Católicos, y a continuación comenzaron la labor de pacificación de los territorios ocupados por la nobleza rebelde. Al enterarse Isabel de la situación de Gonzalo como prisionero en manos del conde de Cabra, le libera de la prisión, acordándose de la fidelidad demostrada durante la etapa de paje en la corte de Isabel cuando aún no era reina. Desde entonces volverá a servir, esta vez como soldado bajo las órdenes de su jefe el maestre de Santiago Alfonso de Cárdenas, demostrando su habilidad militar en la última guerra con Portugal: la guerra de Albuera.

Después participa en la guerra de Granada durante casi diez años, de 1482 a 1492. Gonzalo tenía 29 años cuando empezó la guerra con la toma de Alhama. La guerra de Granada fue para Gonzalo una escuela de formación militar de primer orden y saldrá de allí como un hombre maduro, completo y perfecto desde el punto de vista guerrero y militar. Al principio sus logros militares no se reconocieron por ser un segundón de la casa de Aguilar y un personaje anónimo entre los grandes caballeros venidos de todas partes del territorio peninsular. Hacia 1483 empieza a destacarse con su demostración de valentía y habilidad militar en la toma de Tájara, donde luchó junto a Fernando. El nombre de Gonzalo ya aparece en las Crónicas generales del reinado de los Reyes Católicos de 1484, y por fin deja de ser el segundón de la casa de Aguilar.

Le nombran capitán en la tala de Málaga, donde actúa ya al lado del ejército del maestre de Santiago. La suerte acompaña a Gonzalo a partir de entonces: será elegido para ejercer como guardián del rey moro Boabdil cuando este fue hecho prisionero por primera vez en el castillo de Lopera. El trato que dio Gonzalo a Boabdil hizo que se creara cierta amistad con el rey moro, amistad que resultará decisiva en el futuro papel de Gonzalo en la guerra de Granada. En el tercer intento de la toma de Loja, la fortaleza que el ejército de Fernando no había conseguido desalojar en dos ocasiones, la amistad que había entablado Gonzalo con el rey moro fue la pieza clave para la negociación con Boabdil, que era quien defendía la plaza. En 1486 se rinde Boabdil y entrega Loja. El rey moro fue acompañado por Gonzalo para entrevistarse con Fernando el Católico.

Después de la toma de Loja fue fácil la conquista de Íllora y de Moclín. En premio por sus hazañas Gonzalo fue nombrado alcaide de Íllora, una plaza importante al encontrarse ubicada cerca de Granada. Era la primera recompensa que recibía por los servicios prestados en la guerra granadina. Fue la reina Isabel quien le otorgó el título personalmente. En 1487 la guerra continuaba en la zona occidental de Granada con el objetivo de aislar y cortar la comunicación con África, para lo que se tomaron varias fortalezas en los alrededores de Málaga y a continuación se asedió la propia ciudad, que finalmente se rindió. En 1488 comienza la guerra en el sector oriental y los cristianos asedian Baza, una fortaleza muy importante y difícil.

Aunque costó muchos meses de asedio extremadamente dificultoso, gracias a la presencia y a la ayuda de la reina Isabel, que negoció con los moros de Baza, cae la plaza en manos cristianas y seguidamente lo hacen plazas cercanas como Almería y Guadix. El final de la guerra se va acercando poco a poco. Gonzalo, durante esa etapa, se casa por segunda vez con María Manrique, hija de Fadrique Manrique de Castilla, de los Manrique de Lara. El papel que desempeñó Gonzalo en la última fase de la guerra fue trascendental: intervino junto a Fernando (o Hernando) de Zafra, secretario de los Reyes, para preparar el acuerdo de rendición de Boabdil. En el famoso cuadro de la entrega de llaves de Boabdil a los Reyes Católicos, Gonzalo y el cardenal Mendoza aparecen junto a los Reyes. En 1494, ya terminada la guerra de Granada, los asuntos de Italia aparecen como el principal problema de España.

Ya desde 1455, al romperse el equilibrio existente entre los cuatro elementos (Iglesia romana, Nápoles, Milán y Venecia), la situación de Italia era a todas luces inestable. Aunque el Milán de Sforza y el Nápoles de Aragón eran aliados mediante enlaces matrimoniales de sus vástagos, se produjo un grave desencuentro familiar. El duque y heredero de Milán, Juan Galeazzo, estaba casado con Isabel de Aragón. Su tío, Ludovico Sforza Moro, el regente y gobernador, se había casado en 1491 con Beatriz de Este, hija del duque de Ferrara. Los conflictos entre Beatriz e Isabel provocaron la lucha interna dentro del ducado ya que Sforza no quiso dejar la gobernación del ducado y desterró a su sobrino Juan Galeazzo a Pavía.

Su esposa Isabel pidió ayuda a su abuelo Fernando I de Nápoles, pero Sforza se alía con Carlos VIII de Francia y con el emperador Maximiliano para mantenerse como duque de Milán. Incluso se alía con Alejandro VI y casa a su hijo Juan Sforza con la hija del papa, Lucrecia, en contra de Nápoles. Carlos VIII interviene invadiendo Nápoles con la ayuda del duque de Milán y el permiso del pontífice. En 1493 Fernando el Católico envía a su embajador Diego López de Haro a Roma para entrevistarse con el papa al objeto de ayudar a su primo Ferrante de Nápoles. Haro convence al pontífice con su hábil diplomacia para que empiece a apoyar a Nápoles en contra de Milán, que colaboraba en la invasión francesa de Nápoles.

En marzo del mismo año se firma la Concordia de Barcelona entre Carlos VIII y Fernando el Católico: una maniobra diplomática de Fernando para recuperar de Francia el Rosellón y la Cerdaña a cambio de la no-intervención en los asuntos de Nápoles. Tras este acuerdo entre los dos reyes, Francia inicia la invasión de Nápoles con cierta tranquilidad en 1494. Sin embargo, Fernando se reservaba una pequeña cláusula que le permitía el derecho de intervención y envía su ejército a Nápoles para oponerse a los franceses alegando dicha cláusula, que reza: «… en caso de que el Vaticano esté atacado o amenazado, España acudirá a ayudarle para conservar sus territorios». Nápoles formaba parte del territorio del pontífice.

Nombran a Gonzalo para esta misión a propuesta de la reina Isabel. Un capitán de ciento veinte jinetes en la guerra de Granada se convierte así en un general en jefe de todo un ejército. Fue un destino totalmente azaroso, ya que había muchos candidatos que reunían las condiciones para ser nombrados y ocupar ese puesto. El conde de Tendilla, de la familia Mendoza, o el propio hermano de Gonzalo, Alonso de Aguilar, podían haber encabezado la expedición. La decisión que tomó la reina Isabel fue acertada, como se puede ver más adelante. El 24 de mayo de 1495 la expedición comandada por Gonzalo llega al puerto de Mesina en el reino de Sicilia. El rey de Nápoles, exiliado en Sicilia al haber sido expulsado de su reino por los franceses, estaba esperando la llegada de refuerzos de España. Tan solo dos días después de su llegada, Gonzalo organiza su campaña militar y pasa al otro lado del estrecho de Mesina. La casa de Aragón del rey Ferrante fue derrotada y casi aniquilada por los franceses.

Fue un rey cruel, aunque cobarde, que había abdicado en su hijo Alfonso de Nápoles. Alfonso había dado muestras de ser un buen militar mientras fue duque de Calabria, pero al ascender al trono tuvo miedo y se refugió en Sicilia, dejando la corona a su hijo Ferrante II. El nuevo rey no sabía desenvolverse por sí mismo y solo esperaba la ayuda de España. Esta es la situación de Sicilia que encontró Gonzalo. Los napolitanos odiaban a los reyes de Aragón, estaban hastiados de su reinado y aceptaban incluso la dominación de los franceses. Pero Francia no supo aprovechar la coyuntura y trató a los napolitanos aun peor, por lo que pronto los napolitanos empezaron a odiar a los franceses y se pusieron a favor de los aragoneses.

Fernando el Católico jugó un papel importante en esta guerra porque supo organizar una alianza de las potencias vecinas. Propone la Liga Santa (1495) entre Milán, el papa, el emperador y España para cercar a Carlos VIII de Francia. El rey francés se vio obligado a retirar el ejército y solo dejó tropas de ocupación en Nápoles. Comienza la campaña de Nápoles por la zona de Calabria. Cinco mil infantes españoles y seiscientos jinetes desembarcan en Reggio el 26 de mayo de 1495 y ya el 9 de junio habían conquistado la ciudad. El 14 del mismo mes ocuparon el castillo de Reggio. Fue el primer éxito de Fernández de Córdoba en la guerra de Nápoles.

Existían divergencias entre el rey Ferrante de Nápoles y Gonzalo sobre la política militar que era conveniente aplicar, lo que dio lugar a contratiempos.  D’Aubigny, el comandante en jefe del ejército francés, reúne sus tropas para atacar al ejército español y al napolitano en Seminara, donde Gonzalo fracasa en la batalla. Este fracaso le hace planear una guerra de guerrillas, ya que disponía de muy pocas fuerzas en comparación con el gran ejército francés al que se enfrentaba. Durante el verano de 1495 lleva a cabo la guerra de guerrillas en la zona de Calabria. Entre Reggio y Nicastro, en una distancia de 120 km, va consiguiendo victorias poco a poco, con el desconcierto de los franceses. Reorganiza el ejército en Nicastro en el mes de diciembre de 1495. Ya entrando 1496 la situación en Nápoles se había alterado totalmente a favor de Gonzalo.

Los ejércitos de Gonzalo iban avanzando desde Nicastro, Sosenza, Castrovilleri, Morano, Laino, Potenza y Atella. El ejército francés de Montpensier, asediado en Atella, fue obligado a capitular en julio de 1496. De 5000 soldados solo volvieron a Francia 500 debido a las bajas bélicas y a la peste. En solo un año de guerra, Gonzalo logró recuperar plenamente Nápoles, con lo que la fama de Gran Capitán resonaba ya por toda Italia. La primera campaña militar italiana de Gonzalo culminó en 1496, aunque como aún quedaban pequeñas resistencias francesas que debía seguir combatiendo, no regresará a España hasta el verano de 1498. La peste de 1496 causó la muerte del joven rey Ferrante de Nápoles a los 28 años de edad.

Le sucede su tío Fadrique, partidario y amigo de Francia en contra de los intereses de España. Fernández de Córdoba prosigue con sus triunfos en Ostia, en esta ocasión contra los franceses comandados por su capitán Menaldo. El 9 de marzo de 1497 las tropas españolas desfilaban en Roma después de haberla liberado del tirano Menaldo. Alejandro VI agradeció mucho el esfuerzo y el servicio prestado por Gonzalo y le concede la Rosa de Oro, el máximo galardón del pontífice. Gonzalo, segundón de la casa de Aguilar, jamás soñó llegar tan lejos: se encontraba en el centro del mundo y el propio papa reconocía su trabajo. El 7 de mayo de 1497 los Reyes Católicos escriben a Gonzalo desde Burgos con la orden de regreso a España, pero no regresará hasta julio de 1498. En Italia era muy apreciado y el propio rey Fadrique de Nápoles le concedió el título de duque de Nápoles junto con varios territorios y ciudades antes de que partiera hacia España. A pesar de la amistad que le unía a Fadrique, Gonzalo se verá más tarde obligado a actuar contra él por causas de fuerza mayor. Cuando volvía Gonzalo a España, en el verano de 1498, moría en Zaragoza la princesa Isabel, la hija mayor de los Reyes, al dar a luz a su hijo Miguel.

Una vez en España, Gonzalo es tratado como un héroe por su gran hazaña en la guerra de Nápoles. Durante 1498-1500 vivirá como cortesano en su castillo de Íllora. Los Reyes le hicieron concesión de más tierras y posesiones en Granada, incluyendo vasallos y rentas. Así Gonzalo llegó a tener su propia corte. Hacia finales de 1499 se produce el amotinamiento de los moros en Albaicín debido a la presión ejercida por el cardenal Cisneros, que había llegado con el propósito de completar las conversiones de los moros. La rebeldía se extendía a la zona de Las Alpujarras y Gonzalo tuvo que intervenir para sofocar las sublevaciones. Mientras tanto, Fernando, ante el inminente conflicto en Italia, ordena de nuevo a Gonzalo preparar otra expedición con destino a Italia, nombrándole capitán general. En abril de 1498 moría sin descendencia Carlos VIII de Francia por un accidente en un partido de pelota. La corona francesa pasa a su primo el duque de Orleans (reinará con el nombre de Luis XII), que tenía negocios directos en Lombardía. Aunque estaba casado con Juana de Valois, hija de su primo Luis XI, no tenía hijos, razón por la que quería terminar con ese matrimonio y casarse con Ana de Bretaña, la viuda de Carlos VIII. Convence a Alejandro VI con el fin de obtener la bula para el nuevo matrimonio, ofreciendo a cambio el ducado de Valentinois al hijo del papa, César, y su enlace con Carlota de Foix.

Esto sucedió porque el deseo del pontífice de casar a su hijo con la hija del rey Fadrique de Nápoles no prosperó a causa del rechazo de Fadrique. Alejandro VI se puso entonces en contacto con el rey francés para arreglar el asunto de la anulación del primer matrimonio solicitada por Luis XII, a cambio de colocar a su hijo César en el reino francés como duque de Valentinois. Con este movimiento del papa alineándose con Francia, la nueva alianza de Alejandro VI amenazaba la Liga de Venecia recién formada. La primera víctima fue Ludovico Sforza Moro, regente y gobernador de Milán, ya que el ejército francés bajó sobre Lombardía y entró en Milán triunfalmente con el duque de Valentinois César Borgia a la cabeza. Fernando el Católico estaba al tanto de lo que ocurría y preparó su armada en 1499, aunque la expedición era oficialmente para proteger a Venecia de los turcos y no para contrarrestar el avance francés.

Autor: Yutaka Suzuki para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

Yutaka Suzuki. Personajes del siglo xv, Orígenes del Imperio español. ISBN 9788460690399. 2015.

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