El condado de Barcelona y sus lazos con Castilla y León

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La Marca Hispánica eran los territorios fronterizos que  el imperio carolingio estableció al sur de los Pirineos  como defensa contra el avance de las tropas musulmanas y estaba constituido por condados dependientes de los reyes carolingios.

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Wilfredo el Velloso ( 840-897)  fue el último conde de Barcelona designado por la monarquía franca y el primero que legó sus tierras a sus hijos creando la Casa Condal de Barcelona.

El condado de Barcelona y sus lazos con Castilla y León

Pero en realidad, fue su hijo Borrell II el que consiguió de facto, aunque no jurídicamente, la independencia  de los condados catalanes ya que  cuando Almanzor atacó Barcelona y Borrell pidió la ayuda del rey franco, éste se la negó y en venganza él se negó más tarde a  reconocer como su rey a Hugo Capeto. El tratado de Corbeil en 1258 reconoció jurídicamente su independencia.

Borrell II se casó con Ermesenda de Carcasone, una mujer  rica, bella y amante de la guerra, formaron un matrimonio unido y ella  le acompañó alguna vez en sus expediciones militares.

Cuando Borrell murió, le sucedió Berenguer Ramón I que se casó con Sancha de Castilla, hija del conde  Sancho de Castilla (1005-1035)

Pero Berenguer Ramón I, para desesperación de su madre, no era muy belicoso y prefería los tratos diplomáticos con los musulmanes a la lucha, si ella hubiera podido se hubiera puesto al frente del ejército, le solía decir a menudo reprochándole su tibieza.

Muchos  de sus nobles le echaron en cara su “cobardía”, porque su política de paz con los musulmanes, les impedía ganar nuevas tierras y enriquecerse. La verdad era que un problema de columna ( le llamaban el corbat), le impedía ser un buen guerrero, pero el hecho es que pasó a la historia como un mal conde.

A su muerte, su hijo Ramón Berenguer I heredo Gerona y Barcelona y tuvo que soportar frecuentes enfrentamientos de  su abuela Ermesinda que fue  su tutora durante su minoría de edad. Ermesinda, igual que sus nobles, prefería la guerra con los musulmanes.

Le siguen Ramón Berenguer ll, llamado Cabeza de estopa que gobernó conjuntamente con su hermano gemelo, Berenguer Ramón II.

Cabeza de estopa tenia algunos privilegios sobre su hermano  simplemente  porque había sido el primero en nacer y  aquello  llevó a frecuentes enfrentamientos    entre ambos que  con el tiempo acabaron mal.

Cuando el Cid se enemistó con su rey Alfonso VI de León, fue a  Barcelona a ofrecerles sus servicios a los gemelos, pero fue rechazado de malas maneras.

Años después, cuando Berenguer Ramón fue derrotado por el Cid y hecho prisionero en la batalla de Almenara, el conde temió por su vida, pero Rodrigo se limito a liberarle tras cobrar un rescate y olvidó generosamente la ofensa que le había hecho.

Ese mismo año, Ramón Berenguer fue asesinado en el bosque de Gualba cuando se dirigía a Barcelona.

Todos señalaron a su hermano como el inductor del crimen y comenzaron a llamarle “ el fratricida” de una forma cada vez más abierta. Aunque en un primer momento asumió el poder, tuvo que someterse a un Juicio de Dios que se celebró en León, donde reinaba Alfonso VI.

Debido al rechazo que mostraban sus nobles, decidió partir a Jerusalén con la primera cruzada para expiar su crimen y allí murió.  Dejó  el condado a su sobrino Ramón Berenguer III, con el que llevaba unos años compartiendo el poder.

Ramón Berenguer III, llamado el Grande, fue un buen gobernante (1082-1131)

Se enfrentó al Cid Campeador ayudando a los almorávides  de Oropesa, pero el asedio acabó en un pacto por el que  años mas tarde Ramón Berenguer se casaría con  María, la hija del Cid.

De esta unión nació su hija Jimena, pero María murió a los veinticinco años y Ramón volvió a   casarse con Dulce de Provenza, con la que  tuvo dos hijos  gemelos y una hija llamada Berenguela de Barcelona, que se casó con Alfonso VII de Castilla.

Jimena, la nieta del Cid,  hizo un gran servicio al condado de Cataluña.

Siendo casi una niña,  su padre concertó su boda con Bernardo III, que por entonces tenía más de cincuenta años y que era el conde de Besalú.  Como Ramón preveía acertadamente, Bernardo murió sin dejar descendencia cuatro años más tarde y Besalú paso a pertenecer al condado de Barcelona ya que el convenio matrimonial estipulaba que si no había descendencia Ramón Berenguer sería el heredero.

Eso hizo que el condado de Barcelona recuperara el monasterio de Santa María de Ripoll, lugar de enterramiento de los condes de Barcelona.

Después se anexionó la Cerdaña, no se sabe si por testamento o  si la reclamó por parentesco, y casó nuevamente a su hija Jimena con Roger, heredero del condado de Foix.

Cuando estaba a punto de morir, Ramón pidió ingresar en la Orden de los Templarios y fue sepultado en Ripoll con el habito blanco de la orden. Legó en testamento a los Templarios su caballo, sus armas y el castillo de  Grañena.

Le sucedió Ramón Berenguer IV, llamado el Santo, mientras que  su hermano gemelo heredaba la Provenza.

Ramón , como su padre, también se hizo templario, aunque a tiempo limitado.

Sus relaciones con Castilla y León siempre fueron excelentes, hasta el punto de acudir a la coronación en León del rey y emperador Alfonso VII.

Sin embargo, a la muerte del rey Alfonso I El Batallador,  su padrastro, el rey Alfonso VII, reclamó el reino de Aragón al que tenía derecho por los pactos firmados entre su madre y el Batallador. Pero Ramiro, hermano de Alfonso, se coronó rey, o mejor dicho, le convencieron sus nobles para que aceptara ser coronado para que Alfonso VII no pudiera quedarse con el reino de Aragón, algo que El Batallador odiaba.

Ramiro  había sido entregado a la iglesia en  su infancia: nunca había manejado una espada y además era jorobado: no valía para pelear. Por eso, cuando el rey leonés entró en Aragón, pensó que iba a ser un paseo triunfal. Pero se equivocó: Ramón Berenguer IV se puso de su lado y Aragón no fue anexionado al reino castellano.

En agradecimiento, Ramiro pactó el matrimonio de su hija Petronila, que en aquellos momentos tenía tan sólo un año de edad, con su aliado.

Se realizó entonces un “matrimonio en casa” según el derecho aragonés. Ramón fue “adoptado” por la familia y se sometió formalmente al Señor Mayor  de la casa de Aragón.

Por lo tanto, Ramiro depositó el reino en manos de Ramón, pero no la dignidad real, que siguió conservando él hasta que su nieto Alfonso fuera mayor de edad.

Le sucede su hijo, Alfonso II, rey de Aragón y conde de Barcelona, llamado indistintamente Ramón y Alfonso, que a los 16 años ( mayoría de edad) se casó con Sancha de Castilla. Fue un  buen rey , buen guerrero y protector de las artes, entre otras, la poesía.

A Alfonso le sucede su hijo Pedro II de Aragón, que se casó con María de Montpellier.

En ese momento surge el movimiento cátaro en todo el territorio del mediodía francés. Los Capetos deseaban anexionarse aquellos ricos territorios y la herejía cátara les sirvió de excusa para  organizar una cruzada que el papa Inocencio III apoyó.

Pedro, que era impetuoso y valiente, pero también  poco previsor, se aprestó a luchar defendiendo  sus señoríos occitanos  y por lo tanto a los cátaros a pesar de que  las fuerzas papales  tenían a su hijo como rehén. Pero  Pedro murió en la batalla de Muret y toda la labor de ocho generaciones de reyes aragoneses se perdió y el Languedoc pasó a ser francés. El mismo papa que le había coronado, ahora le expulsó de la iglesia excomulgándole.

Le siguió su hijo Jaime I, el Conquistador, que nació porque su madre engañó al rey haciéndose pasar por su amante, ya que su padre jamás durmió con su esposa. Aquel matrimonio no era de su agrado, fue un imperativo político y tuvo que aceptarlo, pero Pedro, que era impulsivo y mujeriego,  no mostró nunca ningún interés por María.

Jaime fue un gran rey aragonés y conde de Barcelona, que en  los  quince años que duró su  reinado conquistó Mallorca, Menorca, Ibiza, Formentera, Valencia y Murcia.  Jaime I se  casó con Leonor de Castilla, pero según refiere en El libro de los Hechos, que es su biografía y que él mismo escribió, tuvo numerosas amantes siguiendo el ejemplo de su padre.

Al confesarse antes de una batalla, como era habitual puesto que podía morir en ella, el obispo le conminó a dejar a su amante de turno, pero el rey se limitó a contestar enfadado

“ Dejad que eso lo arreglemos entre Dios y yo”.

Eso hizo que no fuera proclamado santo a pesar de su denodada lucha contra el Islam, un obispo no podía tolerar un desacato a su autoridad y más si era el propio rey el que lo escribía en sus memorias.

Le sucedió en el trono Pedro III, rey de Aragón, de  Valencia y Conde de Barcelona.

A su muerte le sucedió Alfonso III, rey  de Aragón y Valencia y Conde de Barcelona, casado con Leonor de Inglaterra.

A Pedro le sucedió  Jaime II de Aragón, casado con Isabel de Castilla en primeras nupcias.

El sucesor de Jaime II fue Alfonso IV que se casó con  Teresa de Entenza y luego con Leonor de Castilla.

Le siguieron Pedro IV, Juan I, y finalmente Martín el Humano, casado con María de Luna, una gran reina que siempre miró por el bienestar de sus súbditos. Pedro Martínez de Luna, el papa Gregorio XIII, fue acogido por el rey en Peníscola tras ser depuesto como papa, debido a los lazos familiares con su mujer.

Pero Martín, a pesar de haber tenido  cuatro hijos, no tuvo quien heredara su trono, tres murieron antes de la mayoría de edad y Martín, que ya era rey de Sicilia, murió a los 33 años de unas fiebres. Con Martín el Humano, llamado así porque le gustaban las humanidades, no porque fuera bondadoso, se acabó el linaje de la Casa de  los Condes de Barcelona (1410)

Trató de reconocer como heredero al hijo bastardo de Martín, pero no tuvo los suficientes apoyos para lograrlo.

Poco antes de morir nombró a Jaime II de Urgell, el noble más importante de la nobleza catalana, Lugarteniente de Aragón. Pero la diputación de la generalidad aragonesa rechazó el nombramiento, porque de hecho eso significaba que era su sucesor a la corona de Aragón y  esa decisión era contraria a los  Fueros de Aragón, por lo que tras los disturbios ocurridos en Zaragoza y la fuerte oposición de los nobles aragoneses, revocó el nombramiento

A su muerte, con 54 años, hubo dos años de interregno y hasta seis candidatos se presentaron al trono de Aragón, entre ellos su nieto bastardo Fadrique de Luna, pero la nobleza apoyó a su sobrino, Fernando de Antequera y se firmó el Compromiso de Caspe.

Se puede ver en la historia de los Condes de Barcelona las estrechas relaciones que tuvieron con la monarquía castellana y leonesa y los lazos de sangre que unieron a  condes y reyes no sólo de España, sino también de Inglaterra y Francia.

Estas alianzas ayudaron a engrandecer Cataluña y la convirtieron en una potencia de primer orden gracias al apoyo que obtuvieron con matrimonios bien planificados políticamente, una actuación inteligente en la que las sangres de varios países y reinos se mezclaron.

Autor: Níssim de Alonso para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

  1. ENCICLOPEDIA LIBRE UNIVERSAL. EL CONDADO DE BARCELONA.
  2. COSAS DE HISTORIA Y ARTE. ERMESENDA DE CARCASONA.
  3. JAIME I.  LLIBRE DELS FETS.
  4. JAIME VICENS VIVES. MIL FIGURAS DE LA HISTORIA.