Dominación británica en la India (II)

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Con más de 33 millones de kilómetros cuadrados, el Imperio británico (1497-1997) se mantiene como el mayor imperio del mundo. De todos los territorios que lo integraron destaca el subcontinente indio, uno de los mayores ejemplos del colonialismo e imperialismo del siglo XIX (Domínguez, 2017).

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Con casi un siglo de extensión, la dominación británica sobre la India puede dividirse en dos partes: la primera (1757-1858) bajo la Compañía Británica de las Indias Orientales, y la segunda, denominada Raj británico, que se prolongaría hasta la mitad del siglo XX.

Antecedentes de la dominación británica

A mediados del siglo XVIII (1757) la Compañía se hizo con el control de la mayor parte del subcontinente. Priorizando el beneficio económico, gobernadores y soldados británicos despreciaron la cultura y creencias de los nativos, aun cuando estos servían en el ejército británico. Conocidos como cipayos, estos soldados protagonizarían una revuelta en el año de 1857, que se extendería por un año antes de su derrota (Orueta, 2017).

Aun con su victoria sobre los insurrectos, la Compañía cayó en desgracia en Europa. En consecuencia, el Parlamento promulgó la Ley de Gobierno de la India, por la que el control del subcontinente fue reclamado por la Corona británica, en posesión de Victoria I (1819-1901). De esta manera, en 1857 daba comienzo el gobierno o Raj británico sobre la India.

Estructura del Raj

El gobierno de la India quedó repartido entre un Secretario de Estado con sede en Londres apoyado por un consejo de 15 miembros, quienes tenían como requisito haber residido en la India por periodo mínimo de 10 años, y que su partida del subcontinente no superara a su vez una década (Domínguez 2017). También se designó a un Gobernador General, instalado en la ciudad india de Calcuta. Se esperaba que todos los implicados construyeran un sistema doble, con el Secretario y el consejo delineando las líneas generales de gobierno, mientras que el Gobernador haría frente a los asuntos inmediatos, además de fungir como enlace de la Corona con los estados principescos, territorios autónomos, pero unidos al Imperio británico por relaciones clientelares. Para ayudarse, el Gobernador contaría con el respaldo de gobernadores provinciales, encargados de hacer cumplir la ley en su nombre.  Eventualmente, esta función le valdría el sobrenombre de Virrey (Orueta, 2017).

Este sistema iría modificándose para delegar funciones específicas sobre cada integrante del consejo, además de proveer al Gobernador con su propio Consejo Ejecutivo, que alcanzaría un tamaño considerable. Si bien estos y otros puestos fueron competencia casi exclusiva de ingleses, también fuero ocasionalmente ocupados por nativos del subcontinente indio (Metcalf y Metcalf, 2014).

Políticas y acciones

El Raj británico buscó una mayor integración entre británicos e indios. Se trazaron leyes que tomaran en cuenta las tradiciones y creencias del pueblo indio. Siguiendo este fin, la reina Victoria adoptaría el título secundario de emperatriz de la India en 1876, buscando que el pueblo indio la asimilara con los desaparecidos monarcas del Imperio mogol (Ibíd.).

El Raj repartió sus esfuerzos en otros frentes, como la industrialización de la economía, severamente dañada a causa de las políticas aislacionistas de la Compañía. Se promovió también la construcción de líneas ferroviarias para conectar los territorios del subcontinente, además de fomentar cultivos como algodón, azúcar y té, en su mayoría vendidos a la propia Inglaterra.  También se buscó un reparto más equitativo de la tierra entre indios y europeos.

Se creó un nuevo código penal y civil, destinado a otorgar igualdad tanto a indios como europeos. Se implementó también un sistema de registro eficiente (consistente en identificaciones con fotografía) para todos los ciudadanos, si bien esta medida se volvió motivo de discordia entre algunos sectores de la población nativa por motivos culturales y religiosos (Orueta, 2017).

La educación occidental tuvo especial auge entre los nativos del subcontinente. El “Hindu College” de Calcuta, fundado en 1817, alcanzó una cifra de seis mil estudiantes para 1870. De esta y otras instituciones similares emergería una “élite” india, abogados, periodistas, profesores y demás intelectuales que jugarían un papel importante en el futuro del subcontinente (Domínguez, 2017).

Durante su existencia, el Raj debió hacer frente a distintas situaciones, como es el caso de las hambrunas que se dieron periódicamente a lo largo del siglo XIX. Otro problema fue el conflicto latente sobre la posición de los ciudadanos indios. En tanto políticos liberales abogaban por una completa igualdad, los conservadores defendían que la raza india no estaba a la altura de esa condición (Ibíd.).

Decadencia y final

Al final, los intentos de los funcionarios y virreyes del Raj británico para integrar a los nativos de la India al Imperio resultaron insuficientes, en gran parte por la diversidad de creencias y tradiciones de estos, tan diferentes además de la cultura de Occidente. En consecuencia, se experimentó un retorno a la política de mano de dura ejercida durante los tiempos de la Compañía (Metcalf y Metcalf, 2014).

La discrepancia de prioridades también fue determinante. Desde Londres, se comenzó a dar prioridad a la economía y el Ejército, restándole importancia a los civiles, como la manutención de infraestructuras, o medidas para ayudar a la población durante los periodos de hambruna y epidemia. En este contexto, el resentimiento de la población india comenzó a incrementarse.

Para finales del siglo XIX e inicios del XX, los sectores educados expresaron su descontento por medio de proclamas en periódicos y revistas, campesinos, obreros y devotos de una u otra religión no dudaron en usar la violencia, lo que se tradujo en una represión más violenta por parte de las autoridades (Ibíd.).

No obstante, el llamamiento a la independencia del subcontinente se haría por medios no violentos, como la desobediencia civil y huelgas de hambre, iniciativas lideradas por Mohandas Karamchad Gandhi (1869-1947), abogado indio. Frente a estas acciones, se creó una solidaridad internacional por la causa india, a la vez que se demonizaban los intentos violentos del Raj y la corona británica por someter a los disidentes. El golpe final para el Raj británico llegaría en 1947 cuando el Imperio, debilitado por las dos guerras mundiales, declararía la independencia de la India.

Autor: Juan Carlos Castañeda Pérez para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

  • Metcalf, B., Metcalf, T. (2014). Historia de la India. España: Editorial Akal.

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