Dioses griegos. Los mitos sucesorios

Probablemente los Dioses griegos más famosos y conocidos por todos son los Dioses del Olimpo. Con Zeus a la cabeza, sus historias de amor, venganza, traición, entre otras leyendas, captan la curiosidad de muchos mortales. Pero se debe saber, que los Dioses olímpicos pertenecen a la tercera generación de dioses de la antigua Grecia. El paso entre generaciones está muy marcado por los dos principales mitos sucesorios.


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Primera Generación de Dioses griegos

La primera generación de Dioses es la menos conocida, pero no por ello menos importante. Entre ellos, encontramos a los primeros cinco dioses, que son el origen de todas las generaciones posteriores. Ellos son, Caos, Gea, el Tártaro, y de Caos surgieron la Negra Noche y Érebo, la oscuridad. Gea, la de vasto pecho, representa a la Madre Tierra, es la madre de tres grandes componentes de nuestro mundo, Urano, el cielo; las grandes montañas y de Ponto, el mar, ella dio a luz a sus hijos sin unión sexual. Gea se une a su hijo Urano y fruto de la unión entre estas dos fuerzas de la naturaleza, la tierra y el cielo, surgieron primero los Hecatonquiros (o Centímanos) seres semihumanos, de cincuenta cabezas y cien brazos, llamados Briareos, Giges y Coto.

Además de ellos nacieron los Cíclopes, Brontes, Estéropes y Arges, los de un solo ojo, quienes luego entregan los atributos a Zeus, el rayo, el relámpago y el trueno, fueron destinados al tártaro por su padre. Y por último a los Titanes, seis mujeres y seis hombres, quienes representan la segunda generación de Dioses y el traspaso de poder entre una generación y la siguiente encontramos del primer mito sucesorio.

Primer mito sucesorio: Urano y Cronos

Urano odiaba a sus hijos y los ocultaba a todos en el seno de Gea, por lo tanto no los dejaba nacer. Gea cansada de no poder disfrutar de sus hijos ideó una hoz de acero, la que escondió a ojos de Urano. Luego se dirigió a sus hijos y les preguntó quién estaba dispuesto a enfrentar a su padre. Sólo el menor de ellos Cronos, el más temible, el de mente tortuosa, acepto la afrenta. Gea provocó a Urano insinuándole un encuentro que no dudó en aceptar deseoso de ella, otros afirman que sólo estaba durmiendo. Previamente Gea había escondido a Cronos con la hoz y en ese momento tomó los testículos de su padre con la mano izquierda, desde aquí la mano de los malos augurios, y con la mano derecha los cortó con la hoz creada por su madre. Los tiró hacia atrás. Cuando se les resbalaron, unas gotas de sangre cayeron sobre Gea, y en esas formas curiosas que tenían de concebir los antiguos dioses griegos, de la unión entre las gotas de sangre de los testículos de Urano y Gea surgieron las Eríneas también llamadas furias, divinidades que vengan los delitos de sangre, en especial el parricidio; unos grandes gigantes y las ninfas melias o melíades, son las ninfas de los fresnos. Por otra parte, los testículos cayeron al mar y fueron rodeados de espuma marina, de dicha unión surge Afrodita, la diosa del amor y del deseo, que sale del mar caminando y va creciendo hierba  y flores sobre sus pasos. Urano fue quién los apodó Titanes a sus hijos, para augurarles un castigo por la castración.

La palabra proviene del verbo titaino, extender y el sustantivo tisis, castigo. Los Titanes liberaron a los Cíclopes y tomaron el poder, pero cuando encomendaron el gobierno a Cronos, éste volvió a encerrar a sus hermanos Cíclopes en el Tártaro a los que sumó a sus hermanos Hecantoquiros. Se casó con su hermana Rea y fruto de esta unión aparecen loa famosos Dioses de Olimpo, éstos últimos llamados Crónidas por ser hijos de Crono, y como luego de la Titanomaquia se instalan en el Monte Olimpo, de ahí su conocido nombre. Su nacimiento da origen, entre la segunda y tercera generación de dioses, al segundo mito sucesorio.

Segundo mito sucesorio: Crono y Zeus

La propia Gea, secundada por Urano, profetizó que uno de sus hijos iba a destronar a Crono. Por miedo a que dicha profecía se cumpliera, y siguiendo los tan cuestionados pasos de su padre, Crono no dejaba nacer a sus hijos. Cada vez que Rea daba a luz a una niña o niño él los devoraba. Rea, al igual que Gea en la generación anterior, se sentía desdichada y enojada de no poder ver a sus hijos. Ella también ideó un plan de escape.

Fue muy paciente, porque tuvo que esperar hasta que su hijo creciese para consumar su venganza. Para llevarla a cabo contó con la ayuda de sus padres. Al momento de dar a luz, Hera entregó al bebé a su mamá Gea, la cual lo ocultó de su malvado padre que planeaba devorarlo para que siga el destino de sus hermanos. La astuta Rea entregó a su marido una piedra envuelta en pañales que este tragó sin darse cuenta del engaño.

El bebé, llamado Zeus, fue ocultado en una cueva en el monte Egeo, criado por la ninfa Adrastea y su hermana Io, y amamantado por la cabra Amaltea. Con la piel de esta cabra es que luego se hace la famosa égida, el escudo de piel de cabra que protege a Zeus. Cuando llega a la edad suficiente, Zeus busca a la Titánide Metis, quien le aconseja convertirse en copero de Cronos y darle una pócima que ella le preparó. Su madre Hera, feliz de poder consumar su venganza, le consigue el puesto y Zeus en calidad de copero le da a su padre el brebaje. Luego de tomarlo, vomitó la piedra y junto con ella, a todos los hermanos de Zeus quienes salieron intactos del cuerpo de su padre. A partir de este momento comienza lo que se conoce como Titanomaquia.

Guerra entre Titanes y Olímpicos

Los hermanos de Zeus una vez liberados le piden que encabece una guerra contra su padre y tíos. Los Titanes por su parte se ponen bajo las Órdenes del Titán Atlante y se da por comenzada la batalla, conocida como la Titanomaquia. El conflicto dura diez años. La contienda era muy pareja y retumbaba y tronaba todo el cielo y la tierra por los embates de ambos bandos, desde el monte Otris los Titanes y enfrente, desde el monte Olimpo los Crónidas. El punto de inflexión lo marcó una vez más una profecía de Gea, que inclinaba la victoria a favor de los hijos de Cronos si éstos liberaban a sus tíos no Titanes, los Cíclopes y los Hecatonquiros, del Tártaro.

Así lo hizo Zeus y en agradecimiento por dicha liberación y para ser usados en la batalla, éstos le regalan a Zeus el rayo, el relámpago y el trueno, a su hermano Hades el casco de la invisibilidad y a su otro hermano Poseidón, el tridente. Cíclopes y Hecatonquiros, se lanzaron con furia a la batalla, los últimos lanzaban piedras a los Titanes quienes tuvieron que finalmente aceptar su derrota. Los tres Dioses Olímpicos más poderosos, los hermanos Zeus, Hades y Poseidón, se repartieron el mundo luego de la batalla. Zeus quedó gobernando en el cielo, Hades en el Tártaro y Poseidón haría lo propio en el mar.

Todos los Titanes fueron recluidos en el Tártaro, custodiados por los Hecatonquiros, excepto Atlante. Luego de la batalla el cielo se encontraba en muy mal estado, es por eso que condenaron a Atlante a llevar el cielo sobre sus hombros y de esta manera poner un castigo mayor a quién había liderado la batalla.

Autor: Marianela Evangelista para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

Teogonía, Trabajos y días, Escudo y Certamen, Hesíodo, Editorial Losada.

Los Mitos Griegos, Robert Graves.