Dilmún, un auténtico paraíso
Dilmún, el mito. Dentro de la cosmovisión que se tenía del mundo en la antigua Mesopotamia existía un lugar que podríamos asemejar, salvando las distancias, como una especie de paraíso.
Este lugar mitológico se llamaba Dilmún. Desde época sumeria encontramos textos que nos hacen referencia a dicho lugar, mostrándolo como un sitio idílico donde vivir. Así, diferentes escritos mitológicos sumerios, como el de “Enki y Ninhursag” nos dicen:
“En Dilmun el cuervo no profiere su graznido, el pájaro-ittidu no profiere el grito del pájaro-ittidu, el león no mata, el lobo no se apodera del cordero, desconocido es el perro salvaje, devorador de cabritos desconocido es el…devorador de grano…”
Dilmún, realidad
Dentro de cada mito siempre queda un sustrato de realidad que puede ser más o menos difícil de identificar, pero en este caso en concreto, el relato mitológico está entrelazado con la realidad de forma clara y patente. Y es que ya en la antigua sumeria, el territorio de Dilmún queda reflejado en los archivos económicos y administrativos de las diferentes ciudades-estado. Durante años su ubicación real fue una incógnita para los investigadores, sin embargo, hoy sabemos que el lugar que los mesopotámicos denominaban como Dilmún es lo que hoy conocemos como Bahrein, la isla situada en el Golfo Pérsico.Desde mediados del tercer milenio antes de nuestra era, las tablillas de diferentes ciudades mesopotámicas nos informan que de Dilmún procedían valiosas maderas usadas para diferentes tipos de construcciones, como, por ejemplo, el ébano. También de aquélla isla procedían otros preciados recursos, como el lapislázuli, la cornalina, el cobre o diferentes metales.
No obstante, encontramos un problema a la hora de verificar la procedencia exacta de dichos productos. Lo cierto es que en Dilmún, al igual que en la Baja Mesopotamia, no existían maderas duras, el único tipo de madera que había era el de palmera, de baja calidad y no apta para construcciones. Tampoco tenía minas de piedras preciosas o semipreciosas ni de ningún tipo de metal. Lo cierto es que los únicos recursos exportables que había en la isla eran las cebollas, los dátiles y las perlas que se pescaban en sus aguas.
Si bien las cebollas y los dátiles eran ingredientes habituales en la dieta mesopotámica, ello no justificaría el hecho de que Dilmún se convirtiera en un lugar mitológico destacada por su abundancia. Además, cebollas y dátiles ya se cultivaban en la propia Mesopotamia. Diferente es el caso de las perlas, que eran preciadas, pero tampoco parece justificable que un solo material fuese a convertir a Dilmún en ese imaginario colectivo de prosperidad.
Queda descifrar porqué en los textos mesopotámicos aparece Dilmún como un lugar exportador de materiales que no tenía. Para ello, solo hace falta indagar en tres elementos: profundizar en los textos; averiguar donde sí estaban realmente esos materiales; y tener presente el mapa geográfico.
Entrando en el primer punto, observamos que los textos nos dicen que esas preciadas maderas no solo vienen de Dilmún, sino también de lugares como Magan (identificada con la actual Omán) y Meluhha (actual noroeste de la India y sur de Pakistán). El cobre, la dolerita, la cornalina, el lapislázuli, el oro o el ágata, por citar los materiales más importantes, precederían, según los textos, de esas zonas. Por tanto, encontramos otras regiones que exportan los mismos productos. Con respecto al segundo punto, si uno investiga cada uno de esos lugares, efectivamente, contienen o contenían los materiales que aparecen recurrentemente en las tablillas mesopotámicas. Es decir, aquéllas regiones eran las verdaderas exportadoras de maderas, cobre, cornalina, ágata etc. Y por último, estos dos puntos nos llevan de forma irremediable al tercero: el mapa. Si observamos un mapa que abarque el sur de Mesopotamia, todo el Golfo Pérsico, la península arábiga y la parte noroeste de la India, resulta fácil deducir que Dilmún, la actual isla de Bahrein, se encuentra a medio camino de todos esos lugares. Es decir, todas las rutas comerciales que se habían formado para transportar aquellos materiales, convertida Mesopotamia en el polo de atracción de los mismos, debían pasar por Dilmún, máxime si tenemos en cuenta que la mayor parte de estos trayectos se hacían por mar.
Así, Dilmún se convirtió en un punto neurálgico del comercio, actuando como un lugar que controlaba una de las principales rutas de la época y convirtiéndose en un centro reexportador de aquellos materiales que no producía, pero sí recibía de otras regiones. Todo esto queda confirmado cuando encontramos sellos de la civilización del Valle del Indo en Dilmún, y viceversa.
Autor: Aitor Céspedes Suárez para revistadehistoria.es
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