César en España

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César llegó Andalucía en la primavera del 69 a.C junto a su superior, el gobernador Antistio Veto. Su cometido como Cuestor suponía a grandes rasgos la supervisión de las finanzas de la provincia, aunque también absorbió otras competencias propias del gobernador Veto, quien le encomendó visitar varias comunidades para solventar los problemas de sus habitantes y administrar justicia.

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Gades (Cádiz) Hispalis (Sevilla) o Corduba (Córdoba) entre otras, eran algunas de las ciudades clave donde se concentraban las mayores actividades comerciales y políticas de aquella Andalucía romana. Durante una de sus visitas a Cádiz con motivo de celebrar un juicio, quedó afligido ante la estatua de Alejandro Magno que se alzaba en el templo de Hércules-Melkart de la ciudad gaditana. Se culpaba de no haber conseguido nada a la edad en la que el joven Macedonio conquistó el mundo. Esta reflexión le empujó a concluir apresuradamente sus revisiones administrativas, pero con total eficacia, antes de acabar su mandato y dejó la provincia andaluza en busca de mayores logros. 

César, gobernador de Andalucía

César no volvería a pisar suelo español hasta el año 61 a.C. Por aquél entonces, la región se encontraba en altos niveles de endeudamiento. El bandidaje se había convertido en la forma en que muchos andaluces y extremeños se ganaban la vida cuando incluso el campo no daba para comer. En las sierras del sistema central, entre el río Duero y el río Tajo habitaban la tribu celta de los Vetones, que ocupaban gran parte de Castilla y León y Extremadura. A todos ellos se les prohibió realizar ancestrales ritos celtas como el sacrificio humano, así como dejar sus hogares para trasladarse a las llanuras evitando la emboscadas a todo aquel que se adentraba en las montañas. Era inevitable, la zona se levantó en armas.

Una de las comunidades le cerró sus puertas y César lanzó ferozmente a sus tropas que no tardaron en hacerse con el control de la plaza. Cuando los pueblos cercanos supieron que correrían la misma suerte, trataron de impedir el paso al ejército cesariano obstruyendo caminos con sus rebaños y tenderles una trampa, pero César no cayó en ninguna de ellas. Dirigió a su ejército por caminos poco practicables y presentó batalla a los lusitanos alzándose con la victoria. Aunque la refriega no quedaría ahí. Muchos habitantes y guerreros huyeron hasta la actual Lisboa, donde se hicieron fuertes en una pequeña isla de la zona.

Hasta allí los persiguió y trató de vencerles, pero la primera acometida del romano fue en vano. Dispuesto César a no permitir dejar al reducto de rebeldes invictos, exigió le fueran enviadas desde Gades (Cádiz) navíos de guerra para el traslado de sus tropas. Cuando los Lusitanos vieron de llegar los barcos y el potencial militar romano, se rindieron. Posteriormente César comandó una expedición con los mismos navíos gaditanos por toda la costa gallega subyugando a la autoridad de Roma numerosos pueblos costeros hasta la ciudad de Brigantium, actual La Coruña. La campaña fue un rotundo éxito.

La guerra civil romana llega a Lérida

Llegó a la ciudad hispana de Ilerda (Lérida) en Junio del 49 a.C con un total de seis legiones. Allí aguardaban los legados pompeyanos Afranio y Petreyo al mando de cinco legiones. La campaña se caracterizó por las grandes dificultades que César y su ejército tuvieron que afrontar. El desbordamiento del río Segre destrozó los puentes de paso dejándoles incomunicados sin refuerzos ni comida. Las raciones se redujeron hasta límites insostenibles por mucho tiempo, pero finalmente César desbarató los planes de huida del enemigo y consiguió cortarles el paso dando un rodeo a las montañas antes de que éstos pudieran llegar al río Ebro. El ejército pompeyano acabo rindiendose y Cesar les perdonó la vida. 

Final de la guerra, todo se decide en Munda.

El 17 de Marzo del año 45 a.C, entre las actuales Écija y Osuna, 40.000 soldados cesarianos se encontraban frente a los 70.000 de Cneo Pompeyo. Casi la mitad de efectivos y una posición muy desventajosa en el campo de batalla fueron los obstáculos que César tuvo que lidiar. Dio comienzo la batalla y el atronador griterío de los combatientes precedió una lluvia de proyectiles de hondas y Pilum -tipo de lanza o jabalina romana- que rápidamente cubrió el campo con miles de cadáveres. Espada en mano, los legionarios se abrieron paso entre sus compañeros muertos y heridos para combatir contra el enemigo.

Al cabo de unos minutos los gritos comenzaron a mezclarse con los gemidos y la incertidumbre hacía que los menos experimentados se paralizaran de miedo. Las continuas cargas de uno y otro ejército ponían en duda el desenlace final de la batalla, ya que las fuerzas parecían igualadas. Pero la suerte ayudada por la estrategia favoreció a César cuando incluso él mismo se lanzó al combate, luchando por su propia vida.

Los cesarianos presionaron al enemigo obligándole a retirarse en desbandada. Muchos se refugiaron tras los muros de la ciudad, otros como el propio Pompeyo huyó. Un total de 30.000 soldados murieron aquella mañana en tierras sevillanas, aunque gran parte del ejército pompeyano seguía atrincherado en Munda. Fue entonces cuando César puso cerco a la ciudad con una empalizada de lo más perturbadora. Los cuerpos amontonados de los cadáveres enemigos sirvieron como base donde clavaron todos sus escudos y espadas mientras dispusieron sus miles de cabezas clavadas en lanzas orientadas hacia la ciudad. Finalmente Munda fue masacrada junto con Osuna. Córdoba acabó siendo conquistada dejando muertos 22.000 combatientes. Cádiz y Sevilla sucumbieron.

El huido Cneo Pompeyo acabó siendo encontrado y degollado muy posiblemente en costas malagueñas y su cabeza fue trasladada a Sevilla donde se clavó en una lanza expuesta a ojos de todos los ciudadanos. Tras estas campañas en hispana César dejó la península ibérica junto al joven Octavio -futuro primer emperador- aunque acabó muriendo en Roma un año más tarde – el 15 de Marzo del 44a.C- a manos de los senadores.

Autor: Salvador Ruano Martín para revistadehistoria.es

El autor está realizando un interesantísimo proyecto en el que recrea los bustos hiperrealistas de los emperadores romanos (la imagen de portada corresponde al busto hiperrealista de Julio César) para una futura exposición, vale la pena verlo en su web: http://cesaresderoma.com

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Bibliografía

  • César- Adrian Goldsworthy.
  • Césares- José Manuel Roldán.

Historia Romana libros XLI y XLIII- Dión Casio.

  • Vida de los doce Césares- Cayo Suetonio Tranquilo.
  • Comentario a la Guerra de las Galias- Julio César.
  • Comentario a la Guerra Civil- Julio César.
  • De bello Hispaniensi- Anónimo.
  • Vidas Paralelas, César- Plutarco.
  • Munda y las vías de comunicación en el Bellum Hispaniense- Ramón Corzo Sanchez.
  • Aquella terrible primavera del 45 a.C- Antonio Caballos Rufino.
  • Julio César y el joven Octavio en Hispania en el año 45 a.C. La cuestión del itinerario cesariano y las apelaciones de los saguntinos en Carthago Nova según Nicolás de Damasco- Sabino Perea Yébenes.
  • Reflexiones sobre la madera en algunas fuentes relativas a la guerra civil en territorio hispano- Ma LUISA CORTIJO CEREZO.
  • Vidas Paralelas, Craso- Plutarco.
  • Cádiz en tiempos de César y Balbo- Manuel Ferreiro López, Rampas, 10, 2008.

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