César de Borgia, decadencia y muerte

César de Borgia fue un personaje relevante de las tormentas políticas de finales del siglo XV en Italia, en lo que contribuyó enormemente su pertenencia a la Casa de los Borgia. Nació en Roma el 13 de septiembre del año 1475, como hijo del futuro papa Alejandro VI (nombre secular: Rodrigo de Borgia).

César de Borgia es conocido actualmente por su retrato de príncipe arrogante, ambicioso y cruel. Es, sin embargo, un retrato a veces injusto si consideramos que todos los señores italianos de la época ansiaban unificar Italia bajo su persona. Entre ellos el lema de César de Borgia cogería fama: “Aut cæsar aut nihil” (O César, o nada), y en él demostraría y legitimaría su ambición por encima de sus rivales.

César de Borgia
César de Borgia

Obtuvo durante su vida un sinfín de títulos; pero dado que era un hijo ilegitimo, yo le llamaré en este escrito “Condotiero” (nombre para capitanes o generales mercenarios a las órdenes de las Ciudades-Estado).

César de Borgia, decadencia y muerte. Comienza la decadencia

Tras una vida en la que su ascenso en el plano político-militar de la Italia enfrentada a sí misma era estelar, conquistando en poco tiempo casi todos los señoríos bajo el territorio de los Estados Pontíficos bajo el nombre familiar de los Borgia, César comienza a caer en desgracia en el año 1503, a la muerte de su padre, el papa Alejandro VI (Rodrigo de Borgia).

César de Borgia, que lleva en campañas militares como comandante desde 1497 con el fin de unificar Italia central bajo su estandarte, es nombrado entonces Capitán General de los Ejércitos Pontíficos, más esta no es sino una maniobra política para mantenerlo alejado de Roma y que no interfiera en la decisión del nuevo papá.

César de Borgia
César de Borgia, Italia

Para entonces (finales de 1503), el condotiero César de Borgia está en su momento más débil desde que colgase los hábitos en 1497, había pasado de contar con un ejército de 12.000 hombres a comienzos de años a apenas una fuerza de 650 hombres.

Este dato se explica por su falta de apoyo en la élite de los Estados Pontíficos, y sería este el detonante que aprovecharían los señores venecianos, a quienes seguía hirviendo la sangre por sus victorias en la Guerra de la Sal de 1482-1484, para tomar varias de sus plazas.

César de Borgia
César de Borgia

Jugando a la doble política, Julio II, sin arriesgarse al enfrentamiento directamente contra César de Borgia emite un comunicado por el que esgrime la intención de quedarse las plazas conquistadas por César de Borgia bajo control directo del papado (negándolas así tanto a venecianos como a César de Borgia).

Ante la negativa de César de entregar las plazas de la Romaña, el 24 de noviembre se ordena su detención. Será custodiado en el Palacio del Vaticano, demostrando un trato cortés, pues lo habitual eran las mazmorras del castillo de Sant’Angelo. Tras la detención, César ordena a sus castellanos entregar de nombre (pero no de ley) sus plazas al Papa.

César de Borgia
César de Borgia, Firma

A principios de 1504, el 19 de abril, César llegó a un acuerdo con el Papa, a quien le entregaría (de ley) algunas plazas. Tras su salida de prisión, sabiéndose poco bienvenido en Italia, César estaba ahora entre Francia o España, ambas naciones se encontraban en plena campaña por repartirse Nápoles, por lo que sus ejércitos estaban acampados a las afueras de Roma.

César decidió ir al campamento francés, pues Luis XII había sido un importante aliado suyo. Esto fue entendido por la Corona de España como un acto desafiante, pues el rey Fernando II quería sus servicios, en parte para tener bajo vigilancia a un enemigo de la Iglesia como él.

César de Borgia
César de Borgia

Con las negociaciones con los franceses menos fructíferas de lo que él esperaba, César viaja a Nápoles con un salvoconducto ofrecido por el Gran Capitán, sin saber que iba a acabar encarcelado en varios castillos de España.

En octubre de 1506, César de Borgia lograría huir de sus celadores y escapar a Santander, desde donde no pudo huir en barco como esperaba, se decidió ir al Reino de Navarra, donde reinaba iure uxoris su cuñado Juan III de Navarra.

César de Borgia, decadencia y muerte. Camino a su muerte

No se podía imaginar César que su llegada a Navarra comenzaría a escribir su trágico final. A su llegada, Juan III de Navarra, sabedor de la dilatada experiencia de César en los avatares de la guerra lo nombró Capitán General de los ejércitos de Navarra.

El primer acto se basa en la creación de un ejército para César de 10.000 soldados para mostrar fuerza frente al rey francés que le niega los derechos del Ducado de Valentinois. Más de 1.000 soldados son proporcionados por el rey, el resto mercenarios navarros, oñacinos, gascones y aragoneses. Aunque el ejército al final no efectuará marcha alguna.

Tras eso, César dirige batallas de la Guerra Civil en la que está sumido el Reino de Navarra. Su primera orden en este ámbito es la toma de Larraga, en la cual el Condotiero es derrotado por las fuerzas beaumontesas.

Seguidamente, César acompaña al rey Juan III de Navarra en el sitio de Viana, la villa es tomada rápidamente, pero no así su castillo, que queda en manos del Conde de Lerín, y se queda César quien pone asedio al castillo.

El asedio se prolonga. Durante el 11 de marzo se desata una tormenta que obliga a César a retirar la vigilancia nocturna del cerco, momento aprovechado por 60 caballeros beaumonteses para guarecer al castillo durante la noche con víveres para aguantar otro mes entero. A la mañana, los soldados navarros informan a César del acontecimiento, ante lo cual el Condotiero enfurece sintiéndose menospreciado y ve a los caballeros salir del castillo, por lo que ordena a sus propios caballeros seguirle para darle caza.

César de Borgia
César de Borgia

Así, espoleando a su caballo adelanta demasiado a su guardia, quedando solo en el campo, momento que aprovechan tres caballeros para darle muerte.

Queda así, en tierras navarras el cuerpo de César de Borgia, quien tras una vida persiguiendo su ambición:

Aut cæsar aut nihil

… se quedó en “nihil”.

Autor: Ángel Núñez Chamorro para revistadehistoria.es

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