Calígula, de emperador querido a Dios cruel
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Cayo Julio César Augusto Germánico, más conocido como «Calígula«, nació en el año 12 d.C. durante el gobierno de la dinastía Julio-Claudia. Las traiciones y las posibles usurpaciones al trono del viejo y depravado Emperador Tiberio, dejaron el camino libre al joven Calígula, que aprendió de su antecesor a verse como un Dios y no como un hombre.
De Tiberio vio actos denigrantes de pederastia o de sacrificios de hombres y mujeres de edad no adulta en su residencia de la isla de Capri, lo que empezó a marcar y a acentuar su personalidad macabra.
Calígula, de Emperador querido a Dios cruel
Pero en los meses venideros, una crisis provocada por un ataque epiléptico y sus largas noches de insomnio y de exceso con el vino, del que se cree que lo bebía con rayadura de plomo además de las propias partículas que consumía por la preparación de la bebida, desataron a un monstruo dormido.
Calígula, incesto y ejecuciones
Lo primero que hizo fue ordenar la ejecución de todos aquellos que habían ofrecido su vida para salvar la del Emperador tras su enfermedad de la que consiguió despertar, además de obligar a familiares suyos exiliados a suicidarse u ordenar la muerte de varios hombres y mujeres sin pruebas y sin juicios.
En el año 38 d.C. casado con Lollia Paolina, Calígula también comenzó a tener relaciones sexuales incestuosas con su hermana Drusilla, que a su vez estaba casada con su amigo Marco Emilio Lépido y al que ordenó ejecutar tras la muerte de su hermana cuando éste intentó seguir manteniendo sus privilegios con las otras dos hermanas de Calígula.
El año 39 fue un año de crisis económica para el Imperio Romano, y el Emperador debía asumir la potestad para solventar el problema. Sus decisiones fueron drásticas y crueles. Acusó a ricos senadores de traición para conseguir su patrimonio, elevó los impuestos en juicios y matrimonios, manipuló las apuestas en los juegos y ordenó asesinar a grandes fortunas una vez habían sido obligados a ponerle de heredero. En ese mismo año se deterioraron las relaciones entre el Emperador y el Senado, por lo que Calígula decidió quitárselos del medio por posibles conjuras en su contra.
Para ello se valió de cualquier motivo. Cualquier acusación en su contra era más que suficiente, pues él era Emperador de Roma y Dios del mundo. A muchos de los senadores los torturó salvajemente marcándoles al fuego, otros eran devorados vivos por las fieras o mandados a trabajar a las minas. Luego los ejecutaba su piedad. No contento con aquel salvajismo, Calígula obligó a sus esposas y hermanas a prostituirse a elevados costes, lo que denigraba por completo la figura de los Senadores.
Calígula, el apogeo de la locura y el Dios-Sol
Entre tanto, Calígula seguía bebiendo y envenenando su mente. Su vida de excesos le estaba llevando hasta límites insospechados. Su carácter antisocial y psicópata se acrecentaba con cada trago con plomo. Sus depravaciones sexuales se multiplicaban, su insomnio aumentaba y su manipulación llegaba al punto de lo paranoico. La cúspide de su locura llegó en el año 40 d.C. cuando hizo a su caballo Incitatus cónsul de Britania, y al que otorgó 18 sirvientes en una villa con 16 jardines y una caballeriza de mármol y ornamentada con sumo detalle. Incitatus fue vestido con joyas y telas violáceas, y casado con una joven mujer de increíble belleza de nombre Penélope con la que copulaba. Además bebía el mejor vino del Imperio en copas de oro.
Calígula se autodivinizó, erigiendo templos en su nombre, decapitando viejos dioses y sustituyéndolos por su rostro, fomentó un culto propio y personalizado, ordenó sacrificios de animales en su honor como nunca antes se había visto y conversó hipotéticamente con el mismísimo Júpiter tratándole como un inferior.
La muerte de Calígula
Los indicios sobre su muerte se acentuaban a medida que transcurría el tiempo. Profetas y adivinos vaticinaban su muerte. El astrólogo Sila le dijo que la muerte estaba a punto de llegarle. El oráculo de Anzio también se postuló en esas avenencias, diciéndole que un hombre de nombre Casio podría estar detrás de su muerte. El error de Calígula fue ordenar asesinar al hombre equivocado, pues Casio Longino no sería su futuro asesino, si no Querea, que se llamaba del mismo modo. Las enemistades del Emperador se acentuaban cada vez más, y un complot dirigido por Casio Querea, pretoriano de Calígula, del que se cree que, debido al número de detractores, no actuó solo, sino con un gran número de senadores, pretorianos y ricos personajes de la vida de Roma, dio muerte al Emperador.
Autor: Tito Batán para revistadehistoria.es
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