Bellum Sociale, Roma contra sus aliados

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La Guerra de los Aliados o Bellum Sociale (91-88) fue un enfrentamiento militar acaecido entre Roma y sus aliados itálicos en torno a la concesión de la ciudadanía romana a estos últimos, algo que ya venía generando interés desde la conquista romana de Italia en el siglo III a.C., pues la mayoría de los itálicos deseaba su plena integración como ciudadanos romanos.

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Bellum Sociale, Roma contra sus aliados

Estas aspiraciones causaban reticencia tanto en el Senado, opuesto a una concesión masiva de la ciudadanía, como del propio pueblo romano, que no tenía ningún interés en compartir los beneficios (tanto políticos como económicos) derivados de su condición de ciudadanos.

La situación entre Roma y los aliados se tensó tras la propuesta efectuada durante el tribunado de Graco en el 123 a.C. Su proposición de ley consistía en otorgar la ciudadanía romana a los ciudadanos latinos y el derecho latino a los aliados. Esta fue rechazada tras la intervención del cónsul Fannio, y el Senado determinó la expulsión de la ciudad de Roma a todos los ciudadanos no romanos.

Las reformas de Livio Druso

Unos años más tarde, en el 91 a.C, aparecería la figura de Livio Druso, tribuno de la plebe desde el 92 a.C., quien promovió una propuesta de ley para conceder la ciudadanía romana a todos los aliados itálicos. Livio conocía bien las aspiraciones itálicas, en especial por los marsos, dirigidos por Popedio Silón, amigo personal del tribuno.

La propuesta fue recibida con un enorme rechazo por las élites senatoriales, agrupando su oposición en torno al cónsul Lucio Marco Filipo, y sus reformas fueron rechazadas. Además, Druso fue asesinado en su propio hogar a finales de año.

Reacción itálica, Ásculo y el estallido de la guerra

Ante el fallo de las vías legales, muchos itálicos empezaron a vislumbrar la posibilidad de la guerra como solución a su problema. El detonante de esta se produjo en Ásculo, cuando el pretor del año 91, Quinto Servilio Cepión, que estaba allí destinado, fue asesinado junto a su legatus por Popedio Silón, y, tras ello, la ciudad cerró sus puertas y asesinó a todos los ciudadanos romanos que se encontraban en ella.

Los bandos enfrentados

El bando itálico disponía de dos grandes frentes, el septentrional, encabezado por los marsos, y el meridional, en torno a los samnitas. A nivel interno, imitaron el modelo romano, con dos cónsules, doce pretores, y su propio Senado. Esos cónsules serían los principales líderes durante la contienda: Quinto Popedio por parte de los marsos, y Cayo Papio Mutilo en el bando samnita.

Militarmente, los itálicos poseían fuerzas importantes, pues  Roma había invertido muchos recursos en la militarización del territorio itálico, y sus comunidades estaban familiarizadas con las armas y tácticas romanas. Incluso desarrollaron un sistema monetario propio, que incluía la acuñación de nuevas monedas, como aquellas en las que se representaba al toro samnita corneando a la loba romana.

Por su parte, el ejército romano en liza lo conformaron reclutados en Hispania, Galia, Sicilia o África, las provincias del imperio más romanizadas. Según Apiano, los ejércitos enfrentados presentaban fuerzas similares, que superaban ligeramente los 100.000 efectivos.

Fase inicial de la guerra (91-90)

Durante el año 91 no hubo demasiados enfrentamientos, únicamente se movilizaron las tropas. Fue ya en el año 90 cuando se produjeron grandes avances: los marsos derrotaron al ejército del cónsul Rutilio Lupo, muerto en batalla, mientras, en el frente meridional, los samnitas también lograron algunas victorias frente al otro cónsul romano en liza, Lucio Julio César.

Estas victorias parciales tuvieron consecuencias inmediatas. Varias ciudades  neutrales se unieron a la causa rebelde, especialmente en Lucania y Campania. De momento, las zonas norteñas de Etruria y Umbría permanecían neutrales, pero la amenaza de su posible sublevación causaba temor entre los romanos.

Por ello, el Estado romano decidió proclamar, de mano del cónsul Julio César, la “lex Iulia de civitate”, que concedía la ciudadanía a los aliados que no se hubieran sublevado ante Roma, logrando asegurarse la neutralidad de los territorios del Norte y creando un foco de discordia entre los sublevados, que veían una salida al conflicto.

El final de la guerra (89-88)

El movimiento insurreccional empezó a tambalearse tras la concesión de la ciudadanía, y los mermados sublevados restantes trataron de realizar una campaña rápida y agresiva, que pretendía liberar el sitio de Ásculo y marchar posteriormente hasta Umbría. Sin embargo, el ahora cónsul Estrabón frenó su avance, y más tarde conseguiría finalmente tomar Ásculo, foco inicial de la revuelta.

Mientras, al sur, Sila, el futuro dictador, consiguió recuperar las ciudades itálicas del territorio de Campania, para posteriormente acorralar en sus bastiones a los samnitas, últimos resistentes del conflicto.

Aunque el destino de la guerra ya estaba sellado, los romanos, ante la situación existente, decidieron hacer más concesiones respecto a la ciudadanía de las que ya había hecho con la lex Iulia, decretándose otras leyes como la lex Plautia Papiria  o la lex Pompeia. La Guerra, pues, se saldó con la victoria de Roma en el campo militar, pero también con la obtención de la ciudadanía romana por parte de los aliados itálicos. Para ello, se calcula que entre 100.000 y 150.000 hombres perecieron en el campo de batalla.

Consecuencias de la Bellum Sociale

A nivel jurídico, el conflicto propició la igualación de los itálicos con los ciudadanos de Roma. Esto ofrecía grandes ventajas a los itálicos, pero también a Roma, que, por ejemplo, obtuvo un enorme incremento de individuos susceptibles de ser reclutados para las legiones debido al aumento de ciudadanos romanos.

Por otro lado, en cuanto a las instituciones, las comunidades itálicas abandonarán progresivamente sus antiguos modelos locales asumiendo el modelo municipal romano.

Autor: Christian García Ruiz para revistadehistoria.es

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BIBLIOGRAFÍA

-Roldán Hervás, José Manuel. Historia de Roma.

-Le Glay, Marcel. Grandeza y decadencia de la República romana.

-Pina Polo, Francisco. La crisis de la República (133-44 a.C.).

-Amela Valverde, Luis. El toro contra la loba. La Guerra de los Aliados (91-87 a.C.).