Arnhem 1944: cómo las divisiones Panzer SS frustraron el mayor asalto aerotransportado aliado
Cuando los primeros paracaidistas británicos descendieron sobre los campos y brezales de los Países Bajos durante la tarde del 17 de septiembre de 1944, la mayor parte de los mandos aliados estaba convencida de que la resistencia alemana en la zona sería escasa y desorganizada.
El rápido avance desde Normandía durante el verano había alimentado la impresión de que la Wehrmacht se encontraba al borde del colapso y de que un golpe audaz permitiría cruzar el Rin antes de que terminara el año. Sin embargo, la realidad era muy distinta.
En torno a Arnhem descansaban dos de las unidades más experimentadas del ejército alemán: la 9.ª División Panzer SS «Hohenstaufen» y la 10.ª División Panzer SS «Frundsberg». Aunque ambas habían sufrido graves pérdidas en Francia y estaban inmersas en un proceso de reorganización, conservaban cuadros de mando veteranos, una elevada capacidad de reacción y un notable espíritu de combate.
La presencia de estas divisiones transformó por completo el desarrollo de la Operación Market Garden y convirtió la batalla de Arnhem en una de las derrotas más importantes sufridas por las fuerzas aerotransportadas británicas durante toda la Segunda Guerra Mundial.
Las divisiones de las Waffen SS que derrotaron a los aliados en Arnhem
Pocas operaciones militares han generado tantos debates como Market Garden. Concebida por el mariscal de campo Bernard Montgomery, la ofensiva pretendía abrir un corredor de más de cien kilómetros a través de los Países Bajos, capturar una sucesión de puentes sobre los grandes ríos holandeses y penetrar en el corazón industrial de Alemania. El plan dependía de una perfecta coordinación entre las divisiones aerotransportadas que debían asegurar los puentes y el avance del XXX Cuerpo británico por una única carretera elevada. Bastaba con que uno de aquellos puentes permaneciera en manos alemanas para comprometer toda la operación.
Precisamente el puente más importante era el de Arnhem, sobre el Bajo Rin. Allí debía combatir la 1.ª División Aerotransportada británica del mayor general Roy Urquhart, reforzada días después por la 1.ª Brigada Paracaidista Independiente Polaca. El problema residía en que la inteligencia aliada había interpretado de forma insuficiente numerosos indicios que apuntaban a la presencia de importantes unidades blindadas alemanas en la región. Fotografías aéreas, informes de la resistencia neerlandesa e incluso interceptaciones de radio señalaban que elementos del II Cuerpo Panzer SS estaban concentrados alrededor de Arnhem para descansar y reorganizarse tras los durísimos combates de Normandía. Aquellas advertencias fueron consideradas exageradas o se interpretaron como la presencia de pequeños destacamentos sin capacidad ofensiva.
La realidad era mucho más peligrosa. El II Cuerpo Panzer SS, al mando del SS-Obergruppenführer Wilhelm Bittrich, había sido retirado del frente francés después de semanas de combates extremadamente intensos. Sus divisiones estaban lejos de encontrarse al completo, pero seguían contando con oficiales y suboficiales curtidos en numerosas campañas, capaces de improvisar grupos de combate y reaccionar con extraordinaria rapidez ante cualquier amenaza. Esa experiencia sería decisiva durante las primeras horas de la operación.
La Hohenstaufen y la Frundsberg: dos divisiones veteranas
La 9.ª División Panzer SS «Hohenstaufen» había sido creada en 1943 y había recibido su bautismo de fuego en el Frente Oriental antes de ser enviada a Normandía tras el desembarco aliado. Allí combatió durante semanas contra británicos y canadienses en algunos de los enfrentamientos más duros de la campaña. Las pérdidas fueron muy elevadas, especialmente entre sus vehículos blindados, pero la división mantuvo intacta buena parte de su estructura de mando. En septiembre de 1944 se encontraba desplegada principalmente en las proximidades de Arnhem, donde aprovechaba un breve período de descanso para recibir reemplazos y reparar el material disponible.
Su comandante era el SS-Brigadeführer Walter Harzer, un oficial considerado competente y con amplia experiencia táctica. Bajo su mando permanecían numerosos batallones de infantería mecanizada, unidades de reconocimiento, ingenieros, artillería y diversos carros de combate operativos. Aunque el número exacto de blindados variaba diariamente debido a las reparaciones, la división seguía siendo una fuerza muy superior a la que esperaban encontrar los británicos.
La 10.ª División Panzer SS «Frundsberg», dirigida por el SS-Brigadeführer Heinz Harmel, presentaba una situación similar. También había luchado intensamente en Normandía y había sufrido un considerable desgaste. Sus unidades estaban repartidas entre Arnhem, Dieren, Vorden y otras localidades cercanas, mientras se reorganizaban y recibían nuevo equipamiento. A pesar de ello, conservaba suficientes efectivos para constituir una amenaza inmediata. Disponía de panzergrenadiers veteranos, artillería autopropulsada, carros Panzer IV, algunos Panther y cazacarros Jagdpanzer IV, además de numerosos vehículos semioruga.
Conviene señalar que ninguna de las dos divisiones se encontraba preparada para emprender una gran ofensiva. Su misión consistía en reorganizarse antes de regresar al frente principal. Sin embargo, precisamente esa situación facilitó que miles de soldados experimentados estuvieran concentrados en una zona relativamente reducida cuando comenzó la operación aerotransportada aliada.
La reacción alemana durante las primeras horas
Uno de los aspectos más destacados de la batalla fue la rapidez con la que reaccionó el mando alemán. Mientras numerosos oficiales aliados seguían convencidos de que la sorpresa había sido total, Wilhelm Bittrich comprendió desde los primeros informes que el objetivo principal debía ser el puente de Arnhem. Sin esperar órdenes detalladas desde escalones superiores, comenzó a movilizar todas las unidades disponibles para contener el desembarco.
La primera fuerza que entró en contacto con los británicos fue el batallón de instrucción y reemplazo Panzergrenadier SS número 16, al mando del SS-Sturmbannführer Sepp Krafft. Aquella unidad no estaba concebida para combatir en primera línea, pues se dedicaba principalmente a la formación de nuevos soldados. Sin embargo, Krafft desplegó rápidamente a sus hombres en los bosques situados entre las zonas de aterrizaje y Arnhem, retrasando considerablemente el avance británico hacia el puente.
Ese retraso resultó decisivo. Cada hora ganada permitió que Harzer y Harmel reunieran más tropas, organizaran nuevos grupos de combate y bloquearan las rutas de aproximación. Cuando las columnas británicas intentaron avanzar hacia el centro urbano encontraron una resistencia creciente, formada no solo por tropas de las Waffen SS, sino también por ingenieros, artilleros, personal administrativo y soldados de reemplazo integrados en improvisados Kampfgruppen.
Entre estos grupos destacó especialmente el Kampfgruppe Spindler, organizado por el Obersturmbannführer Ludwig Spindler. Bajo su mando quedaron reunidos elementos pertenecientes a distintas unidades de la Hohenstaufen. Gracias a una extraordinaria flexibilidad táctica consiguió cerrar los accesos occidentales de Arnhem y fragmentar el avance británico en pequeños combates aislados.
Mientras tanto, otros grupos de combate, como los dirigidos por Brinkmann y Knaust, comenzaron a ocupar posiciones alrededor de la ciudad. Su objetivo consistía en impedir que los distintos batallones británicos pudieran concentrarse sobre el puente. Esa dispersión acabaría siendo uno de los principales problemas de la 1.ª División Aerotransportada.
Solo el 2.º Batallón Paracaidista del teniente coronel John Frost consiguió alcanzar el extremo norte del puente de Arnhem. Allí resistió durante varios días rodeado completamente por fuerzas alemanas cada vez más numerosas.
La reacción alemana sorprendió incluso a muchos de sus propios protagonistas. Numerosos testimonios posteriores reconocieron que el éxito inicial se debió menos a la existencia de un plan previo que a la capacidad de improvisación de oficiales veteranos acostumbrados a tomar decisiones rápidas en situaciones extremadamente complejas.
La batalla por Arnhem
Durante los días siguientes la lucha adquirió una intensidad extraordinaria. Las Waffen SS fueron incrementando progresivamente la presión sobre las posiciones británicas mediante ataques coordinados de infantería, blindados, artillería y armas anticarro. El empleo combinado de estos medios permitió aislar completamente el perímetro defendido por John Frost junto al puente.
Los combates urbanos resultaron especialmente violentos. Cada edificio era defendido habitación por habitación mientras los carros de combate alemanes disparaban a muy corta distancia contra las casas ocupadas por los paracaidistas. Las armas anticarro británicas, especialmente los cañones de seis libras y los lanzadores PIAT, lograron destruir varios vehículos enemigos, pero la superioridad material alemana terminaba imponiéndose.
Mientras tanto, el resto de la división británica intentaba abrirse paso desde Oosterbeek hacia Arnhem sin éxito. Cada intento chocaba contra nuevas posiciones organizadas por los Kampfgruppen de la Hohenstaufen y la Frundsberg. Las comunicaciones británicas, gravemente afectadas por problemas técnicos desde el inicio de la operación, dificultaban todavía más la coordinación de los ataques.
Bittrich demostró además una notable habilidad para emplear las reservas disponibles. En lugar de lanzar grandes ataques frontales, fue reforzando sucesivamente los sectores donde aparecían nuevas amenazas. Esa capacidad para redistribuir fuerzas permitió mantener la iniciativa durante toda la batalla.
El 21 de septiembre llegaron finalmente los primeros elementos de la brigada paracaidista polaca al sur del Rin. Sin embargo, la falta de embarcaciones suficientes y el intenso fuego alemán impidieron que cruzaran el río en número suficiente para modificar el equilibrio de fuerzas.
Durante esos mismos días el XXX Cuerpo británico continuaba avanzando lentamente desde Eindhoven y Nimega. Aunque consiguió superar numerosos obstáculos, nunca pudo alcanzar Arnhem antes del colapso definitivo de la resistencia británica al norte del río.
El 21 de septiembre las últimas posiciones defendidas por John Frost fueron finalmente sobrepasadas tras agotar prácticamente toda la munición disponible. Los supervivientes fueron hechos prisioneros después de cuatro días de combate continuo.
En Oosterbeek, Roy Urquhart organizó un perímetro defensivo cada vez más reducido alrededor del río. Allí resistieron miles de paracaidistas británicos bajo constantes bombardeos de artillería y morteros mientras esperaban un rescate que nunca llegó.
Finalmente, durante la noche del 25 al 26 de septiembre, los restos de la división fueron evacuados al otro lado del Rin en la Operación Berlin. De los más de diez mil hombres lanzados inicialmente sobre Arnhem, únicamente unos dos mil cuatrocientos lograron regresar a las líneas aliadas.
La victoria alemana no fue consecuencia exclusiva de la presencia de las Waffen SS, pero resulta imposible comprender el desenlace sin analizar su actuación. La rapidez con la que reaccionaron, la experiencia acumulada por sus oficiales, la flexibilidad organizativa de los Kampfgruppen y la utilización coordinada de blindados, artillería e infantería permitieron neutralizar una operación cuya planificación dependía de una velocidad que nunca llegó a alcanzarse.
Las dos divisiones Panzer SS también sufrieron pérdidas importantes. Muchos de sus oficiales veteranos murieron durante los combates y numerosos vehículos quedaron destruidos. Sin embargo, lograron conservar el control de Arnhem y frustrar el objetivo estratégico aliado de cruzar el Bajo Rin antes del invierno.
La batalla puso igualmente de manifiesto las limitaciones de la inteligencia aliada. La existencia del II Cuerpo Panzer SS era conocida por algunos analistas, pero la información no fue valorada con la importancia que merecía. Esa infravaloración condicionó la elección de las zonas de aterrizaje, la estimación de la resistencia esperada y la planificación general de la operación.
Arnhem representa también un ejemplo clásico de cómo unas unidades aparentemente desgastadas pueden conservar una elevada capacidad de combate cuando mantienen cuadros de mando experimentados. Aunque la Hohenstaufen y la Frundsberg estaban lejos de su máxima potencia teórica, su estructura profesional seguía siendo suficiente para organizar una defensa eficaz frente a una operación aerotransportada extremadamente ambiciosa.
La derrota aliada en Arnhem retrasó durante varios meses la entrada en Alemania por el norte y obligó a replantear la estrategia sobre el Frente Occidental. La guerra continuaría durante más de siete meses hasta la capitulación alemana en mayo de 1945, mientras la imagen del puente de Arnhem pasaba a simbolizar tanto el extraordinario valor de los paracaidistas británicos como la capacidad de reacción de unas divisiones alemanas que, pese al desgaste acumulado durante años de guerra, todavía eran capaces de alterar el curso de una gran campaña militar.
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