Andalucía y el Imperio romano de Oriente

Síguenos en Instagram: @revistadehistoria.es

Tiempo de lectura: 4 minutos

Afirmaba en sus escritos el gran Blas Infante que la singularidad cultural de Andalucía era herencia, sobre todo, de tres etapas de nuestro pasado: Tartesos proto-histórica, Bética romana y Al-Andalus musulmana. Éstos fueron, de acuerdo a la concepción histórica del Padre de la Patria Andaluza ( y creo que sería muy difícil argumentar lo contrario ), los tres momentos culminantes del devenir de nuestra tierra.

Pero ello no es óbice para que tengamos en cuenta otras influencias y una de ellas, muy olvidada por las  causas que en este artículo me he propuesto explicar y, en términos relativos, breve en el tiempo, pero importante al fin, tal vez bastante más de lo que a priori podríamos suponer, es la de Bizancio.


Si nos lees desde un móvil o Tablet y te apetece leer el artículo más tarde puedes guárdatelo en PDF y leerlo cuando te plazca haciendo click Aquí

Andalucía y el Imperio romano de Oriente

El dominio bizantino en Andalucía y Murcia fue consecuencia de las campañas militares del emperador Justiniano I, en su intento por reconstruir el antiguo Imperio Romano. Al parecer, un cuerpo expedicionario desembarcó en Cartagena en el año 552 ó 553, ocupando con rapidez las antiguas provincias Cartaginiense y Bética, actuales Murcia y Andalucía. Aunque los reyes visigodos intentaron expulsar a las tropas imperiales de la Península, no lo consiguieron del todo hasta las campañas de Suintila, en la tercera década del siglo VII. En total, la autoridad de Constantinopla en nuestra tierra se mantuvo durante algo más de 70 años, y de su importancia dan fe la creación de una Provincia del Imperio e incluso de un Patriarcado eclesiástico, ambos  con sede en Carthago Spartaria, nombre que dieron a Cartagena.  Además de ésta, Gades ( Cádiz ), Malacca ( Málaga ), Asidonia ( Medina-Sidonia ) o Basti ( Baza ) fueron, entre otros, enclaves imperiales de gran importancia, tanto económica como estratégica.

Los restos materiales que testimonian esta etapa son escasos. Dos de los más notables, aunque ambos muy discutidos, se encuentran, por citar algún ejemplo, dentro de los límites de la actual provincia de Granada. Me refiero a la Noria de la Huerta de Caniles y, sobre todo, al Baptisterio de Las Gabias, donde hasta las inscripciones en griego y la decoración parecen apuntar a tal origen. Sin embargo, en el primer caso, se especula con la posibilidad de que, en lugar de bizantinos, estos restos arqueológicos pudieran ser de origen romano, visigodo o incluso musulmán. En el segundo, algunos especialistas sugieren que pudiese formar parte de una villa tardo-romana del siglo IV y no de un enclave bizantino de los siglos VI o VII.

Varias son las razones de la escasa relevancia que hasta ahora se ha concedido a la etapa de dominio bizantino en Andalucía, sus posibles vestigios materiales y su herencia cultural. Entre otras: la relativa brevedad del período, en términos históricos; el carácter borroso y confuso de la línea que separa la época bizantina de la tardo-romana, tanto respecto a la arqueología como a la historiografía; la tendencia de las guarniciones imperiales a la reutilización de los edificios tardo-romanos, por otra parte en coherencia con lo que, en términos actuales, podríamos llamar su ideología, en virtud de la cual Bizancio se reclamaba heredera legítima del prestigio, poder y autoridad de la antigua Roma, llamando de forma oficial a su propio estado con el pretencioso y a la vez significativo nombre de Imperio Romano de Oriente. Por último, la práctica ejercida de manera sistemática por los reyes visigodos, enemigos acérrimos de Bizancio, consistente en demoler por completo e incendiar las que alguna vez habían sido sus ciudades y fortalezas, como ejemplar escarmiento hacia la población hispano-romana de la época, que, al parecer, había prestado un tibio apoyo a los soldados imperiales, y para enfado y frustración de quienes hoy se han consagrado al Medievalismo y la Arqueología.

Pero Bizancio añadió algunos elementos en absoluto desdeñables al riquísimo acervo cultural de nuestra tierra. Sin su influencia, directa o indirecta, es difícil creer que San Isidoro de Sevilla hubiera redactado Las Etimologías, cuya deuda  hacia el estilo, la cultura y los saberes de Constantinopla es tan  obvia como notable.  O tal vez, incluso, que el Arco de Herradura, que aparece por primera vez en algunas iglesias de la entonces provincia bizantina de Siria, acabase convirtiéndose, con el devenir de los siglos, en emblemático de Andalucía, embelleciendo todavía más, si cabe, la Mezquita cordobesa o nuestra maravillosa Alhambra.

Autor: Juan José Plasencia Peña para revistadehistoria.es

¿Eres Historiador y quieres colaborar con revistadehistoria.es? Haz Click Aquí


Si nos lees desde un móvil o Tablet y te apetece leer el artículo más tarde puedes guárdatelo en PDF y leerlo cuando te plazca haciendo click Aquí

¿Nos invitas a un café?

Si quieres donar el importe de un café y “Adoptar un Historiador”, incluiremos tu nombre como agradecimiento en calidad de mecenas en un Artículo Histórico, puedes hacerlo Aquí:




También puedes apoyarnos compartiendo este artículo en las redes sociales o dándote de alta en nuestro selecto boletín gratuito:

Déjanos tu Email y te avisaremos cuando haya un nuevo Artículo Histórico

Bibliografía:

MARTÍNEZ FELDEN, F.: La conquista bizantina de Hispania 533 – 625. Editorial Almena. Madrid, 2013.

NORWICH, J.J.: Byzantium: The Early Centuries. Random House. Londres, 1988.

SALVADOR OYONATE, J. A.: La Bastitania romana y visigoda. Arqueología e Historia de un territorio. Universidad de Granada. Granada, 2011.

SOTO CHICA, J.: Imperios y bárbaros. Desperta Ferro Ediciones. Madrid, 2019.

VALLEJO GIRVÉS, M.: Hispania y Bizancio. Una relación desconocida. Editorial Akal. Barcelona, 2012.