Alí Bey el-Abbassí el espía español en Marruecos

Aunque su nombre real era Domingo Badía y Leblich, nacido en Barcelona y administrador del monopolio real de Tabacos de Córdoba, pasó a la historia como Alí Bey el-Abbassí. Fue el primer europeo en pisar La Meca en un tiempo en que los lugares santos del Islam estaban vetados a los infieles, y viajó por Marruecos, Libia, Egipto, Chipre, Arabia, Palestina, Siria y Turquía.

Espía para España a las órdenes Carlos IV y Godoy primero, y para Francia con Luis XVIII posteriormente, fue declarado traidor por Fernando VII. Su pista desapareció en Damasco mientras se encontraba en misión secreta, donde se cree que fue eliminado por agentes británicos.

Alí Bey el-Abbassí
Alí Bey el-Abbassí, La Meca

Alí Bey el-Abbassí, al servicio secreto de Su Majestad

Las aspiraciones de Domingo Badía eran científicas. Estamos en la época de las grandes expediciones a cargo de aventureros como James Cook, Alexander von Humboldt, Mungo Park y, algo después, Charles Darwin, Richard Francis Burton, David Livingstone…
Alí Bey el-Abbassí
Alí Bey el-Abbassí

Aunque nacido en Barcelona en 1766, de niño se mudó con sus padres a Cuevas de Almanzora (provincia de Almería) donde, imbuido del ambiente andalusí, comenzó a interesarse por el mundo musulmán. Al casarse se mudó a Córdoba, donde estudió árabe y ocupó una plaza de funcionario.

Pero su sueño era viajar, conocer la cultura islámica desde dentro, y escribir una gran obra para darla a conocer al mundo. O a Europa, mejor dicho.

Así que en 1801 se fue a la corte, donde presentó a Manuel Godoy, valido de Carlos IV, su Plan de viaje al África con objetos políticos y científicos. Godoy vio en esta propuesta una ocasión de oro para su estrategia de expansión política y económica en el norte de África y Oriente Medio, así que propuso a Badía algo como contrapartida.

Alí Bey el-Abbassí, la misión y la tapadera

El primer ministro ofreció a Badía financiación a cambio de llevar a cabo una misión en la corte de Muley Suleimán, sultán de Marruecos. Debía convencerle de aceptar la protección de España y, si éste se negaba, instigar una sublevación de las tribus contra el sultán para que el rey de España tuviese un pretexto para intervenir y, ya de paso, invadir Marruecos.

Y Badía, viendo que era la única oportunidad que tendría de obtener financiación para sus viajes, aceptó. Y, ya que vamos a hacerlo, hagámoslo bien. Él sabía, estudioso como había sido del mundo árabe, que si ningún europeo había podido realizar un viaje así era porque no habían sido capaces de pasar desapercibidos, de mezclarse entre los nativos.

Alí Bey el-Abbassí, Lámina realizada por Alí Bey
Alí Bey el-Abbassí, Lámina realizada por Alí Bey

Así que se creó una tapadera, y lo hizo bien. Hizo un viaje a Londres para comprar instrumental científico y donde se dirigió a la Royal Society para contactar con otros exploradores que habían viajado por el continente africano con el fin de recabar información. Allí se hizo circuncidar.

Tomó el nombre de Alí Bey el-Abbassí, hijo de Othman Bey, un gran señor musulmán educado en Europa, y falsificó documentos y genealogías, redactados en árabe antiguo, donde se demostraba que descendía nada menos que de los abasíes y, por tanto, de uno de los tíos del profeta Mahoma.

Y así, vestido de gran señor árabe, se presentó en la corte de Muley Suleimán.

Alí Bey el-Abbassí, las intenciones del sultán

A la vista saltaba que la financiación de Godoy había sido generosa. Cuando el espía, en 1803, se entrevistó por primera vez con el sultán marroquí en Tánger le entregó como obsequio

veinte fusiles ingleses con sus bayonetas; dos mosquetes de grueso calibre; quince pares de pistolas inglesas; algunos millares de piedras de chispa; dos sacos de perdigones para cazar; un arnés completo de cazador; un barril de la mejor pólvora inglesa; diferentes piezas de ricas muselinas unidas y bordadas; algunas frioleras de joyería; un hermoso quitasol; confituras y esencias.

Le mostró también los instrumentos científicos que llevaba y le enseñó su funcionamiento. Esto reforzó su tapadera y favoreció la confianza del sultán, que pronto le consideró como un hermano, haciendo también amistad con el primer ministro del sultán y el general de la guardia imperial. El plan de Godoy no podía empezar mejor.

Alí Bey el-Abbassí
Alí Bey el-Abbassí

La relación entre Alí Bey y Suleimán se fue haciendo más estrecha, y sólo cinco meses después de su llegada el sultán le regaló a Alí Bey una finca de recreo en Marrakech. Éste, viendo la ocasión favorable, se decidió a tantearle, hablándole de lo beneficioso que sería una alianza comercial y política con España.

Y la sorpresa fue que, lejos de mostrarse favorable, el sultán le confió sus intenciones de declararle la guerra a España tan pronto como tuviera controladas las tribus levantiscas de la región del Atlas para recuperar los antiguos territorios del Islam. Incluso le pidió que se uniera a él para reconquistar al-Andalus. Así de lejos había llegado su relación de confianza.

Alí Bey el-Abbassí, incitando a la sublevación

Como ya había quedado claro que su primer objetivo era absolutamente imposible, decidió poner manos a la obra con el segundo, y comenzó a intrigar para incitar a una sublevación.

Alí Bey mantuvo reuniones con Sidi Hescham, un jeque opositor al sultán, y algunos de los jefes tribales que lo apoyaban, prometiendo a Hescham el apoyo de España si se decidía a sublevarse y a ocupar el poder que en esos momentos ostentaba el alauí.

Alí Bey el-Abbassí
Alí Bey el-Abbassí

Ni que decir tiene que el jerife quedó encantado de la vida, y que prometió la cesión del reino de Fez (es decir, Tánger, Tetuán, Larache, Arcilla y Salé, una región bastante rica). Así que, todos de acuerdo, Alí Bey puso el plan en marcha y pidió el apoyo necesario a España.

Desde luego, los preparativos dejan ver que la cosa iba en serio. Diez mil hombres dispuestos en Ceuta (para llamar la atención del sultán hacia aquella parte, distrayéndolo) y un buen número de embarcaciones en Tánger, Algeciras, Sanlúcar y Cádiz. Además se pondría a disposición del jerife:

veinticuatro artilleros con dos oficiales, tres ingenieros y dos minadores, algunos cirujanos con sus instrumentos y medicinas, algunos cañones de campaña con sus cureñas, dos mil fusiles y municiones, cuatro mil bayonetas y mil pares de pistolas.

El caso es que, en julio de 1804, con todo preparado y con el levantamiento ya a punto de realizarse, Carlos IV paraliza la operación, que queda abortada. En sus Memorias, Manuel Godoy achaca esta decisión a los escrúpulos morales del monarca. Pero claro, tratándose de Carlos IV no se puede decir que Godoy fuera precisamente imparcial.

Alí Bey el-Abbassí, salida de Marruecos

Meses después España y Francia entrarían en guerra (de nuevo) con Inglaterra. Pese al embargo marítimo que Napoleón impuso a Inglaterra, ésta seguía abasteciéndose a través de los puertos marroquíes, así que Carlos IV quiso volver a poner el plan en marcha.

Alí Bey el-Abbassí
Alí Bey el-Abbassí

Pero la ocasión ya había pasado. Alí Bey había empezado a despertar sospechas en la corte de Muley Suleimán, que pensaba que era un espía… ¡de algún reino oriental! Tan bien había hecho Badía su papel de Alí Bey que nadie podía pensar que era un agente al servicio de España.

Además, Badía estaba hastiado de la situación, y decidió que era momento de continuar su expedición tal como la había planeado originalmente. Así que dejó Marruecos el 30 de mayo de 1805.

Alí Bey el-Abbassí, peregrinación a La Meca

Y comenzó su soñado viaje por los países islámicos. Desde este momento cortó la comunicación con Godoy y Carlos IV y se dedicó a redactar su cuaderno de viajes y a dibujar preciosas láminas de los sitios que visitaba, dejando constancia sobretodo de las costumbres de cada lugar.

Alí Bey el-Abbassí
Alí Bey el-Abbassí

Viajó así por Marruecos, Libia, Egipto, Chipre y Arabia, donde visitó La Meca, realizando el ritual completo del Hajj. Badía fue el primer europeo en visitar los lugares santos del Islam que, al margen de la protección de su disfraz, fue un auténtico ejercicio de valor. De ser descubierto habría pagado con su vida.

Esta es sin duda la parte más bonita de la expedición de Badía, aunque no me detendré en ella porque en este apunte pretendía centrarme más en su faceta política. Si te interesa (y te aseguro que merece la pena), al final de la entrada dejaré un enlace al libro que publicó sobre sus viajes, y que se puede leer gratuitamente en Google Books.

Desgraciadamente, tuvo que salir huyendo de Constantinopla cuando uno de los esclavos a su cargo le denunció como cristiano.

Alí Bey el-Abbassí, colaboracionismo

En mayo de 1808 Badía regresa a ver a Carlos IV, pero claro está, tiene que ir a verlo a Bayona. Ya sabes cómo estaba el percal por España en aquellos días. Habló de sus viajes con el Borbón y le enseñó sus notas, láminas y mapas, y se puso a su disposición para cualquier nueva tarea que le quisiera encomendar.

Y Carlos IV, fiel a su idiosincrasia, le recomendó que cualquier proyecto se lo propusiera al Emperador, que él sólo pasaba por allí y tal (aquí estoy en modo irónico, si conoces las figuras históricas de Carlos IV y Fernando VII y todo lo que pasó en aquellos años sabrás perdonarme mi falta de objetividad).

Así que se pone a las órdenes de Napoleón, quien lo manda de vuelta a España recomendado a José I. En este punto ocupa varios altos cargos y cumplió como un auténtico ilustrado.

Como prefecto de Córdoba modernizó la ciudad en muy poco tiempo, construyó tres cementerios, estableció el servicio de recogida de basuras y trazó el primer plano de la ciudad. Lamentablemente, cuando José Bonaparte huyó Francia Badía tuvo que exiliarse con él, como tantos otros afrancesados.

Nunca pudo regresar a España. Más tarde le pidió el perdón a Fernando VII, pero nunca le contestó.

Sin embargo allí le va bastante bien. Publicó su libro más un atlas con sus láminas y mapas (Atlas des Voyages d’Ali Bey), que fueron un éxito rotundo, le nombraron mariscal y recibió la Orden de la Flor de Lis. Como siempre, los grandes personajes españoles han de ser repudiados aquí y reconocidos fuera.

Alí Bey el-Abbassí, el final

Pero esta tampoco es la vida que le gusta a Badía y vuelve a presentar un plan de exploración, esta vez a Luis XVIII (estamos en 1815 y Napoleón II ya ha caído), que lo acepta con la intención de establecer una ruta terrestre a la India desde el Mediterráneo.

Esta vez Badía utiliza el alias de Othman Bey, supuesto padre de Alí Bey, ya que éste último nombre se había hecho ya demasiado conocido. Así que vuelve a partir de viaje.

Aunque ya nunca regresó. Las últimas noticias conocidas de Othman Bey es que se encontraba en Damasco preparando su segunda peregrinación a La Meca, ciudad a la que nunca llegó.

Su final está envuelto en el misterio, aunque la tesis más aceptada por aquellas fechas es que murió asesinado por cuenta de agentes británicos, conocedores de su misión para el gobierno francés. Lo que sí está claro es que pocos días antes de su muerte escribió una carta al cónsul francés en Damasco en la que informaba de que habían tratado de envenenarle.

Alí Bey el-Abbassí
Alí Bey el-Abbassí, Roger Mimó junto a la tumba de Alí Bey, en Qelat Daba

Su cuerpo se encuentra enterrado en el desierto de Jordania, junto al fortín de Qelat Daba. La verdadera identidad de Alí Bey no se dio a conocer hasta 1836, fecha en que se publicó la edición española de su libro de viajes.

En lo personal y saliendo de lo meramente académico, creo que Alí Bey (lo llamo así porque después del regreso de su primer viaje siguió usando ese nombre y vistiendo al estilo árabe, así que creo que sentía predilección por su alter ego mahometano) creo decía que sinceramente tenía intereses científicos y que realmente estaba imbuido del espíritu ilustrado de la época, y que el lado más político de la empresa fue sólo algo necesario para obtener la financiación de Godoy.

Si tienes ocasión te recomiendo leer el libro que escribió sobre sus viajes y que eches un vistazo a las bellísimas láminas que dibujó durante sus expediciones, no tienen desperdicio. Su libro lo puedes leer gratuitamente en Google Books a través de este enlace, aunque ahí es algo incómodo hacerlo. También puedes encontrar aquí la edición de Roger Mimó en tres tomos que incluye las láminas y los mapas de la versión original. Una auténtica joya bibliográfica.

Autor: Enrique Ros para revistadehistoria.es desde http://www.apuntesdehistoria.tk/

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