Alfonso X y el Renacimiento del siglo XIII

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A mediados del siglo XIII en Europa nos encontramos en un tiempo en el que la gente aún tenía como referentes principales a su párroco, al abad del convento, al conde o al marqués de turno, y un territorio más o menos limitado que podía abarcar al pueblo, la ciudad o como mucho la comarca. Pero existía una tendencia  de concentración y centralización en la mayor parte de los reinos europeos en la que ya se vislumbraba otra estructura, mucho más vasta y más definida, con sus fronteras y sus emblemas.

Era el brote lo que algún día serían los estados-nación europeos.  En estos ancestrales conatos de estados-nación, hubo reyes que entendieron que el cristianismo y la guerra no eran las únicas herramientas para aunar territorios y someter a la gente. Incluso alguno llegó tan lejos que pensó que si fomentaba la cultura, ésta se convertiría en enseña de su reinado y crearían una identidad común.

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Que si escribían la historia, esta sería su historia, y si homogeneizaban leyes, lenguas, etc. sus súbditos, a todo lo ancho y alto de sus territorios, acabarían teniendo muchas cosas en común. Alguno de los monarcas que llevaron a cabo este tipo de proyectos en el siglo XIII fueron el francés Luis IX o el emperador alemán Federico II. Y uno de los más destacados, y de los que más lejos llegó y más se involucró personalmente en este tipo de empresas culturales fue Alfonso X de Castilla, que no por casualidad se le conoce por El Sabio.

Alfonso X
Alfonso X

Alfonso X y el Renacimiento del siglo XIII

En el reinado de Alfonso X se produjo una de las mayores irradiaciones culturales de toda la Edad Media europea, y no es ninguna exageración. Lo que ocurre es que esto no sucedió en Francia, sino hubiéramos oído hablar de Alfonso X hasta la saciedad. Y la trascendencia de sus proyectos culturales difícilmente se habría producido a esa escala si no hubiera existido el aglutinante de las ciudades conquistadas a Al-Ándalus por él mismo o sus antecesores. Ambientes con gentes venidas de muchos lugares, capaces de hacer y pensar cosas muy diferentes, dinamismo, riqueza y una corte empeñada en fomentar la cultura.

Normalmente se ha vinculado la obra cultural alfonsí  con la Escuela de Traductores de Toledo, pero en realidad  la actividad cultural del reino no estaba centralizada en Toledo. Y la mencionada escuela ni siquiera fue fundada por este rey, sino que se remonta al siglo anterior. Resulta que había otros dos focos importantes, uno era la ciudad de Murcia y sus escuelas, y el otro era Sevilla. Esta última era sede habitual  de la corte, lo cual ya hubiera implicado actividad cultural, y además allí se creó una Escuela General de latín y arábigo.

Alfonso X
Estatua de Alfonso X, «Alfonso X el Sabio (José Alcoverro) 02» de Luis García.

Europa se encontraba muy por detrás de la cultura islámica, y esto de las escuelas de traductores era una forma de acceder a los libros árabes e intentar ponerse a su altura, saber qué habían dicho y hecho en las diferentes materias para seguir haciendo a partir de ahí. En la Península Ibérica partíamos con cierta ventaja, pues se podía acceder de primera mano a las obras árabes, y se podía contar con judíos y moros como traductores excepcionales. Hay que decir que los judíos sefardíes, es decir, los hispánicos, habían desarrollado una cultura que el Judaísmo considera una de sus cumbres, y de eso pudo aprovecharse Alfonso X y sus locas ideas.

Pero no es que la labor cultural de estos años  se limitara a la mera traducción de libros del árabe y hebreo al latín o al castellano. Mejor nos vamos olvidando de la imagen estereotipada de una oscura y zafia Edad Media en la que, como mucho, había unos pocos monjes copiando como locos obras  griegas para que los listillos del renacimiento, siglos después,  pudieran leerlo. La Edad Media tuvo también sus momentos de esplendor cultural, y sin las cosas que hicieron gente como Alfonso X y sus muchos secuaces no hubiera existido eso que luego se llamó Renacimiento.  Por ser un poco más concretos, Alfonso X impulsó la creación de obras que serían referentes y avances fundamentales en campos tan diversos como la Historia: con sus Estoria General de España y la Crónica General; en la legislación: El Espéculo o Las Siete Partidas; en la Astronomía: Las Tablas alfonsíes; y desde luego en las artes, como la poesía, la ilustración y la música con la obra única y monumental que son Las Cántigas de Santa María.

Sello de Alfonso X
Sello de Alfonso X

Estas Cántigas, que son una colección de poemas con música sobre la Virgen María, suponen uno de los monumentos musicales más importantes de la historia europea y una obra fundamental para entender  la música medieval. Así de contundente y de claro. Pero es que además son una obra poética de primer orden.  Y encima van acompañadas de miniaturas, ilustraciones, que además de bellísimas, sirven de fuente de conocimiento de aquel momento, porque describen la corte, formas de vestir, instrumentos, costumbres y ciudades.

Las Cántigas se escribieron en galaico-portugués, que era el idioma poético-musical del momento, algo así como ocurre ahora con el inglés en el pop y el rock.

Pero el resto de las obras de Alfonso X se escribieron en castellano, y no en latín como era lo normal por aquel entonces.  Y señalo esto porque da una idea de la visión de estado y nacionalista por anticipado del rey. El resultado fue que consiguió afianzar el castellano, que pasó de ser el latín deformado en el que hablaba el pueblo, a ser un idioma nacional, la lengua de un estado que estaba naciendo y, por lo tanto, un nuevo manto de control  y unificación que, a cierto nivel, igualaba los viejos territorios dónde surgiera la lengua, allá por La Rioja y el norte de Castilla, con Toledo y Castilla la Nueva y también con Sevilla y los nuevos territorios en Andalucía.

Autor: José María Maesa para revistadehistoria.es desde http://insensateces-de-un-exiliado-cronico.blogspot.com.es

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Bibliografía:

Alfonso X el Sabio. Manuel González Jiménez.

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