La aceña bajomedieval de Alcolea del Río

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Transitando por los municipios de la Vega del río Guadalquivir hallamos incalculables testimonios históricos, huellas de culturas que han transitado por ella desde antiguo y un cúmulo de intensas sensaciones en el interior de un paraje encantador que no deja indiferente al visitante. Un ejemplo de ello lo encontramos en el municipio sevillano de Alcolea del Río y su espectacular molino de harina y batán ubicado en el margen derecho del Guadalquivir, frente a la desembocadura del río Corbones.

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La aceña bajomedieval de Alcolea del Río

Conocido popularmente como el molino de la Aceña también aparece en la documentación del siglo XVIII como las aceñas y batanes de Saldaña. Su origen es de época árabe, ubicado en pleno cauce del río Guadalquivir en su tramo entre Córdoba y Sevilla. En la edificación actual, llevada a cabo entre los años 1485 y 1499 sobre los restos de una posible primera construcción del siglo XI, intervinieron alarifes mudéjares que dejaron la impronta de su trabajo en el estilo arquitectónico del conjunto al igual que lo hicieron en otras edificaciones de la localidad como es el caso de la iglesia de San Juan Bautísta.

Se compone de tres estructuras edificadas mediante sólidos sillares de piedra y ladrillo. Los molinos tienen planta poligonal y el batán rectangular. En su interior destacan como elementos constructivos las bóvedas de medio cañón, una de ellas nervada en forma de estrella. En el exterior la cubierta del batán en forma de quilla de barco invertida y robustos contrafuertes.

Los molinos que se conservan en la actualidad estuvieron en funcionamiento desde la Baja Edad Media hasta mediados del siglo XX cuando sufrieron los terribles efectos de la Guerra Civil Española. En la Baja Edad Media su explotación suponía una importante fuente de ingresos para el monopolio del señorío de la orden de San Juan.

En 1553 estaba arrendado a Cristóbal Díez y al mariscal Diego Caballero, enterrado en la Catedral de Sevilla. En 1593 fue arrendado por  doña Juana Velázquez y don Enrique Guzmán, el conde de Olivares, quien lo mantendrá hasta principios del siglo XVII gracias a la compra de las alcabalas de Alcolea del Río a la corona arrendando la explotación a otros contratantes en permuta. En el siglo XVIII pasa a ser propiedad de la fábrica del Sacramento en la ciudad de Lugo.

Desde la plataforma de los molinos podemos observar el majestuoso cauce del Guadalquivir por el que han navegado culturas universales a lo largo del tiempo, como atestiguan los escasos restos arqueológicos de la ciudad romana de Canama, población que existía a comienzos del siglo III a.C., la iglesia mudéjar de San Juan Bautista, sobre una edificación posterior, o parte del entramado urbano que vislumbra el pasado árabe del municipio, llamado Al-Qulaya, y su utilización como importante enclave defensivo dentro del Reino de Sevilla hasta su reconquista en 1247 por los Caballeros de la Orden San Juan de Jerusalén, a las ordenes de Fernando III el Santo, en dirección a la ciudad de Sevilla en manos de los almohades que se rendirán el 23 de noviembre de 1248 después de un intenso asedio.

Alcolea, incluida en los límites territoriales de la bailía de Setefilla con Lora del Río a la cabeza política, será donada según el privilegio de 6 de marzo 1241 a los caballeros de la orden sanjuanista como premio por apoyar al monarca en la reconquista con el fin de colonizar y cristianizar el sur peninsular. Fue una villa de señorío y hacia la última década de la primera mitad del siglo XV se establecerá como encomienda por iniciativa del Prior de la misma orden obteniendo un considerable crecimiento demográfico que le permitirá tener jurisdicción propia con respecto a Lora del Río.

El sistema eclesiástico de intereses comunales para la población de Alcolea del Río desaparecerá con el proceso político liberal en el siglo XIX. Las Cortes de Cádiz desbarataron el andamiaje del Antiguo Régimen aboliendo mediante decreto los señoríos jurisdiccionales de cualquier clase y condición. El decreto fechado el 6 agosto de 1811 buscaba reforzar la centralidad del Estado frente a los pueblos y ciudades que dependían aún del clero y la nobleza en esta época.

Autor: Juan Gabriel Rodríguez Laguna para revistadehistoria.es

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Bibliografía

Del Moral Iluarte, Leandro: “La obra hidráulica en la Cuenca del Bajo Guadalquivir (siglos XVII-XX). Gestión del agua y organización del territorio”. Universidad de Sevilla. Junta de Andalucía. ISBN: 84-7405-799-X

González Carballo, José: “La orden de San Juan en Andalucía (siglos XIII-XVI), Las Encomiendas”. Editado por la Fundación en Monte, Sevilla 2002. ISBN: 84-8455-066-4.

González Jiménez, Manuel: “Fernando III el Santo. El rey que marcó el destino de España. Editado por la Fundación José Manuel Lara, Sevilla 2006. ISBN: 84-96556-38-7.

Lozano, Juan Manuel: “Un pueblo andaluz y si virgen”. Editorial Claret, Barcelona, 1986. ISBN: 84-7263-451-5.

Webgrafía

www.iaph.es

Texto y fotografías: Juan Gabriel Rodríguez Laguna

Web: https://sites.google.com/site/jgrodriguezlaguna/

Twitter: @laguna_jg

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