Jaime el barbudo (Jaume el barbut), bandolero levantino cuyo nombre real era Jaime Alfonso, fue uno de los muchos delincuentes que se unieron a la guerrilla patriótica española contra la invasión napoleónica.
No llegó a tener la fama y el prestigio del famoso El Empecinado, pero en la zona levantina, sus acciones despertaron la admiración hispana y el odio francés.
Jaime el barbudo
Jaime era un delincuente conocido en las comarcas del sur de Alicante. Había nacido en Crevillente en 1783. De familia muy humilde, pateó desde muy pequeño los montes cuidando rebaños de ovejas, pasando después a trabajar en una finca rural cercana dónde se casó y tuvo dos hijos. Allí se enfrentó a un grupo de delincuentes matando a su líder, conocido como “el Zurdo” dando así comienzo a su vida de bandolero, pues hubo de huir a los montes y sobrevivir como pudo. Tras su delito vivió en las montañas como tantos otros bandoleros, dedicándose desde entonces al pillaje y al crimen, viviendo una vida errante que se localizó entre las tierras murcianas y valencianas. Entre correría y correría habitaba en recovecos y cuevas de las sierras de Abanilla o La Pila, en Murcia, alargando su campo de acción habitual hasta las comarcas sureñas del Reino de Valencia, en el Bajo Segura.Se dice que “el barbudo” robaba a los ricos y repartía el sobrante de su botín entre las gentes más humildes de estas comarcas, lo que de paso le granjeó más y más seguidores. Durante la Guerra de la Independencia (1808-1814) actuó en partidas guerrilleras, matando a buen número de franceses. Tras el regreso de Fernando VII, continuó con su modus vivendi criminal, incapaz de adaptarse a la sociedad en la que le había tocado vivir. Se significó políticamente a favor del absolutismo de Fernando VII y al llegar el Trienio Liberal (1820-1823) apoyó a las partidas absolutistas que pretendían derribar al legítimo gobierno constitucional.
Tras la llegada de los Cien Mil hijos de San Luis y la reposición del absolutismo adquirió notable popularidad. Ello no fue óbice, sin embargo, para que acabara siendo apresado por las autoridades, siendo detenido y llevado al cadalso en Murcia en 1824, tras ser traicionado por El Ángel exterminador, una sociedad secreta de absolutistas “apostólicos” a la que parece ser que había pertenecido.
Autor: Luis Pueyo para revistadehistoria.es
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